El mundo en que vivimos es un asco. Si no eres como el resto te repudian, te desprecian, te hacen sentir miserable; el humano es así, hace cualquier cosa para alimentar su estúpido ego.
Pero lamento decirles que no soy más que otra perdedora más, ir...
A cada paso, con cada misero paso que daba en el extenso corredor, no podía sentir más impotencia. Sus miradas divertidas al verme pasar eran un grito ahogado para mi baja autoestima, no les es suficiente con el castigo divino que se me ha otorgado, sino también tienen que recordarmelo. No es mi culpa haber nacido de tal manera, y más encima ser una cerebrito con un único amigo al que todos acusan de homosexual. Es el siglo XXI, eso ya es de niños.
El profesor Asuma me saluda alzando la mano y respondo de la misma manera, sin antes revisar a mi alrededor; hace unas semanas se creía el supuesto caso de que el profesor Asuma manoseaba a una estudiante para sumarle puntos extra a su calificación, pero nunca tomaron en cuenta de que esta supuesta chica es la número uno de la clase. Esta falsa noticia no tardo en llegar a oídos del profesor, y tras unas reuniones con la directora se llegó al acuerdo de cambiar a la chica de aula.
Hoy inicio en una nueva clase, por suerte, es la misma en la que se encuentra Kiba, mi mejor amigo; pero a su vez, tendré el gozo de disfrutar de la presencia de Sakura, ella y su dúo de incompetentes: Ino y Tenten, siendo unas "importantes" porristas y gurúes de la moda, han dedicado su tiempo libre a molestarme.
Al entrar al salón, Kiba saluda y señala el asiento a su lado; sin dudarlo, voy hacia él. No puedo creer que este chico tan lindo y divertido, sea blanco para los abusadores.
—Es bueno verte colega —levanto la mano y hacemos nuestro saludo secreto.
—No has perdido el toque nena —dice, finalizando con un choque de caderas.
Kiba y yo empezamos nuestra amistad en primer año, ambos somos perdedores, así que fue fácil encontrar un tema de conversación. Antes todo iba en relación a los abusadores, nos quejabamos en silencio de su maltrato y eso, para nosotros, era hacer algo sin hacer algo. Después descubrimos que teníamos más cosas en común, llevando nuestro compañerismo a amistad.
Mientras hablábamos, el trío SIT, Sakura-Ino-Tenten, entró resonando grandes zancadas de tacones y riendo a carcajadas; Kiba alzó las cejas, y comenzó a reír también. Sakura lanzo una mirada de tirria a nosotros, y Kiba y yo cruzamos miradas fingiendo indiferencia; me encanta hacer esto, pues la señorita perfecta siempre se enfurece, y ambos lo sabemos. Que gran triunfo para los perdedores.
Una bola de adolescentes entro por la pequeña puerta, y al final la profesora Kurenai para iniciar clases.
~•~
—¿Qué diablos es eso? —pregunto Kiba al mirarme pegar un anuncio en la pizarra.
—Me expongo a la sociedad, ¿qué no ves? —lo miré sonriendo, él seguía sin entender—. Necesito dinero para un auto, y que mejor que siendo tutora.
No dijo nada, sus ojos seguían perdidos en el anuncio que acababa de poner. Cruce los brazos en el pecho paciente a su respuesta.
—¿De verdad? ¿Con esa foto?
—¿Qué? Es la mejor que tengo —infle las mejillas.
—Lo que lograrás será espantarlos, ¡mira nomas!
Sí, lo admito, no soy nada fotogénica, pero en realidad no me interesa lo que pueda pensar la gente sobre mí, me molesta que me miren, eso a cualquiera; pero lo único que importa ahora es hacerle de tutora por algo de plata, y así comprarme un nuevo coche.
Kiba y yo nos alejamos riendo, a nuestra siguiente clase.
Al llegar la noche, después de cenar en silencio con mis padres (en silencio es un decir, pues papá no paraba de alardear sobre su nuevo ascenso y mamá de sermomearme con sus platicas positivas de la adolescencia), subí a mi habitación a cumplir con mi deber de estudiante, y hacer todas las tareas pendientes, o al menos ese era el plan; pues, apenas llegué arriba, hojie el libro de filosofía y el tintinear de una campana me hizo estremecer. Mi móvil varado bajo los libros había recibido, posiblemente, una notificación o quizá Kiba quería chatear un rato antes de dormir. Menuda fue la sorpresa al recibir un mensaje de un número desconocido.
«Hola 09:36 p.m
Lo primero que cruzo por mi mente fue el anuncio, sin embargo, si fuera así preguntaría directo por el servicio, no trataría de entablar una conversación conmigo, menos con una chica que luce como yo. Jugué con mis dedos hasta que decidí responder.
¿Quién eres?» 09:41 p.m√√
Su siguiente respuesta me hizo alucinar, y caí en cuenta de que algo no andaba bien.
«
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