Olvidarse de todo lo vivido días atrás, sean lugares cercanos o en otro continente, no es tan fácil y mucho menos para mi.
Mi corazón se sentía roto, confundido y sobre todo decepcionado por el alejar de Lauren. Necesitaba una respuesta, algo que me indicara que estas sospechas sobre si ser no eran ciertas. Necesitaba pensar que ella era buena.
Era extraño estar de vuelta en tierra mexicana después de mis aventuras por Europa y otros lugares no indicados en mi itinerario. Bien dicen que lo no planeado resulta más rico que los planes mismos. No tenía dudas ni quejas ante esa afirmación.
Como de costumbre para viajeros de placer o negocios, salir del aeropuerto siempre era un caos. Decidí ir a casa en metro con todo y mi equipaje. A pesar de los dos transbordes entre estaciones, no me quejé en lo absoluto. Disfruté de las complicaciones de mi país como si no las conociera, me sentí como turista en mi propia ciudad.
Al llegar a casa, Doña Mari me vio abrir el enrejado de la casa; ella dejó de regar el jardín con tal de ayudarme con el equipaje.
―Señorita Camila, ¿Por qué no me avisó que hoy llegaba? Hubiese pasado por usted.
―Como cree, señora Mari. No se preocupe. Además, ya estoy aquí.
―También la veo pálida, ¿Comió bien allá? Ya sé... ―nuestra ayudante del hogar no me dejó responder su cuestión, pero animada siguió hablándome. ―voy a prepararle un mole riquísimo, así como le gusta.
―Uy, que rico. Doña Mari, me hizo extrañar sus comidas. Ya ve que allá no comen como nosotros.
―Ni allá tendrá alguien que le consienta el estómago como yo.
Carcajeé suavemente, una pequeña sonrisa se nos marcó en ambos rostros al ir subiendo el equipaje a mi recámara. Debía desempacar pero la pereza me era más inmensa. Doña Mari, después de ayudarle con el equipaje, bajo entusiasmada para cocinar. A ella lo que más le llenaba el alma era la cocina y por fin, después de tantos días, le daría el cariño a alguien con su sazón. Debo admitir que extrañé sus alimentos.
Al bajar, la mesa estaba puesta únicamente para mi. A pesar de la confianza que nos tenemos, Doña Mari siempre se ha limitado a verme como superior a ella, cosa que me desagrada. Yo prefiero comer acompañada de alguien, incluso de ella.
De los platillos más mexicanos qué hay es el pollo con mole y un poco de ajonjolí sobre este acompañado de un arroz rojo. El olor de tan delicioso manjar me perforó la nariz, ansiaba ya comer tan deliciosa obra maestra. Así es como yo considero al mole, una obra.
Sin embargo, mi olfato me engañó esta vez. Lo que disfrutó mi nariz, mi paladar aborreció. La comida sabía cómo el relleno de un cojín o a cartón. Por fortuna, Doña Mari no vio mi cara inicial al probar su comida. Yo conocía el sabor de su mole.
Pensé en la posibilidad de encuadrar este hecho con lo descubierto días atrás, de mi sospecha a ser un vampiro.
Le di de pretexto a Doña Mari que en el avión como algo que le hizo daño y por poco no me cree de no haber sido por lo pálido de mi cara. Lucia realmente enferma pero lo curioso es que me sentía perfectamente, solo un poco débil y con exagerado cansancio.
Decidí descansar un par de horas. Mi llegada a la casa fue alrededor de las doce del día y al despertar todo estaba oscuro. Pensé que había dormido un día entero pero no, solo fueron escasas horas. La cabeza me punzaba por todos lados, no como usualmente le daban aquellos dolores. Decidí salir a dar una vuelta en vez de tomar medicamentos. Pensé que, con todo lo ocurrido desde mi último encuentro con Lauren, un medicamento sólo me haría cosquillas.
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OLFATO (Adaptación Camren)
Hayran Kurgu1) No rompas los acuerdos por muy aventurero que quieras ser. 2) Reflexiona lo que harás, no podrás arrepentirte después. 3) JAMÁS beses a la primera desconocida por muy hermosos ojos que tenga, incluso sí estos te llamen o penetren tu alma. Estás t...
