—Esa pequeña súka5 —Lothaire dijo con desprecio mientras el cuello de un guardia se quebraba en su puño. Elizabeth estaba a punto de ser ejecutada —voluntariamente— por un número insignificante de asesinatos.
En momentos simples.
El compañero del guardia disparo salvajemente; las balas conectaron sobre la piel de Lothaire, pero él apenas las notó.
Él se había alimentado ayer y estaba muy fuerte por ello. Al menos, su cuerpo lo estaba. Su mente, sin embargo...
Con un alarido, se abalanzó hacia delante acuchillando con sus garras la garganta del tirador. Cuando la sangre salpicó sobre su cara, los colmillos de Lothaire se afilaron por la carne, sus pensamientos en blanco.
La locura. Lamiéndome los talones.
Incluso ahora, con tanto en juego. Demasiadas víctimas, demasiados recuerdos. Siempre pagando peaje.
¡No, enfócate en el final del juego! Llega a ella, salva a tu mujer.
Sus enemigos le habían impedido llegar a ella antes. Si es demasiado tarde...
Cargó hacia adelante a través de corredores sin luz, viendo fácilmente en la oscuridad, pero el lugar
era un laberinto de pasillos y habitaciones minúsculas.
5 (Perra en ruso.)
—¡Blyad!6 —No podía captar su esencia sobre el olor a amoníaco. Otro pasillo apareció a la vista, más
cámaras etiquetadas: espacios familiares, salas de visitas, celdas.
No hay tiempo. Le había advertido a Elizabeth que no dañara a su mujer. Sin embargo, ella opto por
ser condenada, dirigiendo al abogado de oficio a no presentar ningún recurso, a no negociar ninguna apelación.
Después de vivir miles de años, Lothaire muy rara vez se sorprendía, sus acciones había sorprendido la mierda fuera de él. Correr hacia una lluvia de balas era una cosa, incansablemente planear un suicidio durante años otra completamente diferente.
No podía decidir si ella estaba mortalmente deficiente con premeditación o demente.
En cualquier caso, estaba demostrando ser una espina en su costado, costándole de incalculables formas. Lothaire era conocido en todo el Lore por recoger deudas de sangre de los inmortales en situaciones desesperadas, negociando con ellos para hacer tratos con el diablo. A pesar de que estaba orgulloso de su contabilidad rebosante de entradas, atesorándolas, él ya había quemado dos debido a Elizabeth.
Había obligado a un oráculo en deuda a vigilar su encarcelamiento. Y
solamente unos minutos antes, un deudor technopath lo había acompañado aquí para cortar toda la energía de la instalación, incluyendo los generadores de respaldo, dejándola sin luz, sin cámaras.
Sólo en una total confusión.
Y ese era el consensó del plan de hoy de Lothaire: el technopath cortaba la energía, mientras el vampiro masacraba en su camino hacia la mujer. Ridículamente simple para un estratega nacido.
Como si se sacrificasen por el plan, dos guardias lo interceptaron en el pasillo, iluminando con sus linternas sus ojos de color rojo. Durante su silencio de asombro, Lothaire tuvo tiempo para anticipar sus reacciones.
El más grande a la derecha dispara primero, tres disparos antes de que se dé cuenta que le arranque la columna vertebral. El de la izquierda tartamudeara una respuesta a mis preguntas, aunque sabrá que morirá inmediatamente después.
—¡Las manos donde podamos verlas!
6 (Puta en ruso)
Lothaire atacó. Primer disparo, segundo disparo, tercer—Un grito torturado. El gran cuerpo de uno
sin espina dorsal cayó al piso.
Con una mano, Lothaire tiró el largo hueso. Con la otra, levantó al guardia restante por la garganta.
—¿Cuál es el camino hacia la cámara de ejecución?
Lothaire disminuyo su apretón lo suficiente para que el hombre rechinara hacia fuera, —D—derecho,
entonces... luego el segundo pasillo a la izquierda. Todo el camino hasta el final. Pero, p—por favor Chasquido. En el momento en que el cuerpo del guardia se derrumbó, Lothaire ya estaba en el segundo pasillo a la izquierda.
Él había puesto a Elizabeth en su mente, se había asegurado que estuviera relativamente a salvo. Después de todo, él no se preocupaba por su mente, sólo por su cuerpo, el templo que albergaba a su Novia.
Mi compañera. La hembra que sólo significaba para él. Y era una mujer gloriosa, sedienta de sangre ella era... .
¿Saroya había sentido la ejecución? ¿Luchando desesperadamente por levantarse, para protegerse? Sus garras negras se clavaron en sus manos hasta que la sangre fluyo. Enfócate. ¡Enfócate!
A medida que se adentraba más en el edificio, Lothaire luchó para distanciar sus pensamientos de su
reciente encarcelamiento. La razón por la que llego tarde a la ejecución de mi Novia.
Semanas atrás, cuando él supo de esta fecha, había estado a punto de rescatar a Saroya. Entonces, él
había sido capturado por la Orden, un ejército mortal.
Había escapado de ellos... pero ¿a tiempo?
Los haces de más linternas brillaron adelante. Tres guardias antidisturbios escoltaban a un puñado de
civiles.
—¿Hay alguien ahí? —Un guardia exigió.
Lothaire previó cortar una andanada de sangre y gritos a través del grupo. ¡No, enfócate! A pesar de
placer, sería egoísta.
Para ahorrar tiempo, Lothaire se trazo más allá de ellos, desapareciendo y reapareciendo en un
instante.
Cuando llegó a la sala de observación, se teletransportó a su interior.
Dos hombres jóvenes justo irrumpían por la puerta de la cámara de ejecución contigua para vigilarla,
buscando con Maglites (Marca de linternas) y rifles de asalto.
Entonces, por primera vez en cinco años, la mirada de Lothaire cayó sobre Elizabeth. La última vez
que la contemplo, ella estaba sobre la nieve, sus ojos inusualmente grises lo miraron con un miedo encantador.
Ahora ella estaba sujeta, vestida con un uniforme de color naranja lúgubre. Su largo cabello de color café estaba recogido con severidad de su rostro.
Una vez más, estaba aterrorizada, sus ojos se lanzaban a ciegas en la oscuridad, pero él no sintió ninguna simpatía, sólo odio.
¡Todo esto era obra suya! Con la aprobación de Elizabeth, las agujas habían sido hundidas en el interior de sus dos brazos—Un líquido transparente ya fluía por cada tubo.
Sintió como si su corazón fuera a explotar. ¿Es demasiado tarde?
Con un rugido, se trazó al interior, lanzo a los dos hombres lejos, arrojándolos de cabeza contra la pared opuesta.
—¿Quién está ahí? —Elizabeth gritó cuando él puso las manos temblorosas sobre sus brazos delicados para enhebrar las agujas de sus venas. —¿Qué está pasando? ¡No puedo ver!
Se inclinó para oler el líquido, casi hundiéndose a sus rodillas con el alivio. Solución salina. No había olor a sustancias químicas, simplemente agua salada.
Para estar seguro, cortó la línea con una garra y goteo el líquido sobre su lengua.
A salvo
Pero si hubieran sido segundos después...
Mientras arrancaba libres los electrodos que cubrían a Elizabeth, rallo, —Has sido mala pequeña
mortal.
Aspiro un aliento. Entonces ella gritó: —¡Detente, bastardo! ¡Déjame ser!
Una vez que él corto a través de sus ataduras, la sujeto con un mano alrededor de la muñeca y tiró de
ella a sus pies.
Antes de Lothaire se trazara de nuevo a la seguridad de su casa, él le prometió: —Ahora, Elizabeth,
tendrás que pagar.
Cuando la tierra reapareció de repente debajo de ella, Ellie se precipito hacia delante. Ella sabía que
aquel monstruo tenía la culpa, podría reconocer la voz de Lothaire en cualquier parte.
Ese timbre profundo, acentuado la había atormentado en sus sueños.
Algo como náuseas se apoderaron de ella, cuando se dio cuenta que ya no estaba en la cárcel. De
algún modo la había transportado a una habitación de lujo, a algún tipo de mansión.
Justo cuando ella recuperaba el equilibrio sintió que su cuerpo se levantaba del suelo. —¡Ah! Detente,
detente...
—¡Te lo advertí, mortal! —El demonio gritó cuando la arrojó lejos de él.
Con un grito ahogado, aterrizó de lado sobre un sofá a la mitad del cuarto.
¡Levántate! Mareo... ¡Ellie, Mantenlo a la vista! Después de un movimiento para despejar su cabeza, se
encaramó a sus pies. El demonio iba y venía delante de ella, desapareciendo y reapareciendo mientras paseaba.
Él era más grande de lo que recordaba, y esta vez parecía aún más cruel. Tenía los puños cerrados, los tendones apretados en el cuello. Sus iris brillaban rojos, venas con sangre se bifurcaban a lo largo de la parte blanca de sus ojos.
Su cara estaba salpicada de sangre, su cabello rubio teñido con ella.
Una vez más estaba vestido todo de negro, desde su gabardina hasta sus botas. Agujeros de balas plagaban su camisa.
¡Esto no puede estar pasando! ¿Robada del corredor de la pena de muerte en una prisión de máxima seguridad? Por él...
—¡Prometí castigarte! —Balanceo su largo brazo hacia un lado, golpeando una columna de mármol.
Trozos de ello aterrizaron en la alfombra afelpada a sus pies, el edificio entero pareció sacudirse. Su fuerza era monstruosa, al igual que todo lo relacionado con él.
—Desobedeciste bajo tu propio riesgo.
Debería estar encogida ante él. En cambio, sentía una rabia abrasadora hirviendo dentro de ella. Ellie había pensado que por fin sería libre, que al final había derrotado a Saroya. Había estado a dos minutos de la muerte, lista para ello. Pero este demonio lo había frustrado una vez más.
Él ya le había quitado su libertad, asegurándose que pasara la mitad de una década en una diminuta, celda maloliente.
Cinco años desesperada.
Al recordar esos años, se encontró gritando, —¿Qué quieres de mí? ¿Qué? —Por el rabillo del ojo vio a un florero, agarrándolo rápidamente. —¿Por qué demonios no me puedes dejar en paz? —Ella arrojo la pieza pesada —al golpearlo en el pecho se hizo añicos por el impacto.
Como si ella lo hubiera estrellado contra una pared de ladrillos.
Aún mientras lo veía con incredulidad, encontró un pesado candelabro a su camino agarrándolo. A dos minutos. Tan condenadamente cerca. Lo lanzó por encima de su cabeza.
Él... se desmaterializo, y voló en su forma nebulosa.
Ella dio un grito de furia. Otro candelabro salió volando, un pisapapeles, una lámpara.
Él simplemente esquivó los proyectiles.
¡Esto no puede estar pasando! Ella estaba sin aliento, desesperada por hacerle daño, por castigarlo. Mil ochocientos veinte días de estaciones afuera, sin nieve o flores, sin amigos ni familia. Su
hermanito no la recordaba. Mientras que Josh había estado creciendo constantemente hacia la madurez sin ella en su vida, la existencia de Ellie se había estancado, interrumpida sólo por los episodios de maldad.
Ya no se sentía como una... persona.
No soy una persona, soy el preso *8793347 en el Centro correccional *
(DOC Departamento of Corrections) de Virginia. Soy el anfitrión de Saroya.
A causa de él.
La mirada de Ellie se posó sobre una espada en una horquilla de exhibición. Ella saltó por el arma,
sacándola de su envoltura ornamental.
El resplandor del metal se reflejo en sus ojos. En ese instante, llegó la claridad.
Ella sabía lo que tenía que hacer.
Agarrando la empuñadura con ambas manos, se volvió hacia él. —¡Te voy a destripar, demonio!—
Echó hacia atrás sus labios para que ella pudiera ver sus horripilantes colmillos, y luego chasqueo dos dedos hacia ella. Vamos, entonces...
Sus ojos se agrandaron y ella cargo, con la espada a punto de hundirse en su pecho.
En el último momento —la giró sobre sí misma.
—¡No!, —Gritó él. Entonces de algún modo estaba entre ella y la punta de la espada, acuñada contra
su cuerpo.
La hoja se deslizó más abajo hacia atrás hasta que se encontró con el hueso.
Se quedo sin aliento, sintiendo que sus músculos se tensaban en su contra, sintiendo su ira en
aumento. El rojo de su iris sangraba sobre la parte blanca de sus ojos por completo. Desnudó los colmillos hacia ella. —Esto se convierte en la segunda vez que me has desafiado, Sùka. Has cometido un error para mal.
Con un golpe de muñeca, la envió volando hasta el piso.
Aturdida. Tendida sobre su espalda. Lágrimas histéricas la amenazaban.
Ella lo oyó quitarse la espada del cuerpo, luego desecharla. No llorare delante de él. No me rendiré a
su perra.
Para darse valor, recordó los años que paso mirando a las paredes de los bloques de cemento.
Contando los bloques, las líneas de las boquillas, viendo los patrones y las formas. Lo había llamado el Canal de bloques de cemento.
Sólo bloques, todos los días. Ninguna interrupción. Jamás.
Apretando los dientes, se retorció hacia un lado, trabajando para levantarse. Su cabello se había soltado, derramándose sobre su cara. Ella empujo el bloqueo de sus ojos. —Mantente abajo, —ordenó, alzándose sobre ella. Él era un demonio, un animal, todavía tenía sangre salpicada sobre su cara. ¿A cuántos había asesinado el día de hoy? —Regresa de nuevo al infierno, imbécil. —Luego escupió en sus botas.
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Lothaire
VampirosImmortals After Dark 12 Un señor de los vampiros con la cara de un ángel caído, pero un corazón tan frío como el hielo. Su cautiva mortal, arrebatada de una prisión hacia otro peligro aún ¿Puede un guerrero siniestro, por fin elegir el amor s...
