XVI.

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Miró a su alrededor nerviosamente.

Casi no podía verse los pies y sabía que los alrededores estaban llenos de serpientes de cascabel.

Empezó a caminar echando de menos con toda su alma una linterna y deseando haber sido lo suficientemente inteligente cómo para haberse callado, por lo menos hasta que hubieran estado cerca de casa.

Había logrado que Harry volviera a separarse de él, justo cuando parecía que iba a ponerse de mejor humor.

Los labios le temblaron. Ahora si que tenía miedo de verdad, no se veía ni un alma.

Dobló una curva y se estremeció cuando vio el coche de Harry estaba allí, y él, apoyado en el capó, fumándose un cigarrillo.

—¡Maldito seas!— le dijo, pero estaba llorando y no se entendió lo que había dicho.

Harry soltó una ordinariez y arrojó al suelo el cigarrillo. Instantes después, Louis estaba entre sus brazos.

Harry lo sujetó entonces con sus recios y protectores brazos. Y Louis siguió llorando por la horrible noche que había pasado y por cómo iba todo entre ellos.

—Lo siento— le dijo Harry al oído. —Lo siento.

Louis tembló ante la profunda suavidad de su voz. —Tenía miedo— admitió Louis por fin.

Los brazos de Harry lo acercaron más a él. Louis le sintió entonces en toda su longitud, cerró los ojos y se colgó de él, apretando las palmas de las manos contra los músculos de su espalda.

Louis nunca se había sentido antes tan a salvo ni tan feliz.

—Mejor nos vamos a casa— dijo Harry después de un rato. —Vamos.

Lo cogió de la mano y lo ayudó a meterse en el coche. Louis se preguntó qué habría pasado si se hubiera quedado pegado a él.
Probablemente lo habría apartado de su lado.

*

El camino a casa se le hizo muy corto. Harry paro delante de la puerta, pero no apagó el motor. El rizado lo acompañó hasta la puerta de su hogar.

—¿Quieres... quieres un café?

—No, gracias me voy a dormir. Mañana tengo mucho trabajo.

—Gracias entonces por traerme.

—De nada.

Louis abrió entonces la puerta de la casa y dijo.
—Y acerca del ballet...

—Ya que tengo las entradas, creo que sería una tontería desperdiciarlas y no quiero ir con nadie más que contigo entonces— soltó una risita —Patty se moriría de risa allí.

—Sin duda— le contestó Louis apretando los dientes. —¿Cuándo es?

—El miércoles. Tenemos que salir de aquí a las cinco para llegar puntuales.

—Cerraré pronto la oficina— le contestó Louis odiándole más que nunca.

—Louis.

—¿Sí?

—Esta va a ser la última lección. Creo que cuando terminemos con el ballet ya habré aprendido lo suficiente.

—Muy bien. Esto se estaba poniendo un poco aburrido ¿verdad?— le dijo el ojiazul fríamente.

—Tengo que decirte algo, querido. Creo que me gusta más mi mundo que el tuyo. El mío tiene la ventaja de que la gente es real y las emociones son honestas. El tuyo es como una casa vieja con muebles elegantes y el calor de una tumba. Hablando de eso, ya estás en tu casa ¿por qué no entras y te pones a gemir por tu amor perdido?

Keyframe [Terminada]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora