Comencé la misma rutina de siempre de lunes a viernes: ponerme el uniforme, tomar desayuno, esperar a la movilidad... No pasó nada extraordinario, solo un conjunto de acciones predecibles que cualquier alumna común y corriente de 2do de secundaria haría en el colegio En la semana que le seguía Adriano faltó tres días. En el transcurso de esos días me sentí verdaderamente sola (y me preocupé por Adriano, por supuesto). El día miércoles, al salir del colegio, no seguí el camino que me llevaba a mi casa, si no que me fui por otro lado. Tengo buena memoria y un buen sentido de orientación, así que yo soy una persona que muy dificilmente se podría perder. Pasé por un pequeño parque con juegos infantiles, en donde los pequeños reían y saltaban en la felicidad proveniente principalmente de la inconciencia que tenían sobre la realidad. Algo que debo confesar ahora es que las hendiduras de mi corazón se profundizan cada vez un poco más cuando veo a un niño sonriente, lleno de salud e ilusiones. Como el lector debe saber, mi infancia fue una maraña de recuerdos duros. Supongo que también se debe de haber percatado que por mi condición física yo no podía saltar, jugar ni hacer movimientos juguetones y risueños que en lo común los infantes hacen. Y recordaba y añoraba regresar al pasado, hacer una maniobra científicamente imposible que haga de alguna manera evitar haber nacido con una malformación en los riñones y uréteres, los cuales colaboraban sin titubeo a que me den reflujos, infecciones y cálculos muy frecuentemente. Eso no quita el hecho de que yo tenía algo de ilusión, una inocente curiosidad por saber ciertas cosas, pero el dolor y el padecimiento bloqueaban mi mente y no podía pensar sólo en el por qué me tuvo que pasar eso o en analizar que cosas malas hice para merecer eso. Dios me odiaba sin fundamento alguno y se convirtió en un diablo para mí. Uy, terrible padecimiento, que ni con los transplantes que me hicieron pudo cesar, sino que seguía en igual intensidad hasta que poco a poco se enfrió y a los 12 años desapareció por completo. Por eso es que ver a niños jugando en un parque (o en un patio, en una callecita poco transitada o en donde fuere) me resquebraja el alma, porque se que no tengo nada al alcanza para revertir todo lo ocurrido.
Bueno, luego de esa corazonada quemante, seguí con mi recorrido como si mis ojos no hubieran visto nada ni hubieran hecho recordar a mi muy confiable memoria la imágen cinematográfica y turbulenta que tenía grabada del parque y los niños que jugaban a lo lejos, visibles desde la ventana de mi cuarto de hospital. Seguí caminando. El viento fresco me daba a la cara y me sentía libre, pero era una libertad subjetiva. Cuando llegué a la casa a la que quería ir piqué el timbre y esperé a que me abrieran. Y ahi estaba Adriano en pijamas, cansado pero con una sonrisa de mejilla a mejilla por mi inoportuna visita. Nos dimos un beso fugaz en la entrada y luego él me hizo pasar a su casa. Él me había dirigido a su cuarto, pero en vista a que estaba un desastre (calzoncillos, medias, papeles y libros desperdigados por todas partes) nos fuimos a la sala y nos sentamos en una sillon verde aguamarina.
- Y dime, ¿por qué no fiuste hoy al colegio? - pregunté
- Estaba enfermo - contestó - hace cuatro días comí unos queques que estaban pasados de fecha y me cayeron mal
- Ay, Dios ¿Sigues malito?
- Ya no, pero mi padre creyó que era mejor que hoy no fuera
Sonreí suavemente y le di un abrazo de costado. Él me devolvió el abrazo y me dio un besito en la mejilla. Escuchamos a lo lejos un sonido tintineante. Se oyó el sonido de una llave introduciéndose en la perilla de la puerta de entrada. La puerta se abrió y visualizé al padre de Adriano, quien llegaba de trabajar.
- Bonnie, que sorpresa - dijo el Sr. Machitella - Adriano, ¿no le has invitado nada? Que desconsideración. Ven, siéntate en la mesa y almuerza con nosotros.
- Gracias, señor, pero ya almorzé. No tiene por qué preocuparse - contesté ante su invitación
- Yo también almorcé, papá - dijo Adriano
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Obsesión inmiscuida
RomanceBonnie es una chica que está entrando en la adolescencia pero que es muy madura para la edad que tiene gracias a las experiencias difíciles de su pasado. Adriano, su segundo enamorado, es el chico que ella siempre soñó. Pero las cosas se complican c...
