Epílogo

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7 años después...

Narra Dorian

---Y ya lo ves Sara, tu hija y yo no terminamos juntos. De todas formas creo que esto del amor no es para mi, con dos divorcios rastras aquello me ha quedado bastante claro.

Me gustaba venir a la tumba de Sara de vez en cuando para realizar monólogos acerca de mi vida mientras me fumaba un cigarrillo, quería pensar que ella me escuchaba.

---No sabes cuánto extraño poder verte y hablar contigo...También la extraño a ella, no la superó y tal parece que nunca lo haré.

Sonreí con amargura y caí de rodillas sobre el césped que empezaba a humedecerse debido a fuerte lluvia que se avecinaba.

---¡Maldición! ¡Esto era lo último que me faltaba!

Exclamé furioso mientras la lluvia empezaba a mojarme. Envuelto en mis pensamientos empecé a escuchar el sonido de los tacones de una mujer que se acercaba.

Pude percibir una femenina y deliciosa fragancia en el ambiente, yo continuaba de rodillas frente a la lápida de Sara.

---¡Este es un hermoso día!

Mi corazón se detuvo al escuchar aquella voz a mis espaldas.

Simplemente no podía creerlo, era ella.

¡Me encanta la lluvia!

Recordé en un rápido flashback cuando me dijo que le gustaba la lluvia y ahora lo repetia.

Tenía miedo de voltear y darme cuenta que no era ella, o que  simplemente desapareciera.

---¿Sofía?

Me giré rápidamente y la vi.

Se veía diferente, más hermosa, más madura.

---No puedo creer que estés aquí.

Me acerqué e instintivamente la abracé con fuerza, ella correspondió mi abrazo.

---Ha pasado tanto tiempo.

Habló ella mientras nos abrazabamos.

Las lágrimas salieron de mis ojos, la había extrañado tanto, que no me importó estallar en llanto entre sus brazos.

---Te extrañe demasíado...no sabes cuanto...

Sentí que palmeo mi espalda en señal de consuelo.

---También yo a ti...

Respondió mientras deshacía nuestro abrazo.

---¡Mami! ¡Mami! ¡Vamo! ¡Llueve!

Limpié mis lágrimas e incrédulo miré a una pequeña niña que nos observaba parada detrás de nosotros.

---Ve al auto nena, vas a resfriarte.

Le ordenó Sofía, la pequeña obediente hizo lo que ella le dijo.

---¿Es tu hija?

Idiota, lo más probable era que ahora estuviese casada y tuviera una hermosa familia.

---Escucha, debo irme me están...

Nos miramos fijamente a los ojos.

---Por favor, necesito hablar contigo...hay tantas cosas debo decirte.

Ver esos ojos azules como el mar me hicieron darme cuenta de que ahora la amaba quizás más que antes.

---Yo no...

La tomé del brazo ligeramente.

---Por favor...

Suplique.

Parecía indecisa.

---De acuerdo.

Suspire aliviado.

---Iré a tu oficina mañana en la mañana.

Debía asegúrarme de que iría.

---Seguro ¿Lo harás?

---Si..seguro.

Se soltó de mi agarre.

---¿Dónde te estás quedando? ¿Dónde te hospedas?

Estaba completamente desesperado.

---En el hotel Sheraton de la avenida central.

Su mirada se dirigió al vehículo de donde había salido la pequeña.

---Nos vemos mañana.

Sonrió y se acercó a mi para besar mi mejilla en señal de despedida.

---Esperaré ansioso.

Respondí antes de que se fuera.

---Adiós.

Me dijo a lo lejos.

---Hasta mañana.

Parecía un idiota, no podía parar de sonreír.

Tenía una sola y última oportunidad más, la cuál no pensaba desaprovechar por nada del mundo...

Anuncio la segunda temporada de esta historia titulada "La última oportunidad".

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xoxoxo

La hija de mi sirvientaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora