Capitulo uno

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¿Ves a esas dos chicas sentadas frente al ordenador con cara de frustración? ¿Si? Bueno te cuento que esas chicas tienen nombre.

La pelirroja de ojos grises que esta vestida con un lindo y corto vestido veraniego de color turquesa es América Rockefeller, o como yo le digo, Mer.

Y la chica de cabello morado que esta vestida con un pantalón de cuero, un top azul, una chaqueta de cuero con púas en las hombreras y tacones negros que está a su lado… bueno esa, esa soy yo.

Astrid Beadles.

¿Has escuchado ese apellido en otra parte verdad? Claro que sí, me honra informarles que el señor Christian Beadles es mi querido e insoportable primo lame pollas.

¿Quieres que te cuente porque las caritas de frustración?

Te lo contare, pero ¿Tienes tiempo? Porque esta historia es larga.

Volvamos a las dos chicas, o sea mi mejor amiga Mer y yo.

-¡MIERDA!- grito levantándome de la silla para pasearme de un lado a otro como si fuera un jodido león enjaulado mientras me paso las manos por la cara.

 -Te calmas- dice Mer sin siquiera mirarme, suspiro con resignación y me vuelvo a sentar a su lado –.Gracias… ahora mira esto, en este instituto, que es más bien un internado, esta la bendita carrera que quieres estudiar-

-¿Quiero? Es queremos Mer, queremos- le digo con una ceja levantada.

La maldita me ignora -.Pero, el problema con este instituto…- al fin aparta la mirada de la pantalla para mirarme.

-¿Qué problema Mer? ¿Cuál es el puto problema?- Mer rueda los ojos y voltea para seguir leyendo la información del instituto.

-El problemas es que eres demasiado impaciente- la miro fijamente.

-Mer- digo en advertencia mientras ella suelta una risita.

-El problema es que es solo para hombres- vuelvo mi mirada a la pantalla con horror.

-¿Dónde mierda dice eso Mer?- digo quitándole el mouse de la mano para buscarlo yo misma.

-Basta con las groserías-

-Vete a la mierda Mer- doy con el párrafo que dice que la institución fue fundada en 1816 por algún tipo que no tenía nada con que entretenerse y se le ocurrió fundar un estúpido internado para varones.

Putos varones.

-Con ese vocabulario pasarías como hombre… ¿Sabes? Haremos algo- dice parándose y recorriendo mi habitación. No le presto mucha atención gracias a una idea que tengo en mente, vuelve a los minutos con un frasco de vidrio donde se supone que guardo mi mesada. –Cada grosería costara un dólar-

Cuando la miro esta con una estúpida sonrisa en la cara, levanto una ceja y sonrío malvadamente, su sonrisa se borra inmediatamente.

-¿Qué te pasa?- pregunta asustada. Sabe que se me ha ocurrido algo que a ella no le conviene, la maldita me conoce como a la palma de su mano. Agarro el frasco de sus manos y me levanto.

 Su expresión es divertida.

¿Has visto alguna vez la cara de un conejo cuando lo alumbras con las farolas del auto? Bueno esa es la misma cara con la que me mira Mer.

-Tengo una excelente idea, y antes de que preguntes… si, te involucra a ti tanto o más que a mí- la miro y sonrío aun mas. –Bueno mi querida América, el proyecto de este verano será entrar a ese estúpido internado.-

-¡¿Te volviste loca!?- grita levantándose de la silla. –No, no y no… en esto no te apoyare Trid.-

Su cara se vuelve roja como tomate. Recuerdo que cuando era pequeña quebré una de las ventanas del auto de papa, estuve castigada casi un mes por eso, pero lo que más recuerdo es que cuando me vio con el bate de baseball entre las manos parada junto a su auto quebrando el vidrio, grito mi nombre tan fuerte que las venas del cuello y de la frente casi le explotan y su cara era de un rojo tomate parecido al que tiene Mer en su cara en estos momentos.

Me acerco a ella y la tomo de las manos.

-Vamos Mer, tienes que ir conmigo- sigue negando con la cabeza.

-¿Cómo lo haremos? Somos chicas maldita sea- sonrío y levanto el frasco a la altura de su nariz.

-Me debe un dólar señorita- sonríe y mete un dólar en el frasco. –Por favor Mer, no debe ser tan complicado entrar con papeles falsos… será divertido ser hombres por un año ¿No crees?-

Por su mirada sé que estoy a un paso de convencerla. Es como cuando en la primaria la convencí de meter caca de perro en la mochila de Jenny Carreé por haberme tirado su malteada de cereza en el cabello.

Hace un puchero y luego sonríe. –Está bien, pero vuelvo a preguntar ¿Cómo lo haremos?-

  -Con ayuda de mi primo favorito, el nerd de Christian-

Christian, además de ser un idiota es muy hábil con las computadoras y con falsificar papeles, de cualquier tipo… lo que pidas él lo tiene.

Siempre me ayuda en mis travesuras, como esa vez que consiguió cambiar las notas de mi ex novio y lo hizo reprobar.  Que te digo, el chico se lo merecía.

Internado de hombresDonde viven las historias. Descúbrelo ahora