• Capítulo 10 •

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No, mierda no.

¡Que no sea Abraham!

¡Que no sea Abraham!

Con temor al ver a mi novio--si es que aún puedo llamarlo asi-- me giro.

Un fuerte suspiro sale de mis labios al ver a mi madre.

— Sol, la que te parió — pega una carcajada tapándose la cara —. Me asustaste, tonta. Pensé que era Abraham— muerdo mi labio con una sonrisa y le doy un zape.

— Hija, ese vocabulario — me regaña mi madre.

— Si, Mily. Ese vocabulario — veo como sol aprieta sus labios.

Entre cierro los ojos observadola.

Me paro de mi lugar y voy abrazar a mi madre. Ella rodea mi cintura y yo su cuello.

— ¿Me estás haciendo burla? — me alejo riendo — Mira nenita, está bien que sea enana y vos prácticamente una jirafa al lado mío, pero no lo sos. Sos de estatura normal.

— Yo te amo ma — beso su frente.

Nos sentamos y sol sirve las empanadas, que la verdad no sé en que momento las sacó del horno.

— ¿Y Abraham? — dice mi madre poniendo los vasos.

— No lo sé. Seguramente salió de casa — mi madre me mira confundidas.

— ¿No qué siempre saben dónde está el uno o el otro?

— Estamos peleando mucho últimamente y más con la llegada de papá tod.....

— ¿¡Tu padre estuvo acá!? — se levanta nerviosa.

— Si, ¿Por qué?

— ¿¡Qué mierda hacía Ernesto acá!? — se acerca a mi, revisando me — ¿Estás bien? No te tocó, ¿Verdad?

Niego rápidamente. A pesar de que se le haya ido la mano a mi padre, no le diré nada. Sé que mi madre es capaz de mandarlo a la cárcel y no solo por pegarme a mi, a su hija, si no por intento de violación.

Cuando tenía unos dieciséis o diecisiete, mi padre llegó borracho a casa. Había estado todo el día fuera. Desde las ocho de la mañana hasta las doce de la noche. A esas altas horas de la noche, yo estaba sola y mi madre como loca desquiciada buscando a su marido. Ernesto apareció en mi habitación pasada las doce y cuando lo miré, al instante por la forma en la que separaba y el olor horrible que largaba su ropa, te dabas cuenta de que se le pasaron las copitas, demasiadas. Me golpeó e intento violarme pero por suerte, no fue así. Todo se lo debo Abraham. Así fue como nos conocimos. Él era mi vecino y bueno, al parecer escuchó los gritos y se metió a la casa, re normal por suerte, pero los gritos que daba diciendole que no me tocará y demás, creo que se escuchaba hasta china. Estaba asustada, que le iba hacer.

— ¡Auch! — me quejo mirando a mi madre, la cual me sacó de recuerdos — Joder mamá, dolió.

— Bueno, estabas en tu mundo. Como siempre.....— susurra la último.

— ¡Te escuché! — arrugo mi nariz.

El ruido de la puerta principal nos saca de nuestra “pelea” extraña.

Abraham entra a la cocina un poco colorado y despintado.

“¿A dónde mierda fue para que vuelva así?”

Al ver la marca de unos pintalabios en su cuello, aprieto los puños.

Que no sea lo que estoy pensando, carajo.

𝙰𝚖𝚘𝚛 𝚎𝚗𝚝𝚛𝚎 𝚌𝚘𝚛𝚛𝚎𝚍𝚘𝚛𝚎𝚜 [A.M] {EDITANDO}Donde viven las historias. Descúbrelo ahora