Después todos nos quedamos callados, y no podría decir que era de esos silencios cómodos porque no, no era así, mis manos sudaban al punto de escurrir. En un intento las talle en mis jeens ajustados.
—Haz...¿visto a Jordyn?— aprieto mi mandíbula.
—Ah...si, salimos una vez a tomar café, ya sabes nada fuera de lo común.
Asiento lentamente. Otra pequeña cortina de silencio se interpuso.
—Creó que los conozco de algún lado pero...de donde, de donde—, El señor que se encontraba enfrente de nosotros parado habló.
Sonreí al ver la forma graciosa en la que mirada al cielo y chiscaba los dedos.
—¡Ya! Ustedes son muchachitos famosos ¿no es así?— Nos señalo con una ceja alzada.
Asentimos tímidos, la palabra "famosos" la escuchamos a diario y es algo molesto.
—Recuerdo que salieron en las noticias mañaneras con mi futura esposa Rosy como esta hermosa esa mujer— suelto una risita, al recordar a la joven conductora.
—Tu saliste con otras 4 chicas, dejame decirte que son muy buenas corredoras.— Mire a Maddie y estaba mas roja que un tomate. —Y tu, no recuerdo bien pero estaban cantando y te quedaste en shock—
Santos cielos, apenas había olvidado ese trágico momento.
—Ah...si recuerdo que— carraspeo,— olvide la letra.
—Debio de ser eso— dijo no muy convencido.
Asentí, y mire a Maddie quien me estaba mirando fijamente, no quite la mirada hasta que la voz de él sonó de nuevo.
—Ahora que lo pienso, creí haber escuchado que antes habías asistido a un teatro en Texas y tal vez eso te afectó.
Y todo cayó.
Empecé a temblar. Gire mi mirada hacia el señor. Se encogió de hombros. Para ser un anciano tiene la boca muy grande.
—¿Que...dí-a?—Maddie me miraba fijamente. Sus ojos se agrandaron mas de lo normal.
Odio los momentos así.
Trague duro, por un momento olvide mi pánico.
No quería recordar ese momento, no hoy, apenas empezaba a entablar una conversación con Maddie, no era muy buena, pero no tenia gritos ni lágrimas. Si se lo confieso tal vez todo mejore y a ella también le guste pero sino es así, tendré problemas con el idiota del guarura.
—¿Que?— intento sonar despreocupado pero falle notablemente.
—¿Fue...tu concierto?— si Maddie seguía mirándome así juro que terminare besándola.
