5. Es...

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Unas caricias suaves despertaron a Joel.

- ¿Uh...?

Abriendo los ojos con pereza, divisó una silueta femenina parada justo a su costado. Cuando la visión dejó de ser borrosa, y la nitidez llegó a sus ojos, se enderezó, viendo a Noraya ahí, con una sonrisa pequeña.

- Duermes como bebé.

- Estar con mis amigos me relaja. ¿Qué hora es?

- Cuatro y media.

- ¿Qué? – puso sus manos en su cara con sueño, volviéndose a tumbar en el pasto. De verdad que habían pasado muchas horas.

- Eres un descuidado, podrían haberte robado algo. – dijo suave Noraya, sentándose al costado de su novio. Pero su mirada viajó hacia el pasto, a unos cuántos centímetros de distancia, donde una colilla de cigarro descansaba. – sabes que no me gusta que fumes.

- ¿Cómo llegaste? Pensé que no salías hasta las seis.

- Sabes que no me gusta que fumes.

- Ya, déjalo. No pude evitarlo, lo siento.

- ¿Vas a tirarte un cigarro cada vez que te sientas triste? Momentos así vas a tener muchos, y a este paso morirás de cáncer de pulmón.

- Está bien, señora optimista. Por cierto, fíjate dónde estás diciendo esas cosas.

Noraya miró alrededor, recién entrando en razón realmente de que estaba al costado de las lápidas de esos cuatro chicos que le sacaron tantas sonrisas en su momento. Ella calló entonces, quedándose sin habla.

- ¿Cómo supiste que estaba acá? Pensé que no salías hasta las seis.

- El jefe me dejó salir temprano, dijo que me tome un descanso pues me veía estresada hasta la punta del cabello. Y es obvio que estabas acá, nadie contestaba en casa.

- Mmm...

- Me debes una cena.

- ¿Vienes a verme o a pedirme comida?

- ¡Me lo prometiste!

- Tranquila, sé lo que dije. De todas maneras, a tus caprichos – agregó, enderezándose otra vez para luego pararse – ya estoy acostumbrado.

Le tendió la mano a Noraya, para ayudarla a levantarse. Entrelazando sus dedos como solían hacer, Joel se fijó en que los ramos de rosas estén correctamente distribuidos, y de que la botellita de vino siga donde la puso.

"Volveré"

Agarró su mochila y se la puso al hombro. Finalmente, salió del cementerio hablando de trivialidades con la chica que tanto quería.


°°°°°


Pasaron por la casa para que él pudiera ducharse y cambiarse de ropa, a una un poco más presentable. Tenían tiempo de sobra, gracias al jefe de Nora.

Llegaron a uno de los restaurantes más elegantes de la ciudad, entraron y pidieron. La comida estuvo deliciosa, pero no pasó nada extraordinario. La pareja se dedicó a conversar, bromear como solían hacer. Ella le contó a Joel cómo le había ido en el trabajo, y de todo el estrés y cansancio que sufrió con la conferencia y la junta directiva. Él no tenía nada que contarle sobre su día, más que los niños pequeños corriendo por el cementerio como si fuera un parque normal.

Los últimos días, no habían tenido mucho tiempo juntos por el trabajo de ella. Su "mantenido" (como le decía de cariño) se quedaba en casa haciendo las tareas del hogar y cocinando. Esa noche la pasaron muy bien, ella estuvo sonriendo todo el tiempo, cosa que a Joel lo hacía muy feliz. Nada mejor que saber que tu pareja está contenta, y los dos están con un sentimiento de paz mutuo.

Salieron dos horas después, agarrados de la mano y sonriendo. Estaban muy felices, y dispuestos a ir a descansar juntos a casa. En realidad, sólo Noraya tenía sueño. Con la buena siesta que se permitió Joel, dormir esa noche se le haría un poco complicado.

Subieron ambos a la moto, yendo más despacio de lo normal pues estaba lloviendo levemente. Llegaron a la casa, y ella se bajó, sacando las llaves de su cartera para abrir la puerta. El frío estaba haciéndose notar, y la temperatura iba bajando. Él estaba dispuesto a ir a subirla antes de dormir, como sucedió la noche anterior.

Estaba bajando de la moto cuando lo vio.

Un camión grande, un poco antiguo, parecido al de ese día. Ya no era blanco, tenía una capa de pintura azul que no parecía tan vieja... Y el conductor, con la gorra roja, piel trigueña, robusto y la mirada perdida...

- Es...

A dos cuadras más allá, justo cuando se cruzaban la calle con la avenida. El semáforo en rojo. El camión estacionado, con las gotas de lluvia cayendo suavemente sobre el parabrisas. Era él. Definitivamente era él. El conductor del camión que asesinó a sus amigos desde la secundaria.

Al principio quedó realmente impactado. No supo cómo reaccionar y estuvo inmóvil, en la moto con la boca abierta y una pierna a medio alzar.

- ¿Joel? Ven entra ya, hace fr...

La reacción fue violenta. Encendió la moto justo cuando el semáforo cambiaba a verde. Había un mundo de posibilidades, pero con la cabeza llena de rabia, sólo se precipitó en la primera que se le vino a la cabeza: Perseguir, cazar y castigar.

- ¡Entra y espérame dentro! – casi le gritó a ella, manteniendo la vista en el camión, y arrancando.

Por su parte, Noraya estaba confundida. Vio la mirada de su novio, una mirada llena de odio, de rabia, de ira. No parecía él. No era él.

Entonces observó hacia la avenida, justo donde miraban los ojos de Joel. Vio un camión, idéntico al de ese catastrófico día... y entendió inmediatamente.

- ¡JOEL!

Lo llamó, corriendo para tratar de detener la moto.

Pero ya era tarde. 

Noraya & JoelDonde viven las historias. Descúbrelo ahora