En un rato estábamos los 4 sentados comiendo hamburguesas. En el restaurante de la mama de Jake. Por afuera se veía pequeño con su color rojo brillante y sus cuatro ventanas, pero por dentro era muy espacioso y limpio, de un color blanco.
Habíamos llegado Scott y yo en la wrangler. Y Abby y Jake en volvo blanco de Abby. Comimos en silencio, después de un rato mi celular sonó. Era un mensaje.
Cassie.
Tienes que venir en el norte del bosque, es de vida o muerte. Trae a Abby y a Jake.
Steven.
-Cassie te pusiste pálida-dijo Scott.
- Surgió algo importante nos tenemos que ir- les dije a Abby y a Jake-los veo en la entrada del bosque. Voy a llevar a Scott a su casa.-dije.
Abby y Jake se voltearon a ver a los ojos, y con un simple asentimiento de cabeza se fuera despidiéndose de nosotros con la mano.
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Después de haber dejado a Scott en su casa me dirigí directo al bosque. En el fondo del bosque estaba el volvo de Abby. Con los dos afuera recargados en el capo del auto.
-¿Qué paso?-dijeron los dos al mismo tiempo, y les mostré mi celular, con el mensaje de Steven.
-Ay que transformarnos así llegaremos más rápido-dije.
-Está bien, pero tu diriges-dijo Jake.
Así que dejamos la ropa en el volvo de Abby. Y nos transformamos.
Cuando me transformaba, sentía como mi piel se estiraba y crecía el pelaje negro, era como si algo que estuviera dentro de mí se liberara. Como un pájaro que por años ha estado atrapado en una jaula, y lo liberan en pleno bosque. Yo amaba ser un lobo mis patas tocando la tierra mojada, la briza soplando por mi pelaje.
Nosotros mediamos lo que media un oso y nos comunicábamos con el pensamiento. Por medio de aullidos. Pero solo tú podías decidir lo que salía o a quien dejabas entrar, solo los lobos con sangre de alfa podían entrar en la mente de sus lobos, quisiera el individuo o no.
Cuando se visualizaron las figuras de los miembros de la manda, nos transformamos a humanos y fuimos a donde ellos estaban. Estaban alrededor de algo, pero por los cuerpos no se podía ver que era. Así que nos acercamos más al círculo, empuje algunos cuerpos para poder estar al centro del lugar.
Era un cadáver y no solo un cadáver, el cadáver de un lobo. Tenía un orificio de bala en el lomo y otra en el pecho.
Me quede en estado de shock, era como ver a David, hace 5 años. Vi a mi padre y me dirigí a su lado. -¿Quién era?-le dije con un tono cuidadoso.
- Era un cachorro, al parecer era Sam James- sabía quién era perfectamente, a un que solo me había cruzado con el unas 5 veces, por órdenes de mi padre, pero sabía muy bien su historia.
A Sam lo habían mordido el año pasado en las afueras de Perú, cuando iba de vacaciones con su familia y había llegado hace 5 meses, todo histérico suplicando ayuda. Después solo lo veía en las casas o en las reuniones mensuales de la manada.
-Parece que lo mataron ayer por la noche, cuando hacia su recorrido de vigilancia-dijo. Steven que de alguna forma de había escabullido a mi lado.
-¡Escuchen todos!-ordeno mi padre con su comando se alfa.- con lo ocurrido hoy, tendremos que tomar medidas-dijo.-desde ahora está estrictamente prohibido que se transformen a nuestra forma de lobo, solo se podrá en las casas o en caso de alguna emergencia de vida o muerte. Y ningún cachorro saldrá sin supervisión.- se voltio giro a verme.- tu tampoco Cassandra.- me dijo con un tono muy serio.
-Pero solo faltan 11 meses para que cumpla dieciocho.-replique-y no me puedes mantenerme encerrada.-le dije furiosa.
-No está a discusión.-me dijo con un tono muy tranquilo, que daban ganas de estrangularlo. Sabía que lo hacía por mi bien, suerte que yo no era de las chicas que preferían pedir perdón, a pedir permiso.
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Cuando por fin se acabó la discusión al final decidieron: que las personas menores de 18 años se les iba a asignar alguien para su supervisión, y a mí casi me asignan a Steven, pero por suerte Jake se había ofrecido para cuidar de mí y Abby, mi padre no muy convencido acepto.
Cuando fuimos por los carros no despedimos con un abrazo de grupo.-todo va a estar bien.- me había susurrado Abby al oído y los dos se fueron a su casa y yo al rancho.
Cuando llegue a casa no había nadie, por suerte porque no estaba de humor para ver a nadie, así que me fui a acostar. En unos 15 minutos mi celular sonó.
Desconocido. ¿Quién podría ser? – ¿Quién habla?-dije.
-Hola, princesa.-y al instante supe que era Scott.
-Hola, Scott- intente ocultar mi emoción pero fue un fracaso.
-¿Qué fue lo que ocurrió hoy, que tuvieron que salir tan apurados?.
Me quede helada, ¿Qué le tenía que decir? Así que me invente la escusa más tonta del planeta. – Mi papa se enfermó de gripe- respondí. Me di con la palma de la mano en la frente. Dios a veces sí que era estúpida.
-Oh, lo lamento.- fue todo lo que dijo.
-Oye, ¿mañana quieres ir a nadar?- Solté, arrepintiéndome al instante, pero ya no me podría echar para atrás.
-Si claro, paso por ti mañana-dijo, un tanto alegre.
-¡No!-exclame un poco brusca- veme en el kilómetro 30, a las 10:30am, al norte del bosque.
-Está bien-dijo con un tono dudoso.
-Y Scott.
-¿Sí?-
-¿Cómo conseguiste mi número de celular?-
-Digamos, que mi abuela tenía el celular, le marque y se lo pedí- y antes de que pudiera contestar-Bueno hasta mañana, princesa-dijo y colgó.
Mañana tenía una cita para ir a nadar con Scott, en el lugar que no le había mostrado a nadie en 5 años.
ggGO
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Luna de cristal. Finalizada
RomansLágrimas de miedo escapaban de mis ojos. -No me mates.- dije entre gimoteos, por favor que no me odie. -¡DIOS!- grito al ver mi cuerpo desnudo tomado el lugar de la loba ante sus ojos y se alejó unos pasos de mí. - No te asustes- dije con lágrimas e...
