VIII.

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Ya sé que te has tenido que ir hoy como otras tantas veces,
con las cosas a medias y la rabia a flor de piel;
sé que no hace falta que digas nada, porque desde el momento en que alguien te llama y sales afuera, entonces es que te reclaman en alguna parte y debes irte.
Veo tu cara. No sé científicamente, pero sé de forma humana qué te pasa.
Buscas momentos especiales,
gente especial,
destellos de parnaso y olimpo creados por la incontenible vida sólo para ti.
Imposibles de atrapar en videos, fotos o tweets; efímeros, máscaras de la muerte pintadas con vida, lo que sea que te recuerda que tú eres, y eres en un aquí y en un ahora.

Entonces, yo tan sólo quiero decirte que tengo la misma búsqueda causada por la misma sed de juventud que tú. Y que salgo a la calle esperando encontrar paseos nocturnos a la luz de astros inspiradores y bajo callejuelas tranquilas; gente peculiar, auténtica, que necesitan que las quieran y saben querer con cariño de verdad; escenarios únicos, pensamientos etéreos, un éxtasis que condense la vida en una sola pastilla inexistente, que ha de aparecer milagrosa en mi boca.

Sin embargo, encuentro una noche que no es mía, una gente que tan sólo necesita que la miren y mirar a los mejores, unos lugares raídos por la vulgaridad y la hipocresía.
Y mientras el alma me pide palabras, ya no busco sino que creo mi momento eterno pensando en otros mundos y personas que en ese momento no existen allí conmigo.

Como por ejemplo, tú.
Que encierras más dentro de tu habitación que todo León de noche con sus bares y sus adolescentes borrachos.
Que nadie te roba la voz, que la tienes tan doblada y comprimida que no te cabe en la garganta, ni te cabe en la boca, ni en el cuerpo; sobrepasa tu habitación y se explota fuera en libretas y miradas, sin entender cómo, cuándo, dónde y por qué.

No pienses nunca entonces que pierdes lo que ambas buscamos. Puedes perder muchas otras cosas, como cada uno pierde las suyas,
pero si en algún desgraciado momento piensas que estas perdiendo momentos infinitos e invencibles, convéncete leyendo esto de que es mentira, de que esos no son caducos de una edad, y de que no están donde los buscas.

Mientras este contigo, entonces tendrás esos momentos: pocos tal vez, quién sabe cuándo y cómo serán.
Pero eso carece de importancia. Lo importante es que, pase lo que pase, yo siempre estaré contigo.




30 de Julio del 2014, miércoles. 2:38 horas.

A la parte más oscura de mí:

Si.

Hoy a te escribo a ti.

Que soy yo.

Te escribo a ti, pesimista y agorera parte de mi que se niega a ver el vaso  medio lleno.

Te escribo a ti,

que eres yo

y no te quiero.

No me quieres;

no me quiero.

Quiero que guardes esta carta

—la guardaré—

y recuerdes,

cada vez que sientas

—desgraciadamente, lo siento muy a menudo—

que todo es monótono e insulso y estúpido y la vida es un sinsentido, que fui la inspiración para esta carta y esa de más arriba.

Que alguien te escribió algo muy parecido a poesía.

Qué malas son las madrugadas sin compañía.

Cuánto nos hacen pensar, compañera mía.

Es que te escribo a ti,

que a veces eres yo

pero a veces no.

Qué mal estoy y cuánto me gusta comerme la cabeza con rollos de filosofía.

No me despido, sólo te —me— pido

ser un poquito menos exigente con el destino.

Y saber ver lo bueno en el vaso medio vacío.

Que nadie nos robe la voz,

                                 b.

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