Entramos en el lamborghini negro de Sally y en una media hora llegamos al centro de la ciudad, al centro de Resworth. Hacía mucho tiempo que no iba a la ciudad, pero no parecía haber cambiado mucho.
-La escuela está en la otra punta de Resworth, pero me temo que no podemos ir en coche, coge tus cosas. - era completamente gélida.
-Si no vamos en coche, ¿cómo nos desplazaremos hasta allí? - dije igual de fría, sin mirarla a la cara
-Ahora lo sabrás. - Sally se movía a paso rápido; ahora eso no era un problema pero prefería ir detrás, por si acaso.
Llegamos a una especie de tienda siniestra, aunque parecía de disfraces de Halloween, estaba segura que no era así.
Sally le susurró algo en el oído al dependiente del mostrador, me miró con cara de pocos amigos, pero nos indicó que entráramos a la trastienda. La parte de atrás era incluso más siniestra que la tienda, se iluminaba con unas luces rojas que colgaban de las esquinas del techo, la habitación estaba llena de cajas cubiertas de papeles "no tocar" "muy frágil" y decorada con cuadros de retratos de lo que yo consideraba personas ancestrales.
Bajamos unas escaleras y llegamos a unos pasillos subterráneos, como una cueva.Sally le dio una propina al dependiente y siguió caminando, sin pronunciar palabra.
-Esto está muy oscuro, ¿no crees? - rompí el silencio.
-Teniendo en cuenta que son los pasillos de las mazmorras, sí, está oscuro. - no me miró y mantuvo un tono constante.
No me molesté en volver a dirigirle la palabra, me imaginaba que no sería muy amigable, pero no pensaba que fuera tan desagradable.
Por fin llegamos a un portón de madera que parecía haber sido construido en el siglo V antes de Cristo, Sally posó su mano en el picaporte, y sin forzar ni presionar, la puerta se abrió de inmediato.
Me esperaba un sitio tenebroso, oscuro, siniestro y terrorífico, pero en vez de eso me encontré lo que yo habría llamado universidad. Había montones de alumnos de un lado para otro, con mochilas, y parece ser que estábamos en el pasillo principal porque se apreciaban distintas puertas, que daban a distintas aulas, supongo.-El Jefe quiere verte, creo que es porque has sido la última en llegar, no te preocupes, seguro que no es nada grave. - por primera vez en estos dos días, Sally parecía hablarme sin asco.
Y se fue, me dejó en frente de otro nuevo portón, pero este era moderno, de acero. No supe que hacer, así que toqué con mis nudillos.
-Adelante, Lizz, te estaba esperando. - una voz masculina, atractiva y de un hombre de no mucha edad, me esperaba tras la gran puerta de acero. Así que empujé un poco la puerta y entré.
-Tranquila, no te voy a regañar. - se rió, creo, porque la silla estaba dada la vuelta y no pude verle la cara. - Soy el Jefe de la escuela, pero puedes llamarme Derek. Estoy encantado de que hayas aceptado mi invitación a unirte a este nuevo curso en Valudangs. - se giró y por fin pude apreciar sus perfectos rasgos faciales: tenía unos pómulos prominentes y una mandíbula fuertemente marcada. Tenía unos ojos rojos brillantes que parecían lentillas; era alto y musculoso, tenía el pelo rubio cobrizo y largo, estoy segura de que le llegaría por los hombros si no lo tuviera ondulado. Sus labios eran carnosos y sus dientes blancos estaban totalmente rectos. - ¿Lizz?
Me quedé atontada estudiando con detalle a mi nuevo director. - Sí. He entendido todo, muchas gracias. - me incliné un poco haciendo una pequeña reverencia y me sentí un poco estúpida.
-Está bien, habla con Sally u otros de los controladores, ellos te dirán cuál es tu habitación y te asignarán tu horario. - se volvió a sentar con la silla mirando hacia un cuadro protagonizado por una manada de caballos.
Salí del despacho y me crucé con un hombre delgado, vestido elegante y que parecía uno de esos controladores. - Perdona, acabo de hablar con Derek y me ha dicho que me dirían mi habitación y mi horario, ¿eres un controlador?
-Eres nueva en Valudangs, yo no soy ningún controlador, pero te llevaré a información, allí te informarán. - no parecía desagradable, pero tampoco muy simpático.
Fui a su lado contemplando con asombro cada parte de la escuela, me parecía increíble que una escuela de vampiros estuviera tan iluminada y fuera tan moderna. Supongo que los vampiros "modernos" no cumplían los estereotipos de los vampiros "tradicionales".
Llegamos a lo que sería información y ahí estaba la que sería la secretaria.
-Pues ya hemos llegado. - se dio la vuelta dispuesto a irse pero se giró de nuevo - Por cierto, mi nombre es Ian, supongo que tú eres Lizz, has sido la comidilla de la escuela estos días. - extendió la mano.
-Sí, soy Lizz. - le estreché la mano. - Encantada Ian.
-Ya nos veremos, supongo. - y se fue.
Entré en información y me atendió una señora más anciana que todos los demás vampiros que había visto por ahora.
-Buenas noches, mi nombre es Lizz, me dijeron que me llegara por aquí para saber mi habitación y mi horario, ¿podría ayudarme?
-Claro bonita. Dime tu apellido, por favor.
-Johanson, Lizz Johanson.
-Johanson... Aquí estás, tu habitación es la número 371, en la quinta planta. Y tu horario, aquí lo tienes. - me entregó mi horario impreso.
Este sitio no parecía siniestro, y mucho menos que sirviera para prepararnos para el final de los tiempos.
¿Me convertiría entonces en un vampiro sabiondo en vez de un vampiro asesino?
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Diario ensangrentado.
Roman pour AdolescentsQuerido diario, hoy, no he podido soportarlo. Le he mordido. Me siento viva. Más viva que nunca. Hoy, querido diario, me he convertido en una asesina, en lo que soy, en un vampiro.