Ocho de Julio del 2014, martes. 23:33 horas.
A ti, dueño de los ojos marrones:
Nunca hemos hablado en condiciones.
¡Con lo que a mi me gusta hablar —y lo que me gustas—!
Nunca ha habido un saludo de verdad.
Aunque no cambiaría esos guiños por tu parte, esas medias sonrisas...
Quizá si mis tímidos gestos.
Y, ahora, que no te tengo delante, quería decirte: hola.
Quería decirte que te vi y
que te he estado mirando.
Que me gusta cómo hueles y
cómo miras y
cómo te ves.
Que me gustaría saber
cómo me ves.
Cómo me mirarías.
Cómo besas...
Cómo me besarías.
Se despide, sin más —porque ya lo ha dicho todo—, esta callada chica que prefiere escribir a hablar. Siempre dispuesta a intercambiar miradas y sonrisas a medias,
b.
ESTÁS LEYENDO
Cartas.
ŞiirA quien -por casualidad o concienzudamente- esté leyendo esto: tengo un papel en blanco delante y una pluma en mano. Escribiré a mis temores y a mis sueños, a personas reales e inventadas. Te dejo que eches un vistazo a mis pensamientos, querido...
