Capítulo tres: Baila conmigo una vez más

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Al llegar, las puertas del edificio se abrieron y un par de chicos salieron de ella, así que aproveché la oportunidad e ingresé al interior. No deseaba esperar afuera y menos sola, deseaba adentrarme en la aventura. En el interior había una nave industrial que estaba dividida en ambientes diferentes. No demoré mucho y me decidí por entrar al Elektricjungle, una pequeña cafetería en dicho lugar con ambiente y objetos de la segunda guerra mundial. Me senté en una de las mesas alejadas de la cafetería y un grito me sacó de mi atención a todo el lugar.

―Besh O Drom, Besh O Drom!

Una chicas aproximadamente de mi edad se recargaban entre hombros al caminar por las mesas del bar. Quien repetía la frase constantemente era la más alta de todas, llevaba unas medias que relucían sus grandes y perfectas piernas, en conjunto con un short negro y unos botines y una gorra fuera de contexto. Me causó confusión la blusa negra y escotada que llevaba, era lo único que relucía en su vestir además de los labios rojizos. A su lado, una chica morena con el cabello rizado y pintado a medias de azul. En lo personal, se le veía increíble aquel color. Ella, por igual, llevaba un short negro que hacía juego con su blusa negra con el nombre de una banda que no se distinguía, no por el uso, sino por lo extraño de la fuente. Mi mundo se vino abajo al ver a la última de las chicas, la más pálida que parecía más enferma que viva. A diferencia de las otras, ella llevaba un pantalón negro y rasgado por varias partes y hacían juego con la cadena que le rodeaba media cadera. Además, unas grandes botas y una playera negra con el arlequín de Lacrimosa. Eso no fue lo que más me cautivó, sino sus hermosos y penetrantes ojos verdes que me hipnotizaron en el instante que nuestras miradas conectaron. Fue un segundo sí, pero el segundo más maravilloso que he vivido.

La mesera del lugar se acercó a mi y traté de comunicarme con ella en inglés, lo cual fue imposible. Empecé a dudar que mi rebeldía y amor por la aventura no tendrían frutos en este lugar. Me fue imposible pedir comida por mi cuenta, después de comer en la cafetería orgánica deseaba un poco de carne.

La más alta de las chicas dejó su atención fija hacia mi desde que se percató de mi existencia, como si algo en mi le llamara por sobre toda la gente del lugar. No me molesté, pero si me causó intriga el por qué me veía con regularidad. Ella se levantó de su silla y se sentó frente a mi como si fuésemos conocidas, amigas de toda la vida.

― Como vai? Parli italiano?

―No, no hablo italiano. Lo siento.

La chica se acomodó en su lugar antes de proseguir con la conversación.

―Créeme, aquí ni el inglés te ayudará... Vi que tienes problemas con la mesera.

―Así es, no hablo húngaro.

―No te preocupes, ¿Qué quieres comer?

Muy amablemente, la chica llamó a la camarera y le tradujo todo lo que deseaba comer, incluso, me comentó que deseaba pagar mis alimentos y me negué rotundamente. Llegamos a un acuerdo: Yo le invitaría las próximas bebidas.

―A todo esto, soy Dinah.

―Camila, un placer.

―Lo mismo digo. Y, ¿De dónde eres?

―De México.

―¿Es en serio? ¿Y qué haces aquí?

―Sólo vine por Lacrimosa.

―Vaya, es demasiado valiente venirte del otro lado del mundo sólo para ver a una banda. ¿Qué no tocan ahí?

― Sí, ellos suelen ir a México casi todos los años pero no es vivir lo mismo un concierto en mi país que vivirlo en uno de los lugares que tocaron antes, se vive más la emoción.

OLFATO (Adaptación Camren)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora