—¿Rumualda?
Le tome de la muñeca y con esfuerzo lo lleve a rastras lejos del gimnasio.
—Espera cariño primero tengo que ver al entre...
La ira había sacado a relucir una fuerza desconocida para mis músculos, ignorando al castaño le empuje contra la pared del pasillo de la institución y de manera muy graciosa sin importarme la diferencia de tamaños lo acorrale entre mis brazos.
Sonrió incómodo—Oye K, creo que debería ser al revés.
Alce mi rostro para verle y sonreí socarrona.—Calla Pancracio Pedrito Luis Julio Cesar Alejandro.
—¡Ay mamá! ¿Y ahora qué hice? —pregunto sobreactuando su preocupación.
Le fulmine con la mirada—Me hice una idea de que hiciste...—me estaba aguantando las ganas de darle un punta pie, sacarle la lengua, llamarle idiota y salir corriendo—...Y no me gusta.
—Oh vamos K, creí que te alegraría no estar en problemas—dijo anonadado por mis quejas.
—Lo estoy, es solo que—aleje mi mano derecha de la pared y nos señale—pensé que estábamos juntos en esto.
Sentí su mano fría sobre mi mejilla dándome un pellizco.
—¡Auch!, suéltame.
—Ya, ya no te enojes...—tomo mi mano para entrelazarla con la suya haciendo que mi corazón diera un respingo y mis cachetes se tiñeses de un suave tono rojo.
—En agradecimiento...Te ayudare a redactar la carta de disculpa—dije antes de intentar alejarme del contrario.
Insatisfecho el chico me dio un jalón. Sentí el suave roce de sus labios en los míos, su cálido aliento golpearme sutilmente y su afilada mirada sobre mis sorprendidos ojos.
Las piernas me temblaban, soltó mi mano para sostenerme por la cintura. Sus labios se movieron lentamente esperando una respuesta de mi parte, porque supongo que temías que te rechazará.
Mi cabeza era un revoltijo, "¿qué se supone que debo hacer?", preguntas sin respuestas atacaban mi pobre mente que se hallaba al punto del colapso. Intente seguir tu suave vaivén que poco a poco fue tomando confianza intensificando su movimiento por lo que tu mano libre en respuesta me sostuvo por la mejilla izquierda mientras mis manos escurridizas se colaron entre tu pecho para aferrarse a tu camisa.
Te saboreaba, deleitándome como si fueses un exquisito chocolate sin embargo tu apetecible sabor tuvo que abandonarme. Te alejaste, nuestras respiraciones chocaban entre si y cuando caí en cuenta lo que había sucedido me separe de ti exaltada tapando con rudeza mi boca.
Relamiste tus labios y sonreíste—Lo siento Kaily, es que soy avaricioso.
ESTÁS LEYENDO
¡Ups! # equivocado
Proză scurtă¿Qué pasaría si un día cualquiera recibes un mensaje de un desconocido? -Maldición Marcos. ¡Responde! -¿Quién eres? Un error puede llevarte a...
