Capítulo catorce: El olfato perdido

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Hoy, 10 de Marzo de 2015

23:32 hrs.


Aunque quisiera engañar a Doña Mari, ella siempre sabía cuando no me encontraba en casa. Sin embargo, hoy no fue a la excepción de dejarme salir a tan complicada hora de la noche. Ella sólo buscaba que conociera el mundo al igual que mis padres, pero jamás dejando de cuidarme por mi misma.

Trato de no pensar en negatividad o en cuestiones que me crispen los nervios, necesito concentración y ser capaz de lograrlo todo porque deseaba tener una oportunidad más de ver a mis padres y a Lauren. 

Ignoré el pedido de mis padres acerca de mi motocicleta, era momento de usarla y hoy con muchísima más razón. Coloqué el casco negro que hacía juego con mi X-ADV, de Honda. Los productos de tecnología corrían por mi mamá en su experiencia al estar más cerca de ellos y a su vez por mí, quien conoce de marcas. Puede que las mujeres seamos mal vistas cuando se trata de equipos o automóviles, se dice que es "cosa de hombres". Me niego a seguir los estereotipos sociales, me gusta conocer más de lo que otros sólo opinan por opinar.

Me adentré entre las calles y avenidas de la bella Ciudad de México y debo admitir que de noche se aprecia más la belleza de esta. sus escasas luces y colores en los monumentos históricos proclaman amor, lucha y perseverancia, algo que necesitaré en un par de horas.

Me desvié por la glorieta de Insurgentes y rodeé por la calle de Puebla. Seguí camino abajo hasta ver un grupo de chicos con pinta de emos. No es que me molestara su presencia, en lo absoluto. Sólo que andar sin compañía a esas horas con un grupo lo bastante "peligroso", me asustó. Uno de los chicos se me acercó. Seguramente divisó mi playera de KVR.

  ―¿Qué hacer aquí? Chicos, tenemos una metalera solitaria.

  ―Calma, no pienso pelear contigo ni con ellos.

  ―Eso debiste pensarlo antes de venir a nuestro territorio.

No supe que hacer. No es que temiera en enfrentarme a la gente sobre todo con lo peligrosa que puedo ser, no tenía intenciones de lidiarme con esa gente. Tenía otros planes que atender. Por suerte, una voz conocida me salvó.

  ―Marcos, ¿Qué haces?―sentí la mano de la profesora Bilova en mi hombro?―

  ―Nada, sólo estábamos jugando.

―De acuerdo... ¿Dónde está Justine? Necesito verla.

―Sabes donde está siempre. Anda en la jardinera esperando para cortarse.

―Muchas gracias... Ah, sígueme Camila.

No me despedí del chico ni de los que se acercaron a él con fines de hacerme daño. En cambio, a cada paso que dimos acercándonos a Justine, todos saldaban a la profesora y no me fumaron a mi. No entiendo a la gente con esas tendencias de lastimarse a si mismos o permanecer toda su vida tristes. Pienso que desperdician lo maravilloso de la vida.

―¡ESPERRA JUSTINE!―gritó la profesora corriendo hacia la melancólica chica sentada cerca del árbol sostenido por la jardinera.―  ¡Aún no te cortes!

Se me erizó la piel con tan sólo oír eso. Me parecía triste el hecho de tomar sangre de una persona que deseaba morir, mutilarse y desaparecer de este mundo. Me pregunté ¿Qué cosa tan mala podría uno vivir para querer destruir la oportunidad de existencia?

―Camila, ella es Justine. Ella será tu donadora de hoy en adelante.

―Muchas gracias Justine. En verdad aprecio esto que harás por mi.

OLFATO (Adaptación Camren)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora