Murmullos.
Es todo aquello que puedo percibir en la lejanía. Mi nombre resonando y ligeros movimientos a mi cuerpo. Mi visión está borrosa y eso se debe a que no he enfocado lo suficiente. Logré ver a Doña Mari con cara de pánico, su silencio me atravesó los nervios a pleno despertar.
―Doña Mari, ¿Qué le ocurre?
―¿Se encuentra bien, señorita? Parece que le han dado una buena paliza.
-¿Paliza?
Pregunté al tratar de incorporarme en la cama pero me fue imposible, sentí como un chorro de sangre brotó de mi nariz, incluso me empecé a ahogar con mis mismos fluidos. Me parecía extraño sangrar ante mi condición.
Doña Mari rápidamente me trajo una toalla y no pude hablar más, simplemente me limité a asentir las cuestiones de mi cuidadora.
―Debe tener más cuidado. He visto que las jovencitas de hoy sí dan palizas sin importar lo demás. Yo sé que usted no es como esas, sólo cuídese que los platos rotos me los pueden cobrar sus padres y eso que no los he tocado.
―Tr-ranquila-a Doña, Mari... Mejor, para animarme, regáleme unos huevitos a la mexicana ―intenté hablar sintiendo un asco tremendo por mi garganta.―usted no tuvo que ver, así que no se preocupe.
Tardé para convencer a Doña Mari, hasta que al final cedió. Y era cierto, no todo el tiempo podrá estar al pendiente de mi y menos ahora que tengo una edad considerable para cuidarme por mí mismo en algunos casos. Ella me trajo un par de hielos en una bolsa y la relajación que sentí no la comparo con alguna otra, ni siquiera en mi antigua vida.
Cuando ella se fue, empecé a hacer remembranza de lo ocurrido. En ningún momento salí la noche anterior. De lo único que soy consciente es del extraño sueño de las sombras y mi pequeña lucha ante ellas. Quizá no fue una lucha pero... Sino falta nada en mi habitación, ¿A qué vinieron?
Decidí tomar una ducha para emprender el nuevo día. No tenía intenciones de asistir al bachillerato, me intrigaba más obtener respuesta alguna de lo ocurrido con mi rostro. Al inicio, detesté tomar duchas largas o cortas. Pero, al pasar de estas semanas, el agua se siente diferente y por muy caliente que esté, su sensación se disfruta. Bañarse es riquísimo. Rápidamente me vestí y aún con la toalla en la cabeza bajé las escaleras hasta caminar por el pasillo que da a la cocina. En voz alta, le hablé a Doña Mari.
―Ay Doña Mari, seguro se le olvidó el desayuno, ¿Verdad?
―¿De qué habla, señorita? Sí desde hace dos minutos lo dejé en su plato.
Su respuesta me erizó la piel.
Sudoración, nerviosismo... ¡PÁNICO!
Y con justa razón empecé a sentirlo. No pude creer lo que me ocurría en ese momento... Ya no podía oler.
En la ciudad de México puede pasar de todo, desde un robo de un teléfono celular hasta el de tu olfato. No sé por qué no me sorprendía de tan conocido lugar. Me obsesioné con poder oler incluso una mísera naranja. El resultado fue negativo. Mis niveles de estrés se incrementaron. Ahora, ¿Qué podía hacer? Sentí que ese preciado tesoro era sólo mío y me ayudaba a tener equilibrio con mi ser.
La frustración me invadió más profundo, fue inevitable no llorar ante mi desespero. Acudí al baño con una toalla para lavar mi cara y borrar todo rostro de dolor y llanto. Pero al verme, me quedé pasmada. ¿Cómo era posible ya no tener ni rastro de las heridas del incidente? No entendía que pasaba con mi cuerpo desde que Lauren y los demás desaparecieron. Por unos segundos pensé que vivía en una locura y que la enferma mental era yo.
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OLFATO (Adaptación Camren)
Fanfiction1) No rompas los acuerdos por muy aventurero que quieras ser. 2) Reflexiona lo que harás, no podrás arrepentirte después. 3) JAMÁS beses a la primera desconocida por muy hermosos ojos que tenga, incluso sí estos te llamen o penetren tu alma. Estás t...
