Capítulo 11: Las Piezas De Mi Tablero

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A la mañana siguiente mi salud había mejorado drásticamente, así que no tuve problemas en alistarme para el colegio. Con todo lo que había dormido me levanté antes de la hora en que normalmente lo hacía. Para mi sorpresa la puerta estaba abierta, así que no dudé en salir, me dirigía a la sala, pero di media vuelta cuando recordé el "depósito" que tanto me intrigaba. Si él aún estaba dormido y con algo de suerte podría echar un vistazo detenidamente a esa habitación y descubrir por qué tanto misterio con mi captura.

Coloqué mi oreja a la puerta para ver si escuchaba algún ruido, aparentemente no había nadie dentro. Tomé el pomo e hice el amago de abrir, pero una voz escalofriante me cortó en seco.

- ¿Qué crees que haces?

- Yo... ehh... yo sólo me preguntaba si podría tomar esta habitación – fue la excusa más aceptable que llegó a mi cabeza.

- De ninguna manera, no me hagas repetirlo – tomó mi mano con rudeza, mientras me arrastraba a la sala – Aquí no eres un huésped al que debo complacer, así que harás lo que yo diga, ¿entendido? – asentí para salir de la línea de fuego – Ahora toma tu desayuno – dijo sentándose a la mesa.

- ¿Cómo haré para ir al colegio? – pregunté sentándome yo esta vez – No creo que sea conveniente para ti que lleguemos juntos, ¿no? – mordí una tostada.

- Te dejaré en la parada de bus – dijo mientras sostenía tranquilamente en una mano el periódico y en la otra la taza de café – Y antes de que empieces a planear cosas... - esta vez hizo contacto fugaz conmigo – Te advierto que después del gobierno, la policía es la entidad más corrupta. Si vas a ellos, estarás de vuelta aquí en menos de lo que canta un gallo – no pude evitar sentir un balde de agua fría caer sobre mí, este hombre me estaba diciendo que no tenía escapatoria.

- ¿Por qué debería creerte si me mientes a cada rato? – tomé algo de jugo para aclarar mi garganta seca – Me manipulaste desde el inicio.

- ¡Suficiente! – se levantó de su silla y me miró con frialdad – Si ya acabaste el desayuno, te espero el auto.

COLEGIO

No sabía muy bien para qué buscaba el auto de Gaara entre los coches del estacionamiento, si le contaba algo lo metería en serios problemas. Acababa de llegar al colegio y esperaba que Kakashi-sensei al menos ya estuviese en el salón de profesores.

- ¿Sakura? – casi pego un gritillo por la sorpresa, pero por fin la suerte estaba a mi favor.

- Gaara...

- Viste, te dije que no pasaría nada, que ibas a estar segura – posó un brazo sobre mis hombros acercando mucho nuestros rostros – Prometo comprarte un nuevo teléfono, ese te ha estado dando muchos problemas.

- Gaara, con respecto a eso...

- Señorita Haruno, me alegro de verla, necesito que lleve estos folletos de urgencia a clases – mi pesadilla apareció entregándome una pila considerable de papeles – Quiero que todos estén presentes cuando suba al salón, así que dese prisa – Kakashi-sensei buscaba algo en el bolsillo de su chaqueta mientras yo seguía pasmada en mi sitio – ¿Aún sigue aquí?, ¿qué está esperando? – como si se tratara de una orden desaparecí dejando por desgracia a esos dos atrás, creo que había metido a Gaara en un serio problema.

En clases nos entregó los folletos que no eran más que una guía a desarrollar de nuestro examen de Filosofía que debíamos entregar al finalizar la semana. Como si fuera poco faltando sólo 3 semanas para que se acabasen las clases se ideó otra treta para mantenerme vigilada, nombrándome su asistente en cuestiones de consejería, por lo que debía ayudarle con todo el papeleo después de clases.

Soy Un Fracaso, SenseiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora