Comprobé que era todo eso que había traído. Una caja mediana sobre la mesa y un gancho del que colgaba una funda protectora negra de lavandería. Caí rendida sobre la silla, me costaba lidiar con el genio de este hombre que entendía perfectamente como desestabilizar mi corazón en medio segundo.
Sin ánimos tomé la caja y a duras penas me hice del gancho tambaleándome todo el camino hasta el cuarto para no dejar caer una cosa o la otra, mientras Sombra jugueteaba entre mis pies dificultándome la tarea. Una vez duchada busqué ropa interior con la cual me sentía cómoda siempre que vestía algo nuevo. Un conjunto de sostén y braga roja de material muy suave con un toque sutil de encaje en los bordes que no resultaba nada incómodo. Por encima coloqué un camisón, para nada era curiosidad, pero necesitaba saber que había en la caja.
Dentro de la caja se distinguía otra que claramente era una de zapatos. Fue la primera que saqué y comprobé. Unos tacones aterciopelados negros de punta, muy satisfactorios al tacto debía admitir. Volví de nuevo a la caja y me sorprendió ver maquillaje, era verídico que él no había comprado nada, ya que dudaba mucho que supiera para que se utilizaba un rímel. También había una pequeña cartera de mano en color plateado con algo de brillantina, muy femenina y glamurosa para que ese salvaje instintivo pudiese escogerla. Pero lo que realmente me dejó de piedra fue el espejo de mano que se encontraba debajo de la cartera, debía admitir que él decía la verdad. El gruñido de mi estómago me devolvió a la realidad al recordarme que no había almorzado nada por estar de investigadora profesional. Así que antes del maquillaje debía de satisfacer a este gruñón.
Satisfecha con algo ligero y con los dientes bien limpios era hora de empezar a maquillarme, pero primero necesitaba saber el color del vestido, entre todo no quería parecer un arcoíris cuando mi vida era todo menos colores brillantes. Y como si hubiese adivinado el rumbo de mis pensamientos el vestido era de un color negro que caía perfecto con mi estado de funeral.
Una base perfecta para el tono de mi pálida piel, corrector de ojeras que me venía como anillo al dedo con todos los días de estrés que había acumulado y en los que no había dormido para nada bien, sombras pálidas y oscuras para contrastar, aunque que era seguro que usaría una paleta con colores rosas más oscuros que mi cabello. Delineador y rímel para resaltar la mirada, rubor e iluminador en la parte de las mejillas, la punta de la nariz y la comisura de los labios. No podía faltar el contorno para marcar las facciones, polvo para sellar y un sutil labial rosita. Un look básico, pero válido. Noté que en la caja aún quedaba una bolsa plástica hermética con una nota adherida por fuera y una foto mía, ya podía comprender como conocía mi tono de piel.
- El restaurante que visitarás es muy particular, por lo que debes colocar el accesorio que se encuentra dentro de la bolsa en medio de tu frente. No te preocupes por el pegamento, trae el suyo simplemente al despegar la lámina del reverso y no te ocasionará daños en la piel. Espero que tanto el vestido como los zapatos hayan sido de tu agrado. Por cierto, si te sientes muy descubierta colócate el abrigo que viene en la misma funda donde se encuentra el vestido, hace mucho frío por las noches. ¡Saludos! – leí en voz alta, supongo que para mí y para Sombra que me miraba con atención sin comprender muy bien que hacía.
Abrí la bolsa y dentro de ella se encontraba un rombo de color morado, seguro era pedrería de esa que utilizaban para adornar un maquillaje. Obedientemente seguí las instrucciones que ponían en la nota y la pegué en mi frente. ¿Qué clase de restaurante sería?
El vestido era de tiras con un lindo escote en la espalda donde éstas se cruzaban. Comprendí que no necesitaba de mi sostén para esta pieza, ya que traía sus copas adheridas. Se amoldaba perfectamente a mi cuerpo desde los pechos hasta los muslos y acababa con una volado holgado que al ser de una tela muy finita y ligera se dejaba caer sin problemas exactamente por encima de mis rodillas.
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Soy Un Fracaso, Sensei
FanficExiste una delgada línea que divide lo que está bien de lo que no, pero muchas veces la tentación hace flaquear la razón y en temas del amor deja que el corazón tome el control. ¿Está bien o mal odiar a un profesor? ¿qué responderías? y si ahora te...