⚠ACTUALIZACIONES LENTAS
El bien y el mal siempre se han visto envueltos en el conflicto. Quién gobernará en el mundo es imposible de saber. Los ángeles y demonios han luchado durante toda la existencia, involucrando al ser humano de por medio.
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﹏Año 1855﹏
El coro de la iglesia generaba miedo a cierta persona en aquella misa del domingo. El único que estaba sentado en el último de los bancos, apretaba sus manos entre sus rodillas para generar la distracción en el dolor.
El sacerdote solía vigilarlo muy de cerca cada vez que lo veía entrar y sentarse en el mismo lugar. A Yoon Gi aquel hombre no le gustaba. Sus padres lo obligaban a ir con ellos, a repetir las palabras de la Santa Biblia e incluso lo habían anotado para que se uniera al coro. Él por supuesto que se negó, no le gustaba ese lugar y menos estar cerca del Sacerdote, el cual en realidad era hermano de su madre.
Cada vez que Yoon Gi lo miraba a los ojos, sentía miedo, como si fuera a hacerle algo. Apenas tenía nueve años en ese entonces y ya odiaba todo lo que tenía que ver con el ambiente.
Su madre lo regañaba porque según ella daba una mala imagen de la familia. Muchos de los que iban a la iglesia hablaban de Yoon Gi entre susurros, decían cosas como que era raro, que tenía algún problema psicológico y que no debían llevarlo allí. A éste no le importaba lo que decían de él, al contrario que sus padres. Pero si Yoon Gi se comportaba de ese modo era por algo.
Meses atrás, en uno de sus días en el coro, tuvo una mala experiencia que lodejó marcado, generándole pesadillas.
El sacerdote se encargó de presentarlo a los demás niños, éstos no parecían rechazarlo al principio, es más, hablaron con él y algunos lo ayudaron a integrarse aun más en el grupo. Yoon Gi hizo algunos amigos allí, pero éstos según pasaron los días comenzaron a tratarlo de manera muy diferente. Y quién sabía si era por la envidia de ser sobrino del sacerdote.
La voz de Yoon Gi no era de las mejores para integrar aquel coro de niños que parecían ángeles al cantar. Muchos empezaron a hablar entre ellos para tratar de echarlo. Lo empujaban fingiendo que era sin querer, le escondían su pequeña bolsa... Aquellos niños con caras de angelitos resultaban ser unos pequeños demonios encubiertos.
Yoon Gi no era un niño llorón, pero a veces se cansaba tanto que se escondía en una de las salas llena de trastos para que no lo molestaran. En esas ocasiones no podía llamar a nadie y, si le decía a su tío, la cosa empeoraría. Seria más odiado aún y tendría que vivir con ello por un largo tiempo.
Uno de esos días en los que se encontraba corriendo por los alrededores de la iglesia, dos de los otros niños, más grandes que él, estaban buscándolo por todas partes, metiéndose en las salas que no debían. Eran las cinco de la tarde y, como siempre, a esa hora tenían un pequeño tiempo libre. Éste era aprovechado por los bravucones del coro para atacar a Yoon Gi.
—Psss... Yoon Gi, sal de tu escondite—susurró uno de ellos, asomándose por la puerta que daba al patio.
El pequeño tuvo que esconderse tras un árbol viejo de grueso tronco y esperar a que no se les diera por intentar buscarlo allí. Sus manos ya estaban sudando y su cuerpo tenso. Aquellos niños nunca antes lo habían golpeado, pero en cualquier momento iban a hacerlo y Yoon Gi tenía la sensación de que ese momento había llegado.