Capítulo LXXIX

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Habían pasado tres años desde el nacimiento del pequeño Daeclan, las primeras semanas no habían sido fáciles, nos habíamos vuelto unos padres muy protectores, y cuando el bebé se decidía a dormir por la noche y no llorar, como acostumbraba, nos gustaba observarlo, era hermoso. Conforme pasaban los años más nos dábamos cuenta de que era casi idéntico a Caden, además de muy inteligente.

Las cosas cambiaron mucho en esos tres años, Donagh se casó con una chica de la aldea, compraron una casa cerca de la plaza principal y se dedicaron a vender pan.

Laetita y Brendon tuvieron otro bebé, esta vez fue un niño, habían decidido comprar una casa en la aldea, pero Deidre insistió en que se quedaran con ella y Ardal; ellos aceptaron y siguieron viviendo ahí. Ardal adoraba a los niños y frecuentemente llevaba a Kaenna y a Daeclan a dar paseos por la aldea convirtiéndose así en el tío que los niños amaban.

A pesar de los años que habían pasado Caden y yo seguíamos amándonos, podría decir que, como la primera vez, pero en realidad nuestro amor se había vuelto más grande y más profundo. No siempre las cosas eran perfectas, tuvimos problemas, nos peleamos y discutimos muchas veces, pero no se puede esperar que la vida de las personas sea siempre feliz y sin complicaciones, aún así nuestras peleas no duraban ni un día, porque al final todas nuestras dificultades terminaban con disculpas y un beso.

Caden nos había cuidado mucho a Daeclan y a mí durante esos años, la promesa de protegernos la había cumplido perfectamente, y cuando le dije que esperaba a otro hijo suyo sus cuidados aumentaron aún más. Daeclan estuvo muy feliz cuando supo que tendría un hermano, aunque apenas podía entender qué estaba pasando y Kaenna con su escaso vocabulario dijo que estaría feliz de tener a otro bebé a quien cuidar y abrazar. Las cosas no fueron sencillas pues cuando llegó el momento de que mi segundo hijo naciera, yo pensé que no viviría para verlo. Estuve horas en profundo dolor, gritando y evitando desfallecer, cuando por fin el bebé nació yo solo esperaba escuchar el sonido de su llanto, pero no lloraba, me levanté alarmada y pude ver que el rostro de mi bebé estaba casi azul, y las caras pálidas de Deidre y Laetitia me confirmaban que las cosas no estaban bien.

- ¿Qué le pasa a mi bebé? – Grité desesperada. - ¡Díganme! –

Nadie contestaba, pero mis gritos desesperados debieron escucharse hasta fuera de la habitación pues Caden entró sin tenerlo permitido.

- ¿Qué está sucediendo? ¿qué tiene mi hijo? – Preguntaba alterado.

- Caden, no puedes estar aquí. – Dijo Deidre, pero él la ignoro cuando vio el estado de nuestro hijo, corrió hacia él y se lo quitó a la comadrona, comenzó a frotar su espalda y a darle palmadas hasta que de pronto, mi hijo, frenético tomó una bocanada de aire y comenzó a llorar. Suspiré aliviada, Caden había cumplido su promesa una vez más, protegió a nuestro hijo desde el primer momento.

Los días siguientes los pasamos en vela, cuidando a cada momento que Patrick estuviera bien y lo estuvo, ahora tenía un año y gozaba de una excelente salud además de que ya sabía llamarnos "mamá" y "papá". Éramos una familia feliz y de eso no había duda.

Esa mañana Caden y yo dormíamos juntos en la habitación, a un lado de nuestra cama estaba la cuna donde descansaba Patrick; la mañana era tranquila y no había ni un ruido que turbara nuestra paz hasta que el sonido de la puerta abriéndose repentinamente nos tomó a ambos por sorpresa.

- ¡Mamá! ¡Papá! ¡despierten! ¡ya amaneció! – Gritó Daeclan saltando sobre nosotros. Abrí uno de mis ojos y la habitación seguía oscura.

- Daeclan, ni siquiera ha salido el sol. – Dije aun medio dormida.

- Pero las aves ya están cantando, eso significa que ya amaneció. – Contestó impaciente.

- Hijo, déjanos dormir a tu madre y a mí un rato más. – Dijo Caden poniendo su brazo sobre su rostro.

Perdida en mi destino.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora