Lothaire la cogió de los brazos, tirando de ella en su contra, ignorando el dolor de su nueva herida. Ella trato de matarse otra vez. Casi lográndolo...
—¡Déjame ir!—Ella se agitó contra su control.
Elizabeth casi lo priva de su novia codiciada, había desobedecido sus órdenes —dos veces—y lo había apuñalado.
Sin embargo, ¿ella estaba furiosa con él?
Como se seguía azotando, él apretó más hasta que un grito salió de sus labios, y se calmó.
Contrólate. Él respiró hondo. Además renunciarías a tu novia. Era demasiado fuerte para perder el
control cuando ella estaba cerca. La rabia... la locura...
Inhala. Exhala. Saroya estaba bajo su custodia, a salvo por ahora.
Desastre evitado.
Después de un momento largo, se encontró que su ira menguada, la neblina se disipo un poco. Aflojó
su agarre, pero la mantuvo cerca de él. —¿Ya terminaste?—Le espetó.
Con expresión testaruda, murmuró, —Por un hechizo.
¿Aun desafiándome? Lothaire sabía que él se equilibraba sobre el borde de la locura, y ahora se dio
cuenta de esta humana podría ya estar allí.
Pero tras su cólera, el dolor de sus heridas disminuyó, ahogado por una conciencia atroz de ella. Él
miró hacia abajo a sus ojos con sorprendente desconcierto.
La sensación era casi... hipnótica.
Ella impregnó todos sus sentidos. El cuerpo de su novia emitía un calor insoportable, mientras
temblaba en su contra. Su latido rápido de corazón era el llamado de una sirena para él, haciendo alarde de la prisa que cursaba. Una vena en su cuello pulsaba de manera incitante.
¿Dolor? Él no sentía ninguno.
Su mirada cayó sobre el sedoso cabello suelto derramado sobre sus hombros. Ondas marrones hacían que el color gris ahumado de sus ojos se destacara, enmarcados con gruesas pestañas negras.
Se había puesto más bonita en los años intermedios. Curvas. Sus caderas se redondearon seductoramente, sus pechos altos se filtraban en contra de la parte superior de ese top raído.
Se frotó la lengua sobre un colmillo al recordar la primera noche que vio a Saroya. Estaba en el bosque en un improvisado altar, cubierta de sangre bajo la luz de la luna llena.
Una mirada a ella, y su corazón se despertó de su largo sueño. Su respiración lleno sus pulmones. Su eje se puso rígido en un calor rápido, exigiendo su liberación por primera vez en milenios.
Se endureció al recordar cómo él había ido lamido la sangre de su víctima de su dulce piel mientras él mismo se acariciaba. Ella se había puesto de pie pasiva en contra de él —dándole a una mujer, la suavidad de su fuerza—cuando se estremecido y derramó su semilla sobre las hojas...
Lo que Elizabeth vio en su expresión la hizo aspirar, sus mejillas se sonrosaron. —¿Qué quieres de mí?
Sus ojos se posaron en su cuello, sus colmillos palpitaban por esa carne tierna. Tocarte. Beber de ti y que te pongas húmeda por ello...
¡No, no es ella! La lujuria lo montó con fuerza, pero nunca actuaria en consecuencia. A pesar de que Lothaire asesinaba fácilmente, aunque invariablemente actuaba sin honor, él no traicionaría a su reina.
Especialmente, no con una mortal sin valor, una mujer que normalmente estaba por debajo de su nota.
Soltó a Elizabeth, empujándola lejos de él. Lothaire solamente se saciaría con su Novia. ¿Cuando se alzara ella? Saroya le había explicado que gran parte de la posesión trabajaba en Elizabeth. Ninguna de las dos mujeres sabía lo que pensaba la otra, aunque Saroya creía que la muchacha a veces, podía sentir sus intenciones, tal como Saroya podía percibir cambios en Elizabeth.
La diosa encontraría difícil elevarse a menos que Elizabeth se debilitará de alguna manera, física o emocionalmente, o que ella durmiera.
Cuanto más durmiera, más fácilmente Saroya, podría recuperar el control del cuerpo.
Sin embargo, una vez que la chica comenzara a empujar su camino de regreso a la superficie, Saroya se vería abrumada con mareos, visión borrosa, y una sensación de movimiento dentro del cuerpo, un desplazamiento en su interior.
Lothaire le había preguntado, —¿Por qué no se puedes mantener el control?
Con ojos grises resplandecientes, Saroya había siseado, —La mortal es demasiado fuerte.
Ahora, como entonces, le horrorizaba que su Novia estuviera sujeta a los caprichos de un ser humano,
una situación muy similar a la de su madre.
¡Blyad! Si Elizabeth podía sentir las intenciones de Saroya de vez en cuando, entonces la diosa ¿no
podía detectar la presencia de su compañero?
Hasta que se levantara, él tendría que lidiar con Elizabeth. —Siéntate,—le ordenó.
Con el mentón levantado, se quedó de pie.
Sus cejas se juntaron. Tan pocos le desobedecían, especialmente no en los talones de su rabia.
Lothaire había permanecido con vida tanto tiempo usando su habilidad para predecir los
movimientos de sus adversarios. Él sabía cómo se comportarían, a menudo antes que ellos. Su vida era una partida de ajedrez sin fin, una marcha calculada que lo llevaba cada vez más al Final de su partida, de reinos confiscados y retribución entregada.
Sin embargo, esta mujer seguía demostrando ser impredecible. Cuando ella volvió la cuchilla sobre sí misma...
—Siéntate ahora. O volvere con cadenas para sentarte encadenada. Ella tragó saliva, pero no se movió.
Le pareció casi lamentable que ella se fuera tan pronto. Quebrarla sería un deporte divertido. —Muy bien. —El se trazado a uno de sus múltiples escondites, esta vez a uno estratégico en los montes Urales, para recuperar un conjunto de esposas.
Aunque los inmortales con una fuerza incalculable y habilidades rutinarias temblaban delante de él, una humana impotente que ni siquiera tenía un cuarto de siglo de vida lo desafiaba.
Impotente. Volvió a pensar en lo fácil que sería para sus enemigos matarla. ¿Por qué Elizabeth no había languidecido silenciosamente en la prisión? ¡Este rescate no pudo venir en peor momento!
Múltiples facciones —Demonarquias, Vampiros de la Horda, Valkirias, Furias, y el Lykae—lo buscaban, en busca de venganza, o, mejor aún, para matarlo. Tan pronto como descubrieran que tenía una Novia en su poder, ellos harían de Saroya su objetivo también.
Y Lothaire tenía un trono en juego. Miles de años de planeación pronto darían sus frutos —su Final de la partida, finalmente lo lograría—siempre y cuando no se distrajera en estas últimas semanas.
Él consideraba el final de la partida su amo porque únicamente le servía, no pensaba en otra cosa... No, él no permitiría que Elizabeth alterara su curso.
Regresó directamente con las esposas. La chica sólo había dado unos pasos cuando se congeló con el
tintineo. Ellie despacio se volvió hacia él, sus ojos se abrieron al ver las cadenas en sus manos.
Cuando él desaparecido, ella pensó escapar. Ahora, ella caminó hacia el sofá y se hundió en el,
suplicando por dentro, Que no me encadene, que no me encadene. —¿Me tienes miedo, humana?—Él tocó los eslabones.
¡Por supuesto que sí! Él tenía poderes sobrenaturales, acababa matar, y por alguna razón este maníaco estaba obsesionado con ella.
Pero Ellie por lo general tenía un gran sentido para las personas, y ella sospechaba que él respetaría su temple. Así que contestó con honestidad, —Correcto—ahora, estoy bastante asustada.—Su acento se había vuelto más pronunciado, un acento de montaña que se espesaba cada vez que sus emociones crecían. —Pero creo que trabajaré a través de él.
Inclinó la cabeza hacia ella, como si fuera un espectáculo que nunca había visto. Ella sabía sin lugar a dudas que pocos le habían hecho frente.
Comprensible. Todos sus movimientos deletreaban amenaza.
—¿Y le temes estas esposas?
Este demonio está jugando conmigo. —Sí, señor, lo hago. Pero no quieres encadenarme...
Él alzó las cejas. —¿No quiero?
—¿Qué pasa si Saroya despierta? Estoy segura de que se molestaría si se encuentra atada. Y no
quieres arruinar su... reunión. —Apenas podía pronunciar la palabra. ¿Qué harían juntos?
Seguramente él querría hacer el amor con su reina por fin. Porque, por alguna razón, él nunca lo había hecho antes. Ellie seguía siendo virgen. Lo que significa que Saroya nunca había tenido un amante
cuando había ganado el control.
Después de un momento interminable, Lothaire dejo caer las cadenas al suelo. Ellie no sentía la
concesión como una victoria, le parecía más una trampa con cebo.
Pero con la amenaza inmediata apartada, ella arrastró su mirada de él para inspeccionar su entorno. La habitación era varias veces más grande que el remolque entero en el que había crecido. El
mobiliario parecía rico, pero moderno, como en una de esas revistas de diseño. Las cortinas estaban corridas tan apretadas, ella no podía decir si era de día o de noche. —¿Dónde estoy?
Él cruzó los brazos sobre su amplio pecho. —Nueva York.
—Nueva York, —repitió torpemente. Ella nunca había estado fuera de Appalachia, pero siempre había querido viajar. Ahora todo era muy surrealista. —¿Por qué me has traído aquí?
—Debido a que este lugar esta místicamente protegido — es ineludible e impenetrable.
¿Místicamente? En ese momento, decidió que era mejor mantener la mente abierta, para no romperse con la tensión.
—Te mantendré aquí por un tiempo, hasta que eche tu alma de tu cuerpo.
—¿D—de qué estás hablando?
—Tu cuerpo será solo de Saroya.
¿Tenía el poder de robar el cuerpo de Ellie para ella? ¿Para siempre?
—¡Me mataré antes de que eso suceda!—Ella saltó a sus pies, no sería una estatua de bronce en un
pedestal. —¿Me oyes?
—Si te dañas de cualquier forma, asesinare a tu madre y a tu hermano.
Ella calmó el miedo que temblaba a través de ella.
—Tal vez debería terminar con uno de ellos hoy para demostrar la buena fe de mi amenaza, —dijo,
como si comentara el clima.—¿Algún mensaje que te gustaría que yo entregue?
Su mente gritó: ¡Oh, Dios, no! Sin embargo, se obligó a burlarse: —Hazlo. No les importo un comino.
Ninguno de esos imbéciles vino a mi ejecución hoy.—Ella se los había prohibido.
¿Su familia habría obedecido sus otras órdenes?
Lothaire desapareció justo ante sus ojos. Desde detrás de ella, murmuró: —Eres una farsante dotada,
pequeña humana...
Ella sintió su aliento en el cuello antes de que se diera vuelta. —Pero tu acelerado corazón te delata, —finalizó.
Podía desaparecer y reaparecer directamente en el remolque de su mamá, asesinarlos en cuestión de segundos.
Si su familia estaba allí.
Lothaire esperaba que deseara vengarse por lo de la ejecución, Ellie había hecho jurar a su madre que se mantendría —y toda la familia—alejada en los días circundantes.
Seguramente no habría cobertura en las noticias de la misteriosa desaparición de Ellie, su madre estaría en modo de defensa, era poco probable que volviera a su casa hasta que oyera de su hija fugitiva.
Ellie estaba casi segura de que estaban fuera del alcance de Lothaire,
¿pero podía apostar la vida de su familia en ello?
No.
Entonces, él ganaría. Toda su ira descarada se desvaneció, y ella se hundió en el sofá. Siempre creyó
que ganaría la batalla contra Saroya porque había pensado que se reduciría a una prueba de voluntades. Pero este hombre... este animal...
Cuando su mirada revoloteo sobre los agujeros de bala en su pecho que él parecía no notar, en
seguida, encontrándose con sus escalofriantes ojos rojos, ella comprendió que no podría ganar.
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Lothaire
VampireImmortals After Dark 12 Un señor de los vampiros con la cara de un ángel caído, pero un corazón tan frío como el hielo. Su cautiva mortal, arrebatada de una prisión hacia otro peligro aún ¿Puede un guerrero siniestro, por fin elegir el amor s...
