Sylver, el príncipe desterrado, está cansado de las reglas del mundo mágico.
La organización fue creada para que los demi-âme y hechiceros pudieran comenzar una vida nueva, junto a los humanos en vuestro mundo ordinario. Sin embargo, el romance ent...
No hay cosa más molesta, que despertar con el cuerpo adolorido, en medio de un salón sombrío y en el helado piso.
Fui recobrando la conciencia de a poco, conforme la luz del sol entraba por la ventana que olvidé cerrar ayer, antes de reunirme con Eros. Parpadee varias veces para poder adaptarme a la luz y miré la hora en el reloj de pared.
Tenía unos diez minutos para poder despejarme del todo y poder llamar a mi madre para informarle de la situación actual. Se supone que esa demi-âme era la única que había sido reportada pero es raro que no encontraran más. Normalmente suelen venir en grupos, así cuando cae una, otra la releva.
Me levanté del piso con cuidado. Siempre que uso magia negra, me debilito demasiado, más que al usar magia blanca.
A mamá no le va alegrar mucho el reporte de hoy pero hicimos lo que pudimos. La imagen de la montaña de cuerpos muertos aun permanecía fresca en mi mente. A pesar de que muchos piensen que soy un asesino desalmado y mitad monstruo, nunca he disfrutado de la cercanía con la muerte, ni el olor a la sangre fresca. Todo eso me repugna.
Caminé lentamente, apoyándome en la pared, hacia mi escritorio el cual estaba enfrente de mi cama. El apartamento es pequeño, solo tiene una habitación con una cama, el escritorio y el closet. El salón no tiene nada más que un sofá negro y una mesa con la televisión, la cual no uso. La cocina solo tiene el desayunador, la cocina y la refrigeradora... vacía. Llevo años viviendo con los humanos pero nunca he aprendido a cocinar. No tuve a una madre ni una abuela que me enseñara a hacerlo e ir a una clase llena de humanos tontos no es de mi agrado. Prefiero mil veces comer comida chatarra a tener que pasar mi día encerrado en una habitación con humanos molestos.
Me senté en la silla de escritorio y encendí la laptop. Ni bien terminó de encenderse, la llamada de la organización llegó. Vaya mierda...
—Señor Knight, le llamaba para informarle sobre la reunión de anoche, a la cual no asistió —dijo la mujer en la pantalla, evitando mirar directamente a la cámara.
—Hable rápido que no tengo tiempo que perder —mascullé entre un bostezo. El cansancio nunca se acaba.
—Hemos recibido la orden de mantenerlo capturado por un día en su casa, sin comunicación, ni nada que le permita saber del mundo exterior —golpee el escritorio enfadado, haciendo que ella levantara la vista rápidamente—. Es por protocolo y lo sabe.
—Es una mierda y lo sabe —contraataqué. Como si no tuviera suficiente con ser tratado como un desgraciado, siempre quieren tenerme encerrado al igual que un animal.
—Lo siento mucho, señor Knight, pero es su castigo por haber faltado a la reunión de anoche.
Sin responder nada más, corté la llamada. Es la misma mierda, una, otra y otra vez.
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La organización sirve como método de protección para los humanos, demi-âme y hechiceros, intentando la armonía entre todos. No es una guardería pero parece ser que muchos no saben eso e intentan que mantengamos vigilados a todos. Tal vez ellos pueden hacer varias cosas a la vez con un simple chasquido de dedos, sin embargo los humanos somos más lentos en algunas cosas. Por ejemplo: durante la reunión, varios hechiceros escuchaban lo que el presidente decía mientras las plumas mágicas se movían sin necesidad de que ellos tuvieran que verlas, pero los humanos teníamos que hacerlo a mano. Así fue como terminé con apuntes desordenados.