Quinto día.

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La herida se ha curado. Por fin ha cicatrizado, aunque no es que lo haya notado, obviamente, sigo sin sentir nada, pero una fina costra se ha formado sobre ella.

Vuelvo a tener sed, pero no quiero matar a más personas, yo no quiero ser una asesina.

Me siento en la mesa de la cocina. La cabeza me da vueltas. Todo es tan raro. De un día para otro me convierto en algo, que por propia deducción estoy convencida de que ese algo es un vampiro, pero, ¿cómo voy a ser un vampiro? Se supone que eso son solo leyendas, cuentos, historias de terror, no realidades.

Es un día soleado, así que voy a inspeccionar sobre esto, si es verdad que soy un vampiro, el sol causará algún efecto en mí, o al menos eso supongo.

Salgo al jardín delantero y me tumbo en el césped, esperando que ocurra algo extraordinario, o más bien, que me ocurra algo extraordinario.

Y cuando pienso que estoy empezando a delirar, veo que mis dedos se han vuelto traslúcidos, como una suave niebla, es como si cada parte de mí se estuviera desvaneciendo, y entonces corro a reguardarme del sol, entro en la cocina y mis extremidades empiezan a parecer corpóreas.

Vaya, el sol sí que causa estragos en mi cuerpo.

Diario ensangrentado.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora