Al día siguiente, todo era igual. Mi desayuno, mi mamá, mi casa, el transporte público, el paisaje y el frío que te obligaba a llevar un abrigador atuendo para no enfermar o morir...Pero no, ¡No todo es igual! Hoy oficialmente después de clases me reuniré con E.
Que como se siento...¡Como la mierda!, el negro bajo mis ojos demuestra que no dormí por las ansias, no pude tocar mi desayuno porque los nervios me dan nauseas, casi pierdo el transporte y me baje una parada después de la mía por estar distraída.
De alguna santa manera arribe a mi salón de clases y senté mi magullado culo en mi fría silla. Respire profundo una y otra vez, la campana de inicio de sesión de clases por poco me revienta los tímpanos y la expresión neutral del profesor de biología solo me daba...¿Cómo se llama, aquello que te permite dormir por la noches? ¡Ah sí, sueño!
Pase la mayor parte del tiempo en mi mundo y más allá, el correr de las horas solo provocaba un dolor agudo en el estómago por el estrés, definitivamente la fábrica había fallado conmigo a la hora de crearme.
El tiempo siguió pasando y sin darme cuenta me faltaba una clase más para reunirme con E.
Como todos los días, el maestro de matemáticas llegó para impartir su clase pero tras un ligero golpe en la puerta en medio de la lección, se vio obligado a detenerse.
La puerta del aula chirrió y tras ella apareció el castaño con sus ojos despreocupados. El maestro le llamaba insistentemente, escuchaba cuchicheos de mis compañeros y alguno que otro suspiro de las féminas.
—Ya vine para nuestra cita—dijo el chico cuando estuvo frente a mí.
Ladee la cabeza—¡¿AH?!
Rápidamente metió mi cuaderno y cartuchera en mi mochila.
—¡Oye! Espera, espera—me levante de golpe haciendo que mi asiento cayese provocando un escandaloso ruido—Aún estoy recibiendo clases.
El profesor obviamente molesto se acercó a paso firme hacia nosotros. Ethan al percatarse se puso una de las correas de mi mochila sobre su hombro izquierdo y con su brazo derecha me tomo cual saco de papas para salir corriendo del salón ante las atónitas miradas de los demás incluido el maestro.
Cuando caí en cuenta de la situación me puse a patalear—¡Ethan bájame!, ¡¡Estás loco!, ¡¡SUÉLTAME!!
—Kaily, cálmate.
—¡Van a matarme!, ¡Mi mamá va a matarme!—dije al sentir como mi alma abandonaba mi cuerpo.
—Oye—se quejó—a mí también me matarán.
—¡¡Se supone que debo sentirme mejor!!
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¡Ups! # equivocado
Short Story¿Qué pasaría si un día cualquiera recibes un mensaje de un desconocido? -Maldición Marcos. ¡Responde! -¿Quién eres? Un error puede llevarte a...
