Capítulo seis: Soledad en Bosnia, soledad en Sarajevo, ¿Soledad en Viena?

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No le tomé la debida importancia a la ausencia de mis amigas porque muy probablemente había terminado tan alcoholizada gracias a la noche anterior entre el metal y mi perdición con Lauren, más no lograba recordar completamente lo que sucedió. Llegué a pensar que fueron en busca de comida para continuar con nuestro viaje, o más bien, el suyo al que ya me consideraba parte sin siquiera haber sido invitada.

Tal como mi cuerpo me fue permitiendo, logré regresar a la puerta de la habitación en la que desperté por el gran pasillo. El lugar era como una especie de hostal. Además de las punzadas que sentía en la cabeza, unos pitidos molestos salían de la puerta en frente de la habitación, al momento de abrirla sólo me encontré con una litera con camas sin tender y el iPod de Lauren conectado a unas bocinas. Debía admitir algo: estás chicas tenían un exquisito gusto musical. Estaba deleitándome y sufriendo escuchando a Goran Bregović. Opté por terminar con las grandes flautas y trompetas para darme un poco de paz ante la cruda que cargaba en mi cuerpo.

Desconozco cuánto tiempo pasé esperándolas pero entre más lo hacía mis ojos lloraban más, el cuerpo lo tenía completamente cortado, respirar incluso me asfixiaba, no era una sensación normal y momentáneamente creí que había contraído influenza, los síntomas eran similares a la gripe más a un nivel triple y así me sentía, jodida a más no poder.

En mi desesperación por comer, sentirme mejor y ver a las chicas decidí darme una ducha, el baño no quedaba lejos de ahí, estaba al costado de mi habitación así que entre cortos pasos fui caminando y aseguré la puerta para tener completa privacidad.

Abrí la llave del agua y a la par que el cuarto de baño se llenaba de vapor yo me deshice de todas mis prendas, incluso quitármelas me causaba dolor. Dispuesta a relajarme al tocar el agua no aguanté lo caliente que estaba, me sentía hirviendo viva, el agua me quemaba por dentro sin siquiera atravesar mi piel.

―¡OUCH! Pero que...

Fruncí el ceño causante del calor resbalando por mi piel  y busqué nivelar el agua. Poco a poco disfruté del ardiente baño, y tuve una sensación extrañísima en aquel instante, era como si me bañara por primera vez, como si jamás hubiese sentido mi cuerpo no sólo limpio sino realmente sentir el agua, el jabón, todo a mi alrededor. Imaginé que era causa de la enfermedad más me sentía drogada.

Una vez terminado el baño, me vestí nuevamente con la ropa de anoche, tome mis pertenencias y fue como si el baño me diese más energía, mis movimientos eran más rápidos. Bajé las escaleras y todo estaba completamente extraño, máquinas de coser por doquier y telas de todo tipo y colores por toda la habitación. No se dónde había llegado pero estaba segura de que las cosas no serían como creía, el instinto me lo gritaba al oído. Sentí un golpe en mi cabeza tan fuerte que aturdió mi mirada, una señora de aproximadamente setenta años me había golpeado con una regla metálica. Ella gritaba en alemán, me hizo sentir añoranza por mi padre al escucharla más traté de calmarla.

―Señora, ¿se debe algo de la habitación?

Ella no me respondió a pesar de preguntarle no sólo en alemán, sino en español e inglés, no dejaba de parlotear y alzar sus manos desesperada, parecía que su cabeza explotaría de tanta presión que su rostro reflejaba.

―Blutsaugeeeeeeer!!

Me sentí acorralada, la señora me impedía pasar más allá del lugar, así que decidí no hacerla enojar más y partí del lugar. Desconozco cuánto tiempo me quedé esperando sentada en la banqueta, pensé en la posibilidad de que saldrían de algún otro edificio riéndose de la grandísima broma pero nada, sólo había silencio, clima templado y la soledad en un lugar desconocido para mí.

Me armé de valor y empecé a caminar por las calles del lugar, sin conocimiento del mismo sólo me adentré a sentir esa pequeña tristeza y dudas sobre las acciones lastimeras de las chicas. Quizá no eran amigas, quizá no intérprete bien las cosas pero dolía, sobre todo por el cariño que le tomé a Lauren en tan pocos días sin siquiera hablarme.

OLFATO (Adaptación Camren)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora