―Definitivamente, no sé por qué el Coronel nos pide que hagamos esto.
― Moby, es mejor que te calles. Mientras él nos pague no nos debería importar su propósito.
―Lo sé, pero... ¿Estamos haciendo mal?
―Quizá sí, quizá no, quien sabe. Lo importante es cumplir sin poner los sentimientos en medio como siempre lo haces, Moby.
―Lo sé, Rick.
Siempre pasaba lo mismo con Moby, quien nunca se quedaba completamente seguro de lo que hacía, incluso si fuesen actividades lícitas. Para él la seguridad ante sus acciones debía ser limpia aunque tuviese más manchas que un perro dálmata. Para Rick las cosas eran diferentes, él se preocupaba sólo por obtener la ganancia sin importarle si debía matar a un indigente o a un niño. Él únicamente quería la plata y por ello le era fiel al Coronel, porque no había mejor paga que con un loco con dinero.
―N-no Rick, no estamos haciendo bien.
―¡Me colmas la paciencia, Moby! Esto se debe hacer, el jefe nos contrató para eso. Si te quieres ir adelante, pero déjame trabajar. Si no quieres ese dinero mejor déjamelo, que yo no lo ignoraré.
―Está bien, perdón... Es que me preguntaba...
―Siempre estás preguntando. ―Interrumpió Rick molesto.― Ni una buena acción te deja tranquilo. Hazte un favor y deja de pensar tanto.
El silencio predominó en la conversación de Rick y Moby, más el bar seguía en actividad con su música de fondo y cuchicheos de distintas charlas por todo el lugar. Ellos esperaban la señal para iniciar su trabajo, pero mientras eso ocurría, degustaban de un par de cervezas.
―Sabes Rick, pienso que tendríamos que saber las razones de por qué hacemos esto, ¡Somos profesionales!
Rick exhaló fuertemente, incluso se sentía su ira en el ambiente antes de proseguir con la "gran" muerta charla que tenían.
―Estás mal Moby. Un verdadero profesional nunca sabe lo que hace y es mejor no saberlo, así no te ensucias más las manos. Es más, si nos llegan a agarrar no sabemos nada y no podrían inculparnos así que es mejor ignorar.
Insatisfecho con la respuesta de su compañero, Moby prefirió mantenerse al margen y no decir más, simplemente degustar de los últimos sorbos de sus bebida. Ellos observaban pasivamente y en ocasiones a una pareja al fondo del bar. Rick no apartó la mirada de las curvas de la señorita en aquella mesa, incluso ni su acompañante notó que le robaban a su chica en fugaces miradas. Al término de su cerveza, Rick pagó la cuenta de los dos y salieron del bar para fumarse unos cigarrillos y aguardar así como ha hecho el Coronel toda su vida: esperar pacientemente.
La pareja salió del bar y la señorita tenía que lidiar con un borracho hasta su destino. Moby observaba cómo la desconocida se alejaba de ellos con el problema que tenía entre sus brazos y le regresó la mirada a Rick en duda.
―¿Qué, Moby?―perplejo y sin saber que decir, sólo ocasionó la molestia de su compañero,―Calma, a él no lo atacaremos, necesitamos a Silvia para esto. A propósito, llámale. Pasaremos por ella a las once.
Moby sacó un teléfono de llamadas exclusivamente y tras una breve conversación con Silvia, confirmó su asistencia para la cacería de esa noche. Las horas pasaron y la hora estimada se hizo presente. Más, con el paso de los minutos Rick se desesperó.
―¿Dónde estará? ¿Seguro le dijiste bien la hora?
―Sí, siempre nos vemos en el mismo lugar a las once.
―Es extraño que no aparezca...
―Pero Rick, ¡Debemos darle hoy algo al Coronel!
―Ya lo sé Moby, ya lo sé... Me parece que sólo seremos tú y yo en eso. Súbete al auto.
Tras el ordenamiento de Rick, ambos subieron al auto y marcharon en busca de un lugar donde llevar su cometido. La ciudad de México se hacía cada vez más pequeña en su recorrido y, al cansarse de buscar, concordaron en asaltar una residencia con grandes rejas negras protegiéndola. Ambos entraron al domicilio y se percataron que todo estaba silencioso, parecía no haber alguien.
Ellos no se limitaron a buscar otra casa que aparcar. Eran aproximadamente de las once de la noche y para esa hora la gente de aquella casa estaría dormida. Subieron al segundo piso y tras abrir las habitaciones se cansaron de buscar, hasta llegar a la última habitación del pasillo.
Una chica de dieciocho años, aparentenente ebria, fue la persona perfecta para su cometido.
Esta trató de defenderse sin tener éxito, ya que un pañuelo con cloroformo de adelantó ante su debilidad. Su cuerpo era torpe, como si no pudiese controlarlo.
Ellos realizaron la operación sin saber que le robaban un preciado tesoro a un vampiro.
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OLFATO (Adaptación Camren)
Fanfic1) No rompas los acuerdos por muy aventurero que quieras ser. 2) Reflexiona lo que harás, no podrás arrepentirte después. 3) JAMÁS beses a la primera desconocida por muy hermosos ojos que tenga, incluso sí estos te llamen o penetren tu alma. Estás t...
