Habían pasado tres años desde el nacimiento del pequeño Daeclan, las primeras semanas no habían sido fáciles, nos habíamos vuelto unos padres muy protectores, y cuando el bebé se decidía a dormir por la noche y no llorar, como acostumbraba, nos gustaba observarlo, era hermoso. Conforme pasaban los años más nos dábamos cuenta de que era casi idéntico a Caden, además de muy inteligente.
Las cosas cambiaron mucho en esos tres años, Donagh se casó con una chica de la aldea, compraron una casa cerca de la plaza principal y se dedicaron a vender pan.
Laetita y Brendon tuvieron otro bebé, esta vez fue un niño, habían decidido comprar una casa en la aldea, pero Deidre insistió en que se quedaran con ella y Ardal; ellos aceptaron y siguieron viviendo ahí. Ardal adoraba a los niños y frecuentemente llevaba a Kaenna y a Daeclan a dar paseos por la aldea convirtiéndose así en el tío que los niños amaban.
A pesar de los años que habían pasado Caden y yo seguíamos amándonos, podría decir que, como la primera vez, pero en realidad nuestro amor se había vuelto más grande y más profundo. No siempre las cosas eran perfectas, tuvimos problemas, nos peleamos y discutimos muchas veces, pero no se puede esperar que la vida de las personas sea siempre feliz y sin complicaciones, aún así nuestras peleas no duraban ni un día, porque al final todas nuestras dificultades terminaban con disculpas y un beso.
Caden nos había cuidado mucho a Daeclan y a mí durante esos años, la promesa de protegernos la había cumplido perfectamente, y cuando le dije que esperaba a otro hijo suyo sus cuidados aumentaron aún más. Daeclan estuvo muy feliz cuando supo que tendría un hermano, aunque apenas podía entender qué estaba pasando y Kaenna con su escaso vocabulario dijo que estaría feliz de tener a otro bebé a quien cuidar y abrazar. Las cosas no fueron sencillas pues cuando llegó el momento de que mi segundo hijo naciera, yo pensé que no viviría para verlo. Estuve horas en profundo dolor, gritando y evitando desfallecer, cuando por fin el bebé nació yo solo esperaba escuchar el sonido de su llanto, pero no lloraba, me levanté alarmada y pude ver que el rostro de mi bebé estaba casi azul, y las caras pálidas de Deidre y Laetitia me confirmaban que las cosas no estaban bien.
- ¿Qué le pasa a mi bebé? – Grité desesperada. - ¡Díganme! –
Nadie contestaba, pero mis gritos desesperados debieron escucharse hasta fuera de la habitación pues Caden entró sin tenerlo permitido.
- ¿Qué está sucediendo? ¿qué tiene mi hijo? – Preguntaba alterado.
- Caden, no puedes estar aquí. – Dijo Deidre, pero él la ignoro cuando vio el estado de nuestro hijo, corrió hacia él y se lo quitó a la comadrona, comenzó a frotar su espalda y a darle palmadas hasta que de pronto, mi hijo, frenético tomó una bocanada de aire y comenzó a llorar. Suspiré aliviada, Caden había cumplido su promesa una vez más, protegió a nuestro hijo desde el primer momento.
Los días siguientes los pasamos en vela, cuidando a cada momento que Patrick estuviera bien y lo estuvo, ahora tenía un año y gozaba de una excelente salud además de que ya sabía llamarnos "mamá" y "papá". Éramos una familia feliz y de eso no había duda.
Esa mañana Caden y yo dormíamos juntos en la habitación, a un lado de nuestra cama estaba la cuna donde descansaba Patrick; la mañana era tranquila y no había ni un ruido que turbara nuestra paz hasta que el sonido de la puerta abriéndose repentinamente nos tomó a ambos por sorpresa.
- ¡Mamá! ¡Papá! ¡despierten! ¡ya amaneció! – Gritó Daeclan saltando sobre nosotros. Abrí uno de mis ojos y la habitación seguía oscura.
- Daeclan, ni siquiera ha salido el sol. – Dije aun medio dormida.
- Pero las aves ya están cantando, eso significa que ya amaneció. – Contestó impaciente.
- Hijo, déjanos dormir a tu madre y a mí un rato más. – Dijo Caden poniendo su brazo sobre su rostro.
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Perdida en mi destino.
Historical Fiction¿Qué es lo que puedes hacer cuando toda tu vida ya está planeada? ¿y cuando no tienes elección? Creí que todo estaba arruinado...hasta que lo conocí.
