-Y bueno, ¿qué querías?-preguntó mi madre sentandose en el sofá.
-Nada. Me pasaba a ver como estábais.-contesté sin darle mucha importancia.
Podríamos decir que mi madre tenía un carácter seco a primera vista, pero en realidad era una persona cariñosa y agradecida. Mi padre, todo lo contrario, tenía aspecto de ser un bonachón pero muy seco.
-¿Tu hermano cómo se encuentra?-preguntó mi padre trayendo el bizcocho partido en varios trozos.
Antes de responder, cogí uno. Era de chocolate por fuera y relleno de más chocolate por dentro. ¡Una maravilla tanto para el paladar como para los granos que me iban a salir luego!
-Bien, bien.-dije mientras le pegaba el primer bocado.-Hoy se ha ido de excursión con los chicos. Ya sabes... para airearlos un poco.
-Eso esta bien. No te viene mal algún día de descanso. Se te ve agotada cielo.-después de decir eso, mi madre me observó de arriba a abajo.-El otro día ganamos en un sorteo un día en el spa, como somos dos y solo es para uno...-se levantó del sofá y se dirigió al mueble de la entrada. Abrió uno de los cajones y se volvió hacía su sitio anteior.-Toma. ¡Seguro que te viene muy bien!
Estuve a punto de atrangantarme con las migajas del bizcocho. No podía aceptarlo. Primeroporque eso era de mis padres y ellos tenían que disfrutarlo. Segundo, tenía cosas más importantes que hacer.
-¡Oh, no, no!-le dije echándome incoscientemente para atrás.-El spa y yo no somos... ¿cómo decirlo? Compatibles.
Mi padre arrugó el entrecejo y se colocó las gafas bien. Seguía teniendo el pelo oscuro con su color natural, pero era verdad que las canas lo estaban invadiendo.
-¿Cómo que no sois compatibles? Esto no es para buscar parejas ni nada por el estilo.-contestó mi madre.-¡Anda, cógelo!
Suspirando, estiré el brazo para alcanzar el trozo de papel que me estaba ofreciendo. Lo observé durante unos segundos y seguidamente me lo guardé en el bolsillo del pantalón.
Ahora que lo pensaba friamente, un dia de masajes, cremas y todo eso me ayudarían a estar menos estresada.
-Entonces todos estáis bien, ¿no?
Asentí confirmando lo confirmado anteriormente.
-Y por aquí, ¿qué tal las cosas?-les pregunté yo esta vez.
-Lo de siempre. A la vecina se le escapó el gato y reunió a todos los vecinos para buscarlo. Como siempre, lo encontraron dentro del garaje del vecino de frente.
Reí. Me acordaba cuando yo aún vivía con mis padres y casi todos los días, por no decir todos, teníamos que salir por la noche en busca y captura de Blanc, el queridísimo gato de nuestra vecina. Lo que nunca llegué a entender fue por qué siempre se iba a la casa de en frente teniendo una más cerca a su lado.
Como si mi padre me hubiera leído la mente respondió.
-La última vez que lo encontramos nos dimos cuenta que en el garaje de Tom habían más gatos, por lo que pensamos que esa era la razón por la que se escapaba todos los días. Y mira.-dijo a la misma vez que se levantaba. Se acercó a la cocina y tardó un par de segundos antes de que volviese al comedor, esta vez con algo negro entre sus brazos.-Como Tom no podía hacerse cargo de tanto gato, empezó a regalar a la gente interesada. Tu madre, ya sabes como es ella, se empeñó en que quería uno y aceptamos quedarnos con este.
-Se llama Gato.-continuo mi madre riéndose.-Se ve perfectamente quien le ha puesto el nombre, ¿no?
Con una sonrisa me acerqué a mi padre y con mucho cuidado cogí a la pequeña bolita de pelo negro. Apenas debía tener 9 meses.
-¿A qué es una monada?-me preguntó mi padre mirando al gato con ojos saltones.
Nunca había visto a mi padre tan... tan... tan blando.
-Lo dice el que no quería ni un animal en casa.-le guiñó mi madre un ojo.
No pude contenerme la risa y empecé a soltar carcajadas cual loca.
-¡Pero esperáte!-exclamó mi madre. Eso hizo que me relajará y prestase atención a lo que iba a decir a continuación.-Como sabía.-mi padre tosió por lo bajo.-Bueno, como sabíamos que tú también eras una fanática de los gatos... te cogimos uno.
Esta vez fue ella la que se dirigió hacía la cocina y emocionada por lo que iba a traer, achuché al que tenía encima mío. Con cariño, claro está.
-Para sernos sinceros. Tu madre cogió tres, uno para nosotros, uno para ti y otro para tu hermano, pero como no sabíamos cuando íbais a pasar nos hicimos a la idea de que nos lo quedaríamos nosotros.-cogió a Gato.-Así que les pusimos nombres, los cuales espero que no los cambies porque son muy originales.
Reí. Era capaz de ver por donde iban los tiros. COnociendo a ambos los nombres de los gatos iban a ser tal que así: Brillo, Ratón, y el que ya sabíamos, Gato.
-¡Aquí lo tengo!-gritó mi madre entrando por la puerta.-Estaba jugueteando con la pelotita de papel.
Me puse de pie y me dirijí hacía mi madre para ver el que sería mi nueva gatito. Mi padre, acompañado por Gato que se encontraba en sus brazos, se colocó a mi vera.
Cuando estuvimos a una distancia prudente, mamá extendió los brazos dejando ver a la bolita que tenía, esta vez de color blanco con manchitas grises. Se podía decir que en ese momento caí enamorada y rendida ante ese pequeñín.
-Es un macho, también, y se llama Purpurina.
¡Casi!
-¡Muchas gracias!-les agradecí mientras lo cogí con sumo cuidado.
Tenía ganas de enseñarle a Purpurina su nuevo hogar, de que pudiera ver todo el espacio que podría recorrer y... y darle todo mi amor.
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1,2,3... ¡Quiérete!
Teen FictionDesde bien pequeña me gustaba ayudar a las personas, sobretodo dándoles consejos para quererse a uno mismo. Sabía que de mayor quería trabajar haciendo esto y decidí abrir un campamento. No es un campamento normal, en el cual haces actividades todos...