Capítulo 3

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Con el miedo y la incertidumbre de toda aquella situación, a pesar de estar temblando incesantemente, me atreví a susurrarle al oído y le pedí que vayamos a un lugar más alejado porque no quería que nadie se percate de lo que le diría. Él me siguió sin decir más y se quedó de pie, justo en frente mío.

- ¿Por qué quieres saberlo? ¿A ti quién te gusta? – le pregunté armada de valor

Adriano me pegó contra la pared del teatro y me miró fijamente.

- Bonnie, hay algo que quiero decirte – me dijo – pero nunca he sabido cómo hacerlo, soy realmente malo con las palabras cuando se trata de esto.

Cuando se trata de “esto”. Solamente ambos sabíamos bien a qué hacía referencia aquella palabra. Fue en ese instante en el que mi corazón se sintió por primera vez seguro, acogido, amado y tranquilo. Lo obvio iba a ser revelado y solo faltaba revelar una palabra para desatar todo sentimiento paradisiaco.

- Me gustas – dijo Adriano – me gustas desde la primera vez que te vi.

Querido lector, el paraíso sí existe, existió en ese momento para mí. Me dieron unas ganas horribles de besarlo, pero era demasiado pronto. 

- Adriano…Te quiero, te quiero mucho 

Fue lo único sensato, sencillo y sincero que pude soltar en aquel momento. ¿Acaso podía decirle en ese momento que él era uno de mis grandes motivos para seguir luchando? Quizás sí, pero cuando sientes tanta felicidad en el corazón no es necesario soltar tantas palabras. 

- Aún no he terminado de decirte todo - dijo Adriano

Me desilusioné por un instante. Estaba preparándome a recibir el impacto de ese fastidioso "pero" que siempre arruina este tipo de situaciones. Mi corazón ya se quería romper sin que Adriano haya dicho lo que yo temía. 

-¿Quieres ser mi enamorada? - preguntó con esa voz algo ronca, algo temblorosa

¿Habría escuchado bien? me preguntaba. Nunca hubo un "pero" ni nada desalentador. ¿Era verdad lo que estaba ocurriendo? Hasta ahora me lo sigo preguntando ¿No sería otro de esos sueños lúcidos en los que me desiluciono después de despertar?

- Bonnie, contéstame. Sólo di sí o no. He estado esperando más de un año para poder tenerte, para tener el valor de preguntarte esto. Respóndeme, que mi corazón ya no puede esperar más.

En ese instante confirmé que todo lo ocurrido era real y lo abrazé como se abrazan ciertas cosas deseadas por tanto tiempo. Lo abrazé con desgarro, empecinándome en sus brazos, sintiendo aquel beso tierno pero ardiente en mi mejilla izquierda. 

Teníamos que seguir ensayando. La sonrisa del rostro no se me borró en todo el día hasta llegar a mi casa. Fue entonces cuando recibí una llamada en mi celular. El número me parecía familiar, pero no me acordaba en ese momento de quien era exactamente. Me limité a contestar como cualquier persona lo haría. ¿Por qué no me habré acordado en ese momento que aquel número era de la persona con quien menos hubiera deseado hablar?

--llamada telefónica--

- ¿Aló? - contesté

- Maldita, eres una maldita - dijo aquella voz estremecedora

- ¿Quién habla? - pregunté

- ¿Enserio no me reconoces? -preguntó 

- ¿Ernest, eres tú?

- ¡Pues claro que soy yo! Claro, cómo pude no haberme dado cuenta. Estás tan ocupada pensando en el estúpido de Adriano que ya ni te acuerdas de mí.

- No le digas estúpido - le reproché

- Pues, ¡es un estúpido, dos veces estúpido, mil veces estúpido! - ladró

- No hagas una escena. Entiende que lo nuestro se acabó hace ya tiempo y que no quiero nada contigo y no tienes derecho en entrometerte en mi vida. 

- Puedo entrometerme las veces que se me den la gana. Y no te hagas alucinaciones, que yo no te amo más. Pero no soporto el hecho de que seas feliz con alguien más - argumentó

- Entonces aún no me olvidas del todo y te pido que lo hagas

- Lo sé, me vengaré de tí Bonnie Skyfall y en especial del engendro Machitella con quien te metiste. 

--fin de la llamada--- 

Colgué de inmediato ¡Ay, como lo detesté en ese momento! Yo estaba tan feliz y de pronto el cobarde de mi ex me llama. Subestimé mucho lo que era capaz de hacer Ernest (y eso mismo fue lo que me llevó directamente a la tormenta).

Después de desquitarme con las almohadas de mi habitación (la cólera me invadió), viré mi cabeza hacia el calendario que estaba pegado atrás de mi puerta. Era un 21 de Mayo del 2008, la fecha en que mi madre cumplía 10 años de fallecida. Falleció de un cáncer al pulmón cuando yo apenas tenía 4 años en este mundo. Toda mi familia dice que soy igual a ella, que soy su imágen viva. Realmente la extraño mucho, y me es dificil pasar el "Día de la Madre" viendo cómo las demás chicas de mi edad pueden abrazar a sus mamás y yo ya no puedo hacerlo. Es muy duro para mí hasta el día de hoy que estamos 2011.

Cuando pasaron dos semanas desde que Adriano me declaró su amor, empezaron a ocurrir cosas extrañas. No, no es nada relacionado con Adriano. Él me trataba demasiado bien para sospechar algo malo de él. Eran sucesos paranormales los que me aturdían. No podía conciliar el sueño, me era imposible. Cuando la noche estaba en su punto más oscuro, veía como las cosas se movían o se caían sin explicación alguna. No solo eso, sentía que una mano helada e imperseptible me tocaba por toda la noche. Era algo muy desesperante. Mi padre creía que tenía algún problema psicológico, algún tipo de creencia que me hacía imaginar estas cosas. Pero yo estaba demasiado segura que no era mi imaginación, algo extraño sucedía. Me hubiera alegrado que la casa haya sido la única afectada, pero el espíritu (la mano fría, la desesperación) me seguía a dondequiera que iba. Pero hubo una noche en especial que está marcada en mi mente, algo muy traumante que no podré olvidar y que hasta ahora me persigue en mis sueños.

Obsesión inmiscuidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora