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 No puedo decidir
Si estás acabando conmigo
O si me estás usando bien

Sólo siento que estoy condenado
A llevar el infierno de otra persona

Hemos llegado al tercer dia
De borrachera de siete dias

Ya puedo imaginar tu nombre
Desintegrandose de mis labios

Ya puedo imaginar tu nombreDesintegrandose de mis labios

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Había muchas cosas tiradas sobre la mesa. Entre platos, vasos, botellas y algunas otras cosas también habian muchos lápices y un bloc de dibujo. Esa noche Ji Min invitó a Yoon Gi a cenar, ya que iba a estar solo decidió preparar algo especial buscando recetas en internet. Pasó varias horas de la tarde organizando todo con sumo detalle sólo porque quería sorprender a su novio.

Después de la omida, el joven estudiante de arte le propuso a Yoon Gi hacerle un retrato, el cuál terminó quedando a medias.
La sala estaba casi a oscuras, una pequeña vela aromatizada era lo único que los iluminaba a ambos.  Hacía diez minutos que la luz se había cortado en gran parte de la zona y no tenían nada más que hacer que esperar. Y como Ji Min se asustaba cuando pasaban esas cosas, debido a malos recuerdos, la forma de sentirse seguro era abrazar a Yoon Gi y no soltarlo.

—Es extraño que tarde tanto en volver —comentó en voz baja, a la vez que se acomodaba en el sillón para quedar acostado junto al otro—¿Crees que haya pasado algo malo?

—No te preocupes, seguramente no tarde más de cinco minutos. Además... Quiero ver como quedará esa obra de arte que estabas haciendo.

—Pero ya no tiene gracia seguirlo —se quejó el menor —.Mi obra fue interrumpida, mi entusiasmo se esfumó. Lo llamo el síndrome "da Vinci". ¿Sabías que tenía muchas obras sin acabar porque perdía el interés de éstas de la noche a la mañana?

Yoon Gi lo miró fijamente, con una sonrisa divertida. El trabajo del menor siempre que era interrumpido quedaba sin terminar, era una especie de manía que tenía. Cuando Ji Min empezaba a hacer algo, no le gustaba parar hasta finalizar. Por eso, en sus otro cuadernos tenía muchas pinturas y dibujos a medias. Muchas de ellas eran bocetos de Yoon Gi hechos en lápiz de color negro al que luego le añadía un poco de color.

—Nunca conocí a un artista tan tiquismiquis—bromeó Yoon Gi, haciendo que el rubio se molestara e inflara sus mejillas.

—¿Es eso un insulto, Min Yoon Gi? —Ji Min se sentó rápidamente sobre el cuerpo del otro, apoyando sus manos sobre los hombros de éste —Que manera tan gratuita de faltarle el respeto a un artista como yo. 

Sin prestarle mucha atención a las palabras del rubio, Yoon Gi lo tomó del rostro y lo acercó hacia él para juntar sus labios y hacerlo callar por un momento. Ese roce de labios que fue una agradable sorpresa para Ji Min, se fue transformando en algo más íntimo. Se volvían a encajar perfectamente y dejaban danzar sus lenguas en armoniosos movimientos. Cada beso o toque eran tan preciados para Yoon Gi que no podía evitar querer recordar cada segundo de ese momento; guardar las expresiones de Ji Min en su cabeza, al igual que lo que salía de sus gruesos labios, todo era perfecto, y esa perfección debía atesorarla como oro.

Caminos al infierno YoonMin +18 [Parte 2]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora