7ma Bala

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Advertencia: en este capítulo va a aparecer contenido sexual no apto para sensibles.

Si no te gusta esta clase de contenido, te sugiero que saltes al próximo capítulo. Ahora sí, disfruten.
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Yuuri... Ayuda... —susurró jadeando en voz baja, su cuerpo comenzando a perder el control— Yuuri...

Comenzó a frotarse con el terso cuerpo frente suyo, su mente perdiendo el juicio, nublado por el creciente deseo que no podía controlar.

Los presentes estaban en shock por el descarado comportamiento del nuevo miembro, a excepción de cierto individuo quien internamente estaba completamente satisfecho con como se estaban desarrollando los hechos.

—¡¿Pero qué crees que haces?! ¡¿Acaso no te da vergüenza?! —reclamó JJ enfadado.

—Disculpen a mi pareja, al parecer el alcohol le afectó demasiado. Si me disculpan, me retiro. —expresó Yuuri sereno mientras arrastraba a su pareja fuera de aquel espacio lleno de gente; Mila, Pichit y Minami salieron inmediatamente detrás de ellos. Otabek se quedó atrás para encargarse de despedir a los invitados y para ofrecer disculpas por la escena indecente.

Mientras tanto de camino a la habitación de Yuuri, Pichit llamó a su novio Seung —médico de profesión— para que revisara a Víctor. El susodicho llegó en menos de cinco minutos a donde estaban ellos, ya que había estado todo el tiempo descansando en la habitación del moreno mientras éste estaba en la fiesta de compromiso.

Después de una rápida revisión —que fue un poco incómoda para los involucrados— llegó a la conclusión que Yuuri sospechaba.

—Parece que lo drogaron.

—un afrodisiaco ¿verdad? —dedujo el japonés con un poco de rabia.

—Sí, debió ser durante la comida. Es posible que el efecto dure toda la noche, no sé con exactitud, pero sé que va a sufrir bastante si no obtiene ayuda. —dijo Seung seriamente, Víctor soltó un gemido como si le diera la razón.

—Entiendo. Mila —la mensionada se paró de inmediato al oír su nombre— necesito que busques pruebas, investiga quien de nuestros sirvientes es el traidor. Interrógalo, y si se pone necio... —Yuuri la miró de una forma peligrosa, haciendo que un escalofrío le recorriera la espalda— torturalo hasta hacerlo hablar.

—Si. — contestó con firmeza.

Mila salió apresuradamente de la habitación, y una vez fuera, se frotó insistentemente los brazos para tratar de calmar su piel erizada. Desde que Víctor se había presentado a sus vidas, había olvidado lo peligroso que aquel dulce bombón podía ser. Bueno, por algo era su jefe; era hora de volver a la realidad y poner en marcha sus mejores habilidades.

—Minami —prosiguió Yuuri, el mensionado viendose serio por primera vez en su vida— recolecta todos los utensilios que usó Víctor, y también las botellas de sake y dáselas a Mila para que recolecte huellas y restos de la droga. Vamos a ver qué clase de información nos arroja los resultados.

Minami salió de inmediato a hacer el mandado de su jefe después de una profunda reverencia, amaba cuando Yuuri se conformaba de esa forma tan varonil. Lo admiraba demasiado.

La pareja conformada por el tailandés y el coreano fue la última en irse, pero antes de cruzar la puerta, Pichit le entregó a Yuuri un pequeño sobre de plástico.

El japonés se quedó mirando unos segundos el pequeño paquete en su mano sin idea de lo que era, y al darse cuenta, exclamó el nombre de su amigo con su rostro cubriendose de un profundo rojo, sin creer lo que el moreno le había dado.

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