Capitulo 6

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Todos estos recuerdos me hacen llorar una y otra vez. Soy una persona ciscunspecta, se perfectamente que lloraré al terminar de relatarte esta historia, incluso estoy llorando en este mismo instante. Creerás que te cuento infructuosamente estos capítulos importantes en mi vida, pero sí tiene utilidad contarlos. Para mí es muy importante relatarte esto, necesito descargarme con alguien. Nunca antes había contado esta historia con tal pasión, con tantos detalles, puesto que siempre andaba ensimismada en mis cavilaciones (que nunca, o muy rara vez, las hacía conocer al resto). Andrés, mi mejor amigo, es el único que actualmente conoce esta historia por completo, pero yo se la conté con el desgarro del momento, nunca como una obra de arte. Pero no te enojes, lector, que serás conocedor tú también de mi historia, sólo que tienes que leerla por completo. Una última cosa: Quiero que sepas que en este libro siempre haré este tipo de pausas. Desviarme un poco de la historia con este tipo de detalles creo que la harán más amena para tí y te premitirá conocer los detalles que a veces se les escapan a algunos escritores en sus obras.

¿Recuerdas cuando me limité a describirte los ojos de Adriano? Es confuso porque (recién me doy cuenta) que primero puse que eran marrones, luego color miel y finalmente verdes como los de su padre. No creas que ha sido un error de tipeo, es sólo que sus tamizados ojos sufrían de este cambio de color continuamente. Él heredó de su abuela (un gen si se podría decir) que hacía que sus ojos vayan cambiando de color a lo largo del día. En la mañana, cuando despertaba soñoliento, sus ojos eran negros, oscuros y apasionantes. Al mediodía, como un hombre lobro sufriendo su transformación en frente de la luna, los ojos de Adriano se tornaban súbitamente en verdes al más mínimo contacto con los rayos del sol. Finalmente, al anochecer, volvían a oscurecerse en un tono más acaramelado y dulzaino. Pero no quiero aburrirte más describiendote sus ojos, empezaré a describirtelo en general, puesto que ahora mismo se me vino una imágen más clara de él a la mente. Él era de esos chicos no muy altos pero tampoco muy bajos, tenía la boca aterciopelada y ligeramente gruesa, las pestañas las llevaba rizadas, su cabello era esponjoso y ondulado, su sonrisa te embaucaba y te hacía creer que habías volado hacia otra dimensión...¡Aun suspiro recordando esa sonrisa! ¡Aún plasmo en mi mente la cara de felicidad que él ponía cada vez que me veía! En cuanto a sus pasatiempos, jugar voleyball era su pasión junto con actuar, por supuesto. Le encantaba escuchar rock en inglés, ver películas de acción (Rápidos y furiosos era su favorita), jugar videojuegos (pokemon fue siempre su vicio) y chatear por internet con sus amigo. Cabe recalcar que irse de fiesta todos los fines de semana y coquetear con chicas fueron sus pasatiempos vanales, adquiridos por sus amigos sarnosos que le contagiaron esos hábitos. Pero a pesar de todo, yo lo quería y le aguantaba esas estupideces. Y no es por falta de dignidad, sólo que yo soy así. Soy una persona muy compasiva, facil de convencer, incondicional.

Ya te describí a Adriano, supongo que te describí sus características más esenciales. En cuanto a mí, creo que la cosa se complica más. Soy una persona con muchas cosas en la mente, muchas ofuscaciones y turbaciones. Anteriormente, antes de conocer a Adriano, mi existencia era apacible, aunque no del todo. Siempre fui una niña enferma, paraba echada en la cama de un hospital por una terrible enfermedad a los riñones. Dura infancia, lo sé, pero por lo menos era tranquila y libre de preocupaciones. A veces comparo las heridas de mi pasado con las rajaduras de los espejos rotos: puedes curarlas, repararlas; pero siempre seguirás viendo las grietas en el reflejo. Lady Gaga fue la que una vez dijo algo parecido, no soy muy partidaria de su música, pero tiene toda la maldita razón. Siempre traté (y sigo tratando) superar esas molesta y fastidiosas heridas tumultadas en mi corazón que no me dejan vivir el presente claramente y sin dolor. Soy pesimista, demasiado perfeccionista conmigo misma. Desde pequeña he tenido a una celosa y vanidosa hermana que socarronamente me hacía la vida imposible y me criticaba todo a gritos y golpes. Mis padres nunca la corrigieron, incluso siempre la mimaron más que yo; pues claro, cualquiera hubiera preferido pasear y divertirse con la hija que siempre estuve llena de vida y salud, alegre y energética, de fuerte carácter  y manipuladora mirada. La hija débil, enclenque, frágil y temerosa nunca hubiera podido servir más que para dar molestias, gastos de dinero y preocupaciones a sus padres. Dios, la psicóloga me dijo que escribir este libro me ayudaría mucho a desfogarme, pero me deprime más de lo que creería. Pero aquí me tienen, aquí tienen a una Bonnie cantante, escritora, pianista, dibujante, bailarina y actriz pero que es también débil, triste, inferior, errónea, opaca, umbría, estúpida. Aquí tienen a la Bonnie que nunca fue lo suficientemente buena en nada, la que tuvo que soportar siempre a la gárrula de su hermana, la que tuvo que soportar esa fría indiferencia por parte de sus padres, la que siempre intentó de todo para que sus padres la logren querer aunque sea un poco, la triste y tonta niña a la cual nadie lograría querer de verdad. NADIE EN ESTA VIDA SE DIGNARÍA A ECHAR A PERDER SU TIEMPO PARA QUERER A LA DESDICHADA DE BONNIE ¿Qué debo esperar yo de la vida, si la impiedad a cambio de practicar la piedad recibí?¿Qué puedo esperar yo de algún dios o del destino, si es que ambos me fallaron completamente e hicieron un infierno de mi existencia? El demonio se enamoró de mi vida y la convirtió en algo difícil de sobrellevar. Mírame ahora, abandonada, con un cigarrillo en mano, tratando de reconciliarse con mi pasado y buscar un futuro mejor. No sé cómo hacer esto, ayúdame lector, necesito tu ayuda más que nunca ¿Alguna vez haz pasado por algo similar? No lo dudo, nunca lo dudaria, la vida siempre tiene sorpresas miserables para todos. Tengo que salir de este abismo, tengo que recuperarme de mi pasado, pero sin antes terminar de contarte esta historia. Es indispensable que lo sepas, para que se la cuentes al mundo entero y que la historia de esta chica invisible se haga conocida al menos entre un grupo de amigas (esos grupos que nunca tuve). Andrés ha sido el único amigo, el único en la Tierra que entendio a esta chica, el único incondicional que nunca dudó en consolarme ni en ayudarme. el único chico al que quiero como el hermano ideal y protector que nunca tuve la suerte de tener. Siempre será mi mejor amigo, no confundan las cosas ¿Alguna vez nos gustamos? Claro que sí, hace mucho tiempo atrás en 6to grado de primaria. Las cosas entre nosotros no resultaron como esperábamos, así que preferimos continuar siendo los mejores amigos (y eso no me afecta en nada) ¿Le seguiré gustando? Vaya uno a saberlo, aunque si se me permitiera opinar sobre esa pregunta argumentaría un no con que él siempre me trató como una hermanita y nos dábamos consejos amorosos el uno al otro. Andrés, mi amigo Andrés. Más bajo que yo, piel morena, sonrisa cálida, frenillos, ojos pardos, delgado, es la descripción concreta de él. Confiable, cariñoso, confidente, consejero, alegre, gracioso, maduro, son los adjetivos que lo califican. A veces creo que lo quiero incluso más que a mi propio padre. Nunca mi padre me prestaba atención, siempre paraba trabajando y me descuidaba bastante. Cuando mi hermana se fue a vivir a los Estados Unidos de América, mi padre entró en una grave depresión y no quería verme para nada, porque según él no me parezco en nada a ella (y le agradesco a mi madre por no haberme creado así) ¿Ya ven que tengo mis motivos para quererlo más a Andrés que a mi padre? Por otro lado, mi madre era más cariñosa conmigo. Madre, como desearía tenerla junto a mi. Lastimosamente se habrán ya enterado que la perdí siendo muy pequeña, algo que hasta el día de hoy me sucumbe. Madre, que linda suena esa palabra y más linda aún es decírsela a la persona que te dio la vida. Madre, mamá, mamita, nunca más regresarás conmigo, pero se que falta poco para reunirnos. Mi existencia es una paradoja, un misterio enredadizo, pero algunos recuerdos que tengo simplemente son maravillosos y no los dejaría ir por nada.

Perdóname, no planeaba describirte mi baja autoestima...Sigamos con el relato, pasará algo que será de tu interés.

Obsesión inmiscuidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora