Elizabeth madrugó pensando en todo lo que había hurgado por la web sobre Armando Feinmann. Un hombre de carácter dominante en las letras; con un punto de vista particular, y que esto él lo sabía perfectamente.
Esto conlleva a la siguiente duda: ¿qué mierda hacía este tipo opinando sobre prostíbulos? Elizabeth, de primera mano, sabe o intuye por lo menos, que la conducta adoptada por Armando en el instante de exponer su opinión al mundo, la esculpe con anterioridad, con estudios previos. Se luce como un hombre que no habla por hablar; es un hombre que sabe, y sabe bastante. Por lo tanto, ¿qué cosas son las que sabe de los prostíbulos? ¿De dónde la interés?
Elizabeth trata de no imaginar en su infante cabecita, ningún escenario morboso o erótico, donde una prostituta esté cerca de Armando. Lo evita, no se lo imagina como un viejo verde, repugnante. Estos adjetivos son dados a aquellos incultos, y Armando es un hombre de pies sobre la tierra, de fuerte sabiduría, de no dejarse atrapar por la morbosa sexualidad que le ofrece una prostituta.
Llegando al grado de no poder acusarlo. Es incapaz.
Se hunde en el tibio sillón aterciopelado de su alcoba, al momento que reitera la lectura en los últimos mensajes del chat del grupo de Whatsapp.
Algunos compañeros informaron que los últimos profesores no iban a asistir a la clase de hoy, por lo que los dos primeros módulos del horario, tendría profesor, excepto en lo que resta de la noche.
Remoja sus labios y busca una decisión suya. Piensa: ¿ir hoy solamente por un profesor? Está perdida, y no sabe qué hacer. La materia del profesor que presenciaría hoy, la entiende, sacó varios resúmenes y comprende cada análisis que exterioriza el hombre a la clase. Tampoco quiere subestimar la materia, eso es lo último que su perezosa actitud haría.
Observa el móvil, en la aplicación ya dicha, y ve que son más de diez los que responden con una negación. La gran mayoría faltaría.
Elizabeth vuelve a pensar, esta vez se pone de pie y vaga por cada esquina de su rectangular habitación. Se está alterando, y ninguno de sus padres espera a una Elizabeth nerviosa…
En eso, encuentra una excusa que pueda equilibrar su duda: su padre. El padre es el que la lleva, y algunas veces, es el que la va a buscar al instituto. Si hoy falta, no sólo se daría un favor a ella para descansar, ¡también a su papá! Por lo que obtiene dos beneficios.
De esta manera concluye con su decisión. Hoy falta. Dichosamente feliz y en paz, se arroja a su cama. Hoy faltaría…
Le envía un mensaje a sus padres, avisándoles que hoy no asistiría al profesorado. Antes de que pudiera dejar el teléfono apartado de su vista, se acuerda de un detalle imperceptible, pero importante.
¿Y Armando?
Regresa a la aplicación de Whatsapp para ver si comentó o avisó de algo. Se entera que forma parte de los que aún no dieron su respuesta al grupo. Capaz, debe ser un hombre lo bastante ocupado como para no contestar… ¿qué está diciendo? Eli, reacciona ante esto. Se fija en los contactos que tiene en la aplicación, y ve que el “«último visto de Armando»” fue a las diez de la mañana, siendo ahora las cuatro y media.
Frunce sus labios, vuelve a su estado confuso, perdido e indeciso. Respira hondamente, preparándose al manejo del teclado de su celular. Le hablaría, le preguntaría si asistiría o no a la clase de hoy, con el motivo de saber si serían muchos los que concurrirían.
Prepara y piensa en cómo decirle, textualmente. Piensa, idea. ¿Tanto? Elizabeth entiende en un parpadeo, que ella realmente está interesada en él, y no lo negará, quedaría inmadura por su parte. Siendo Armando un hombre experimentado.
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Libertino XXI (Nouvelle)
Mystery / ThrillerLa nueva hipótesis transformada en la base de este siglo.