Sábado, 22 de noviembre
07:57 p.m.
No es difícil encontrar a nuestros amigos.
Si no seguimos el ruido que hacen Aaron y Michelle mientras discuten por algo, podemos ir tras el rastro de baba que dejan las admiradoras de Santiago. Ataviado en un smoking está logrando que la mitad de las chicas de la recepción se le queden mirando encandiladas.
Junto a ellos, Susana se dedica a morirse de risa por algo que Leonardo acaba de susurrarle al oído. Se ven completamente hermosos.
Saludamos a todos, e intento no reírme de la cara de la novia de Santiago. ¿Era Flavia o Solange? ¿Quizás Belén? Es difícil llevar la cuenta de todas, así que me siento agradecida cuando resulta que no nos han colocado en la misma mesa. Aaron, Michelle, Daniel y Mirella, se van con ellos, pero prometen encontrarnos luego. Fernando ha terminado en la mesa de "los solteros", y le deseamos suerte.
Encontramos nuestra mesa rápidamente y ya que los demás todavía no han llegado, nos dedicamos a criticar todo lo que podemos.
—Estoy anotando ideas para mi boda —dice Susana de forma optimista—. Número uno: nadie tiene permitido vestir de blanco.
—¿Eso no es una regla para todas las bodas? —Pregunto.
—Al parecer a algunas no les importa —responde ella, señalándome con la cabeza a dos chicas cerca de la barra que tienen largos vestidos completamente blancos.
—Quizás podemos bañarlas en vino, como símbolo de nuestra amistad con Tania —sugiero.
—No es una mala idea.
Sin embargo, en la media hora que nos toma planear cómo hacer que parezca un accidente, el presentador anuncia que la boda está a punto de comenzar.
La música empieza a sonar y unos segundos después, Tania aparece en la entrada. Se ve radiante en su vestido, de la mano de su padre y estoy segura de que si no fuera porque lo puso en Facebook, nadie notaría que está embarazada.
Me emociona verla caminar orgullosa hacia el altar, y que Pedro y ella pronuncien sus votos mirándose a los ojos con algo que, si no es amor, es una imitación de primera calidad.
Aplaudo y grito emocionada con el beso final, y también mientras realizan su primer baile de esposos. A mi lado Susana se remueve inquieta, esperando que terminen con la ceremonia. Afortunadamente, solo tienen un par de tíos y los discursos son cortos.
Llegamos a la parte de comida y bocaditos justo cuando mi estómago se pone a rugir. Odio cuando hace eso.
El resto de nuestra mesa incluye parejas de la universidad, y solo conozco a dos personas, así que nos dedicamos a ignorarnos mutuamente.
—Aquí va otra idea —dice Susana—, tendremos un mejor postre en nuestras bodas. Con este pedazo de pastel no se llena ni mi Barbie.
—Voy a robarme una bandeja de chocolates de la cocina —propone Leonardo— ¿quieres agregar algo más?
Susana suspira.
—Deja de ser tan perfecto, me va a remorder la conciencia si te engaño.
—Entonces no me engañes —concluye Leonardo.
—Lo consideraré si me traes esas bolitas rellenas de queso que sirvieron al inicio.
—Haré que lo considere aún más si le agregas un par de brownies —intervengo.
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18 días
Teen FictionCuando a Lucía le llega la invitación a la boda de una amiga que se casa porque está embarazada, se da cuenta de algo: ¡que ella misma tiene un retraso! Mientras decide si debe decirle o no a Gabriel, su novio, va reviviendo un poco el pasado, don...
