Esto ocurrió 10 días después del comienzo de los insidentes paranormales. Yo me había quedado despierta hasta muy tarde divagando en mis pensamientos y no me había dado cuenta que el reloj apuntaba las 12. Estaba de lo más decidida a dormirme cuando de pronto percibo un olor nefasto, a putrefacción. "No siento ningún olor extraño" contestó mi padre ante la disyuntiva que le hice y se revolcó nuevamente en sus frazadas para regresar al país de los sueños. El olor, misteriosamente, había desaparecido por un breve rato, pero apareció nuevamente con una intensidad mayor ."¡De donde proviene ese olor?" me preguntaba. Me puse una chompa con encajas que había pertenecido a mi madre, me puse los primeros zapatos que encontré y me dirigí directamente a la puerta con el propósito de tomar un poco de aire fresco y relajarme. Toqué el picaporte con desesperación y sucedió algo escalofriante, lector. Una fuerza, que en ese instante no logré explicarme, me empujó bruscamente hacia atrás y caí de espaldas. La sangre roja de mis venas empezaba a brotar de una de mis sienes.
- ¡Papá! - grité - ¡Ayúdame por favor!
Nadie respondió, solo un vaso de vidrio que de la mesa se cayó y se quebró.
-¿Qué había sido todo eso?- pensaba - ¿Un bromista pasado de la raya se las agarró conmigo?
Con la mitad del rostro manchándose de sangre escarlata, caminé titubeante al cuarto de baño. Me miré en el espejo, y vi en el reflejo a una chica que proyectaba miedo en sus dilatados ojos marrones y cuyo rostro canela se manchaba de un tono rojizo cada vez más. Me lavé la cara en el lavavo, agarré una pequeña toalla roja y con cuidado me sequé la cara. Al levantar mi vista nuevamente en el espejo vi tras mío a una mujer pálida, de ojos grises y apagados. A pesar de su aspecto nefasto se notaba a simple vista que en algún momento, en algún lugar y en otras circunstancias ella habría sido una mujer muy hermosa y llena de vida. Pero en el estremecimiento de aquel impacto, noté que los ojos de la mujer estaban tan clavados en mí como lanzas en el pecho de un sufriente guerrero debilitado. Mi corazón empezaba a latir con mucha intensidad (ni Adriano había hecho latir mi corazón de esa manera), pero cuando viré la cabeza para verla, desapareció magicamente, como si hubiera sido una simple y aterradora visión que mi locura y desesperación lograron combinadas imaginar. Traté de calmarme, pero no sirvió de mucho. Fue la primera vez en mi vida en que me sentí verdaderamente desamparada, verás, ante un peligro invisible como ese cualquiera se hubiera sentido como yo. En medio de la confusión, caminé exasperadamente a mi cuarto y me metí a la cama (que se había enfriado en el transcurso de la madrugada). Intenté dormir, pero al mirar hacia la ventana de mi cuarto, percibí que el rey sol ya estaba dejando a la ciudad entera apreciar sus radiantes rayos.
No había dormido durante toda la noche, pero cómo quería ir al colegio. No iba a soportar un momento más en mi casa; que, aunque sea el lugar que toda la vida me alvergó, ya no me proporcionaba la seguridad de antes. Me quedé dormida en la van que me trae al colegio, pero esos 30 minutos no lograron compensar todo el sueño perdido, así que decidí dormirme en las clases de Matemática y Geografía.
- Bonnie, despierta - escuché
Insistí en no levantarme.
- Bonnie, por favor, despierta - insistió
Aquella voz me resultaba familiar. Decidí entonces levantarme.
- Bonnie, te quedaste dormida. Ya es la hora de salida. Todos tus compañeros ya se fueron, incluso tu profesora, que intentó levantarte y después de varios intentos se rindió y se marchó.
Era Adriano. Había entrado a mi salón después que todos se hayan ido para poder despertarme.
- ¿No has dormido bien, verdad? - preguntó denotando preocupación
- No - respondí - No pude dormir en toda la noche
- ¿Por qué, cariño? - preguntó con su tierna preocupación reflejada en sus ojos miel - Ah, se me olvidaba. Estamos en el salón, y te lo repito porque puede que estés un poco desorientada. Vamos al patio para que me lo expliques mejor.
Mi colegio era grande, muy grande en verdad. Tenía una hermosa iglesia en su interior, decorada con mosaicos franceses. Tenía también patios amplios y varias canchas de básquet, fútbol y vóley. Recuerdo perfectamente que me gustaba jugar en la parte trasera del colegio, en donde se encontraba el frontón y una cancha de fútbol de grass (grande y hermosa para serte sincera, y que era más hermosa aún porque a su costado se encontraba un bello jardín. Un jardín con árboles frondosos que daban la sensación de tranquilidad; y, debidamente enfocado, formaba una hermosa imagen cinematográfica). Mi colegio tenía cosas envidiables, como una piscina temperada, un coliseo, un teatro (mágico y misterioso como mencioné anteriormente), dos laboratorios para ciencias, tres laboratorios para computación y dos bellos pabellones (actualmente uno nuevo está en construcción, según me han informado). No es que quiera alardear, no es que quiera hacer una campaña de publicidad, sólo quiero que sepas cuánto quería y valoraba a mi hermoso colegio. Y lo más hermoso de todo no era la infraestructura, sino sus profesores dignos de confianza y las personas que podías encontrar allí. Habían todo tipo de personajes (como en cualquier lugar) pero, a pesar que algunos pudieran ser algo imorales o fastidiosos, todos compartían ese amor al colegio, ese cariño a los profesores, esa fraterna estima a sus compañeros. A mi me gustaba, y me sigue gustando, mi colegio por todas esas cualidades que tiene. Fue ahí en donde pasé los mejores años de mi vida y en donde conocí a amigos incondicionales.
Lamento haber hecho este paréntesis, pero necesitaba describirles el contexto de varias partes del relato que estoy contándote, lector. Era preciso y necesario. Quiero que sepas que al leer mi historia, estoy poniendo mi confianza entera en tí y confío en que entenderás mis secretos y no los usarás como objeto de burla o maldad. Eres como un amigo que nunca conoceré pero, sin embargo, me entiende y desea conocer más de mí. Te agradesco por eso.
Siguiendo con el relato, Adriano me brindó su hombro como soporte y caminamos (bueno, yo caminé pausadamente) a un parque cercano al colegio, apacible y desolado.
- Bueno, ahora dime por qué no dormiste toda la noche - replicó Adriano
- Es que, no sé si vas a creer lo que te diga a continuación - dije en tono serio
- ¿En serio crees eso? Vamos, confía en mí y relájate. Comprenderé tu situación lo más que pueda - dijo acariciando mi cabello; y, a la vez, acariciando mi alma con su sonrisa
- Bueno, entonces lo soltaré. Es que, ayer sentí presencias extrañas en mi casa
- ¿Entró un ladrón a tu casa? - preguntó Adriano
- No, creo que no me has entendido. - respondí - Sentí a un fantasma, pero no sólo eso, te contaré como fue todo
- Si te da mucho terror contarlo o simplemente no tienes ánimo de hacerlo no es necesario que me lo cuentes
- Te lo contaré porque siento la necesidad de hacerlo. En primer lugar, sentí un insoportable olor a putrefacción. Cuando quize salir de la casa porque ya no podía tolerarlo más, una fuerza extraña, demoníaca diría yo, me empujó hacia atrás y me golpeé la cabeza. Sangré. Vi a una mujer en el espejo que en mi vida había visto, y al voltear a verla desapareció. No sé que pasa con mi casa, no sé si sólo fue una pesadilla o imaginaciones mías, pero estoy muy aterrada - dije a Adriano con lágrimas en los ojos, porque era demasiado hostil tener para mí tener que recordar eso
- Tranquila mi Bonnie - me consoló - Entiendo cómo debes de sentirte, te entiendo. Necesitas calmarte, olvida lo que pasó y sigue normal con tu vida. Será mejor que ignores a ese fantasma, porque si le das más importancia seguirá fastidiándote, ¿sí? Vamos, vamos, te ayudaré a dormir.
En sus palabras sentí una explosión de ternura y alivio. Supe que lo quería más que a nada visto o imaginado en la tierra, y que él me quería de la misma manera. En la misma banca, me senté en las piernas de Adriano, pero él me cargó como una bebé y me arrulló para que conciliara el sueño. Me dio un beso en la frente y yo lo miré con ojos soñolientos. En ese instante, supongo, él no pudo resistirse más y me dio un par de besos en la boca, para nada insidiosos. Yo rodié su cuello con mis brazos y me pegué a su rostro. Esta vez fui yo la que le dio un beso apasionado. Ay, querido lector, no tienes idea de lo feliz que me sentía en aquel momento, de lo amada y protegida, de lo almibarada que mi alma se sentía al igual que los ojos de Adriano, siempre protegidos por un par de lunas que ayudaban a ver mejor a sus ojos miopes.
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Obsesión inmiscuida
RomanceBonnie es una chica que está entrando en la adolescencia pero que es muy madura para la edad que tiene gracias a las experiencias difíciles de su pasado. Adriano, su segundo enamorado, es el chico que ella siempre soñó. Pero las cosas se complican c...
