Capítulo 5

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Me levanté llena de paz y tranquilidad, pero el olor a flores de aquel parque ya no estaba presente y tampoco los brazos de Adriano sosteniéndome. Miré extrañada el entorno y percibí con mis manos que me encontraba encima de un blando colchón.

- ¡Estoy en mi cuarto! - exclamé

Corrí a abrir la ventana por si encontraba alguna señal de que Adriano seguía cerca aún, pero no lo encontré.

- Maldito, maldito Adriano - mascullé - sabiendo perfectamente el pánico que ha sembrado este lugar se atreve a dejarme sin explicación alguna, sin avisar, completamente sola. 

En medio del terror, del pánico sin sentido que abordaba a mi mente, divisé una pequeña nota en mi escritorio. La letra era de Adriano, sin duda alguna.

Te veías tan angélica y delicada dormida entre mis brazos que no me atreví a despertarte. Lamento haber tenido que dejarte sola, pero ha ocurrido algo grave en mi casa y, según me entero, es un evento debastador en el que tengo que estar presente. Te llamaré lo más pronto que pueda. Te quiero pequeña.      

                                                                                                                                                   Un evento debastador... un evento debastador... un evento debastador, esas tres palabras retumbaban en mi mente. Decidí entonces llamar a Adriano. Alguien, una voz extraña, contestó la llamada. Pude oir dolorosos, desgarradores, horripilantes, agonizantes gritos y lamentos.

-Sigo dentro de la casa - pensé, con el pánico nuevamente inundado en mi ser

Salté por la ventana (claro, llevándome mi celular en la mano) y los gritos y el desastre seguían viajando y proyectándo el sonido de éstos en mi celular.

- ¡Adriano! - grité 

Entonces, poniendo el celular en altavoz, escuché un par de pisadas fuertes que se acercaban al teléfono.

- Luego te llamo - dijo Adriano 

Dicho esto, la llamada se cortó. Empecé a plantear varias hipótesis, pero la que más me sucumbía era la posibilidad de que algún espectro lo haya atormentado a él también. Me sentí culpable, sentí que todo (todos los gritos y lloros) fueron ocasionados por mi culpa, por haberle contado algo que es un secreto entre los diabólicos espíritus (no te burles, esto va muy encerio). No me importó el tono vago y difuso de su voz en el teléfono e insistí en llamarlo nuevamente. Nadie respondía. Llamé otra vez, pero nadie contestó. Y la desesperación iba de la mano con la preocupación. Por culpa de mis egoísmos, ocasioné todo esto y llevé a ejecutar algo que no debía de ser nuevamente ejecutado. En mi impaciencia, recibí un mensaje de mi amado. Tenía miedo de lo que su contenido revelaría, no quería ver palabras soezes contra mí culpándome de algo terrible. No queria, no quería ni ver el celular entre mis manos, pero la curiosidad pudo más que yo... 

Te necesito, ven lo más pronto posible. Ven a Av. Húsares de Junín cuadra 3 #302

Adriano me pedía ir a un lugar que, practicamente, estaba a media hora de mi casa si iba en taxi. Sabía que mi padre podría llegar en cualquier momento (pues, si no lo mencioné antes, nunca tiene una hora fija para salir del trabajo), pero no me importó, supuse que lo comprendería.

Para mi buena suerte y con la ayuda del destino, encontré un taxi vacío que aceptó llevarme (los taxistas se habían vuelto muy eticosos en Lima con respecto al lugar al que querían dirigirse). 

- Que terrible señorita, la sociedad está cada vez peor - dijo la taxista

- ¿Sí? ¿Por qué lo dice? - pregunté con la intención de calmarme un poco y distraerme con una de esas tantas charlas triviales que se tienen con los taxistas 

Obsesión inmiscuidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora