Capítulo 12

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Cuantas veces han sentido un desgarre en el corazón, ese dolor natural que sientes al afrontar una ruptura amorosa. Quizás no muchas personas lo hayan sentido, pero quien tuvo la oportunidad de sentirlo, solo sabe que tan desagradable puede ser. El saber que no sabrás más de la persona que amas con intensidad, nos hace sentir vulnerables y sin ganas de seguir con nuestra vida adelante. Muchos de los que lean esta parte, dirán que ridiculez. Solo los que amaron realmente, sabrán a lo que me refiero.

Maria estaba sintiendo eso, que su mundo se había derrumbado, que su vida de ahora en adelante seria vacía y sin sentido. Quería ser una maldita egoísta y pensar solo en sus felicidad, poder buscar al hombre que amaba y pedirle otra oportunidad. Pero no, era demasiado buena como para cometer eso en contra de su familia. Sabiendo que al hacerlo, se irían a la calle.

Esa tarde fue la peor de su vida, estaba en su habitación mirando desde su tocador el vestido que usaría en dos días... El cual sería testigo de su nueva vida, de su nuevo camino. Se casaría con alguien que ni siquiera conocía, solo por el amor a su familia.

El vestido era sencillo pero hermoso, sabía que se iba a ver muy bonita con él puesto. Pero era algo que no la alegraba, sabiendo que no iba a ser Esteban él que disfrutaría de esa vista. Por un momento fantaseó con eso, cerró los ojos y se imaginó ya vestida y arreglada para su boda.

Bajaba las escaleras de su casa, estaba espléndida y con una hermosa sonrisa, al pie de las escaleras estaba él, su amor... Esteban la esperaba sonriente, sus ojos brillaban admirando su belleza, era un placer para él verla.

-Estás preciosa mi amor. -Decía él tomándola de la mano y besando la misma. Ella sonreía y lo tomó con fuerza de su mano, terminando de bajar las escaleras. -Quiero que ya seas mi esposa. -Le susurraba al oído.

-Y yo quiero ser, ya! Tu esposa... - dijo sonriendole.

-Soy el hombre más afortunado y envidiado de éste lugar, todos desean estar en mi lugar... Y solo yo, tengo ese privilegio. -Musitaba mirándola a los ojos, Maria sonreía enamorada.

-Te amo grandulón. -Lo besó en los labios y lo abrazó.

-Yo más pequeña. -Ella lo miró con amor y acarició su rostro. -Vas a ser mía para siempre, desde hoy solo seremos tú y yo.

Ella lo besó y sonriendo lo llevó hasta donde estaba el juez. Iban a casarse, lo había deseado tanto y ahí estaban, a tan solo unos minutos de hacer su gran sueño realidad.

Maria abrió los ojos, suspiró y se secó las lágrimas que caían por su rostro.

-Esteban... -Murmuró entre sollozos. Se acercó a su vestido y lo acarició. -Como quisiera que fueras tú el hombre con el que voy a casarme. -Se sentó en la cama y se cubrió el rostro con una almohada.

No aguantaba más...
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Esteban estaba en el jardín de la mansión San Roman, con unos documentos que llevaba en la mano se sentó en la mesa que usaban para desayunar y se sumergió en ellos. Tenía trabajo atrasado, mientras leía... pensaba en ella.

Flashback

-María por Dios, porqué no me lo dijiste? -Ella cerró los ojos, sabía que lo iba a decepcionar, ella era tan inexperta en esa materia y él, claro todo un adonis, tendría toda la experiencia del mundo. Quiso levantarse, pero él no se lo permitió, no ahora que por fin la tenía tan conectada a él. -Mirame pequeña, por favor. -Ella abrió los ojos y en el instante que hizo conexión con los ojos de él, sintió que Esteban jadeaba. Él pensó que estaba loco, solo con mirarla sentía que todo su cuerpo se estremecia, que le estaba sucediendo?

"No le temas al amor" Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora