Continuación

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Como siempre hacía, me senté en el suelo y esperé a que él me imitase. 

-Bueno Adrián, ¿sabes por qué estás aquí?-pregunté mientras le seguía con la mirada.

-Para hablar, ¿no?

Asentí con la cabeza. Eso era obvio, no me lo traía para jugar al parchís. 

¿Cómo podía empezar la conversación sin empezar por la pregunta de si era gay? A lo mejor si le preguntaba por qué estaba aquí, me lo diría. O tal vez podía preguntarle si tenía novia. Bueno no. ¿Qué me importa a mi eso?

-Soy gay.-soltó de repente.

Levanté la vista poco a poco hasta mirarlo a los ojos. No me había hecho tanta falta comerme la cabeza. 

Le sonreí. Principalmente porque fue el quien empezó la conversación, y también porque se abrió. Cosa que no lo hace todo el mundo.

-¿Y por eso estas aquí?-le pregunté entrecerrando los ojos.

-Si.-buscó mi mirada con los ojos y continuó hablando.-Hace tiempo me di cuenta de eso, y me siento bien.

Entonces si se siente bien consigo mismo, ¿por qué está aquí?

-El problema.-siguió.-Es que me da vergüenza decírselo a mi familia y amigos. Ya sabes, por si me dejan de lado. 

En estos años nunca había tenido ningún caso como el suyo. Bueno, mentira, si lo tuve, pero con una chica que tenía miedo de decírselo a sus amigas por si se alejaban de ella. Aunque ahora que me doy cuenta, es lo mismo... pero no estaba su familia metida de por medio.

-Yo creo, firmemente, que los padres apoyan a sus hijos en todo momento. Es verdad que a veces suelen enfadarse o sentirse tristes, pero eso no significa que en un futuro acaben aceptándolo y los apoye.-lo miré.-La cuestión es que se lo cuentes. Son tus padres y van a entender cada una de tus decisiones. A lo mejor al principio les costará asimilarlo, pero no debes preocuparte.

Asintió.

Posé mi mano sobre la suya, en señal de gratitud por haberme contado esto.

-¡No te preocupes! Y tus amigos... ¿qué quieres que te diga? Si no respetan tu orientación sexual, si se alejan de ti, si se ríen de ti, déjame decirte que no son tus amigos de verdad. ¿Te cuento una historia parecida a la tuya? 

-Vale.

Tragué un poco de saliva y empecé a narrarle la historia.

-Hace un año, vino una chica que le pasaba lo mismo que a ti. Le gustaba las mujeres pero tenía miedo de decírselo a sus amigas. ¿El por qué? Por si se alejaban de ella. Me dijo que su mente estaba divida en dos: la que le decía que lo dejara pasar, que no se lo contase; de esa forma seguirían siendo amigas. Y después la que le decía que lo hiciera, así podría ser de verdad como era sin tener que esconder algo por miedo. 

Me callé, de esa forma le dejaba que procesara toda la información.

-¿Qué escogió al final?-preguntó.

-La segunda opción.-le sonreí.-Al principio tenía miedo, pero luego todo fue sobre-ruedas. A las pocas semanas de acabar el campamento, me envió una foto con sus amigas, dándome a entender que seguían juntas aun después de haberle contado eso. Y fue allí cuando me di cuenta de que si de verdad son tus amigos, hagas lo que hagas, elijas lo que elijas, vais a seguir siéndolo. Creo que eso es lo más bonito de la amistad, ¿no crees?

Esta vez fue él quien sonrió. 

-¿Sabes? Me gusta un chico de la Universidad y sé que a él también le gusta los chicos, pero me da vergüenza dar el paso.

-¿A él le gustas?-pregunté.

Obviamente no podía aconsejarle que se lanzará sin apenas saber si era mutuo. 

-No lo sé. 

Oficialmente no podía decirle eso.

-Entonces hazte amigo de él. Hablar y conoceros un poco mejor. Así, de esa forma, sabrás si los sentimientos son recíprocos y si estáis hechos el uno para el otro.

Cuando no sabías si era mutuo lo que sentías por la otra persona, lo mejor en estos casos, era hacerte amigo de él (si no lo eras aún) y conocerlo. Y si ya tenían amistad, hablar y mandarle alguna que otra señal. 

-Lo haré.-contestó levantándose del suelo. 

Hice lo mismo que él y lo acompañé hasta la puerta. ¡Otro caso resuelto!

-Espero que te lo pases bien.-le dije abriéndole para dejarle salir. 

-Gracias.

En ese momento, por delante de mis narices, pasó Mike. Esta era mi oportunidad para poder hablar con él y dejarle las cosas claras de las actividades.

-Mike.-le llamé.

Se giró y me miró con cara extrañada. Normalmente no solía hablar con ellos hasta acabado el campamento o cuando les daba el dinero. 

-¿Qué pasa?-preguntó acercándose.

Me gustas.-pensé en mi cabeza.

¡Oh, no, no! Esto no era de lo que quería hablar con él. Aclaré la garganta y le miré fijamente.

-¿Qué es eso de que hicisteis pizza el otro día?

-Como hacemos siempre.-contestó como si no se acordara de la conversación que tuvimos hace tres años.

Bueno, la verdad era que yo me acordaba porque tenía buena memoria, cosa que ellos dos no tenían. Aún así, una orden era una orden, y que se la pasarán por donde yo me sabía no me hacía gracia.

-¿Y dónde se quedó la conversación que tuvimos hace tiempo?-paré.-No me mires así. La conversación que tuvimos sobre este tipo de actividades.

Arrugó el entrecejo. 

-No sé de que me hablas.

Esto era algo que no me gustaba de él. Le quitaba muchos puntos. A veces, cuando pensaba en nuestro futuro juntos, siempre se le  olvidaba nuestro aniversario y eso me ponía echa una furia. Después me acordaba de que no éramos pareja y se me pasaba el enfado. 

-Mira vete. No quiero enfadarme.

-¿Enfadar...?

No le dejé acabar. Cerré la puerta delante de su cara y me quedé sentada esperando a que se fuera. 

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Si, en algún momento, hay algo que no os gusta, que cambiaríais, que quitaríais... ¡Decírmelo!

Por cierto, la portada definitiva será la que podéis ver ya puesta. 

¡Un beso! <3

1,2,3... ¡Quiérete!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora