IV.

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Diez de Julio del 2014, jueves. 0:13 horas.

Al odiado olvido:

Es de noche y estoy tumbada

en una cama que no es la mía.

Te escribo, olvido —y espero no te parezca mal—,

para pedirte que nunca vengas.

Hoy he visto una película en la que el chico tiene miedo al olvido.

Y después

—ahora—

me he encontrado pensando que

yo también.

No a que me olviden, a olvidar... Algún día si unos ojos fueron marrones o negros.

Las risas a hurtadillas de madrugada,

mis canciones favoritas

o el olor de la hierba recién cortada.

¿Hay algo mejor que recordar?

Los buenos momentos...

Los malos también, quizá sirvan para aprender.

Así que, enemigo mío, te pido que te mantengas bien lejos.

Y te doy las gracias;

no hago más que decir lo mierda que es mi vida, pero si la quiero recordar,

¿tan mal no lo estaré haciendo, no?

A veces, pensar en que puedes perder, te hace ganar.

Se despide, Don Olvido, esta adolescente un poco vieja con fobia a que un día aparezcas.

Posdata: perdón por lo de odiado, sería más bien temido, Señor Amnesia.

       

            Atentamente,

                                   b.

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