5_ Orizonte azul

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Hace unos minutos

Cada vez mis pasos eran más acelerados, me sentía cansada, pero a la vez tan liviana. Noté que las calles eran grises y con un aire de melancolía. Miro a los alrededores y ahora, me detengo, ¿Dónde estoy? Continúo caminando a paso lento, perdida. ¿Qué es esto? ¿Qué pasó? ¿Quién soy yo?

Escucho el sonido de un auto aparcando, pero no hay ningún auto. Entonces observo a la única casa con las luces encendidas, así que me adentro en ella. Estando dentro observo el lugar, todo es gris, triste. Siento una precisión en el pecho, y unas inmensas ganas de llorar, ¿Por qué? Y mi respuesta la encuentro en un cuadro, con la foto de una pareja de esposos y dos niñas rubias, una más rubia que la otra. Miro hacia la izquierda, y colgado en una pared hay un espejo. Me obserbo, yo soy esa niña. ¡Soy Lily, ahora lo recuerdo!

Miro a mi alrededor, ¿Qué pasó? No lo recuerdo. Solo vagas imágenes, el beso de Julián, el director enojado, saliendo de la escuela, mi vecino, la cabaña. Después todo es borroso. ¿Qué me hizo?

— Por favor señores ¿Podrían describir lo que su hija llevaba puesto esta mañana? Y una imagen de ella, por favor.

— Está bien detective. María, ¿Podrías alcanzarme el cuadro de Lily? — su voz era débil y temblorosa.

Las voces avían eco en el lugar, se escuchaban tan cerca, pero no estaban. Me buscan, pero yo estoy aquí.

— ¿Mamá? — miro por todos lados, no hay nadie — ¡Mamá! ¡Aquí estoy! ¡Mari, Papá! Por favor...

Nada, nadie me escucha.

Los intenté buscar pero eso era un caso imposible, caminé por los pasillos, así que me siento en las escaleras, rendida. ¿Qué me hizo? Sigo escuchándolos hablar, dando mis datos, la ropa que usaba. Y mientras escuchaba a mamá llorar, yo lloraba también.

Una luz blanca probeniente de una habitación de arriba capta mi atención. Así que la sigo. Recuerdo que alguien me dijo una vez «Cualquier día la curiosidad te va a matar»  Y parece que así fué. No debí seguir a mi vecino. A veces las personas amables son las más peligrosas.

Al entrar a aquella habitación , la luz me cegó por unos minutos, hasta que poco a poco mis ojos ya se fueron acostumbrando su potencia. Al abrirlos pude observar una especie de cuarto de baño, era todo del color blanco y con muy pocas cosas en el .

Había un hombre sentado en una bañera llena del agua, lucía relajado y tan en paz. El trapo que tenía en el rostro no me dejaba verlo bien. Así que caminé al otro lado, y lo que ví me horrorizó. Había sangre en el suelo, el agua de la bañera se deja ver realmente, su color es rojizo.

Esas ropas son mías. Entonces no tardo en hacerme una muy mala suposición. Creo que ese sangre también es mía. Miro bien y me doy cuenta que en el suelo aparte de la ropa, hay navajas y cuchillos. Mi corazón late muy rápido, mi respiración se acelera, y las lágrimas inundan mis ojos.

De pronto lo que más tenía en este momento se cumple. Aquel hombre empezó a reír, así que volteé mi mirada hacia donde se encontraba, cada ves reía mas fuerte, luego él levanta su mano lentamente acercándolo a su rostro. No me podía mover, estaba temerosa y espectante a sus movimientos. Hasta que el hombre se quita el trapo de su rostro.

Ese hombre es mi vecino. Ese hombre, el que ahora suelta una risa para luego suspirar. Ese hombre me mató, ahora lo tengo claro. Y grito, tan alto como puedo, con la intención de que me escuche y que sienta mi odio. Pero es inútil, así que sintiéndome tan, mal. Salgo de ese cuarto, salgo de esa casa.

Apenas salgo me arrodilló al suelo y lloro. Algo, con furia, dolor.

— ¡Estoy muerta joder! — grito con lágrimas en los ojos. Nadie me escuchará, nadie me despertará diciendo que tuve una pesadilla, una muy mala y horrible pesadilla. Nadie lo hará porque sé que esto está pasando realmente. El dolor que siento en mis rodillas y en mi corazón es real. Y lo odio.

— ¡Yo no hize nada malo!, ¿Por qué me está pasando esto a mí? — continúo con mis gritos, con mis manos hechas puño y mis lágrimas cayendo sin parar. Sigo en el suelo, ahora  mis manos se encuentran en mi rostro, tapando mis lágrimas.

— ¿Quey haces ahí llorando? Vamos, no mires hacia atrás, ¡Mira hacia delante!

La voz de una chica a mis espaldas logran que poco a poco calme mis lágrimas. Al voltear hacia atrás, puedo observar a una chica morena, con el cabello unido en una coleta.

— ¿Donde estoy? — pregunto — ¿Acaso esto es el cielo?

Y entonces ella empezó a reír.

— ¿Qué pregunta es esa? Este no es el cielo, no has llegado aún.

— Entonces, ¿Dónde estamos?

— Esto amiga mía, es el centro. Un lugar que tiene un poco de aquí, y de allá. Es un poco de ambas.

— No lo entiendo, ¿Un poco de ambas?

— Bueno, si no me entiendes te lo explicaré. Estás en un lugar donde hay una parte de ambos, de tierra y de cielo.

— Entonces no estoy viva, y aún no estoy en el cielo, pero iré. Vaya, que consolador.

— No te sientas mal, es bello aquí. Sin preocupaciones, sin miedo. Ahora estarás bien aquí en el centro. O como me gusta llamarle, el orizonte azul.














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