Nosotros
Kiba había dejado de tocar la puerta y gritar que le abriera, lo último que hizo, antes de quedar en un inmenso silencio, fue recargarse (quizá) contra la puerta y deslizarse hasta el suelo. Comprobé el hecho mirando bajo la puerta, no lograba verlo sólo una sombra que comprobaba su estadía al otro lado. Suspire.
Quiero estar sola, ¿no lo entiende?
—Vete —murmuré con los labios pegados en la cerradura. No dijo nada—. ¿Qué no me escuchaste? ¡Vete!
Ahora yo me encontraba golpeando la puerta y gritándole. Rechine por la furia y abrí la puerta, aún hincada contra el suelo.
—¡Largate quiero estar sola, Ki... —mis mejillas se calentaron por tal vergüenza—. Yo... —frunci el ceño. Recordé porque estoy así, con la cara húmeda y roja, con el corazón partido. El enojo me volvió y olvide la reciente vergüenza—. ¿¡Qué diablos!? Acaso crees que con venir aquí todo se soluciona, ¿verdad? ¡Pues no es así! —me lancé contra él y quede a unos escasos centímetros de su cara—. ¿¡Qué más quieres de mi!?
Me descubrí mirando sus ojos, suplicante a una respuesta. De nuevo estaba llorando. Mis lágrimas caían sobre su polera.
—Hinata... —cubrió mi rostro con sus manos y me sonrió, sonrió como si no hubiera escuchado aquello. Hundí la cabeza en su pecho y deje que acariciara mi cabello mientras seguía sollozando.
—¿Q-qué haces aquí? —dije esta vez con más sutileza.
—No dejaste que te respondiera.
Nuestros ojos se miraron. Apartada, me limpie el rostro y lo mire con tristeza. No quería que me rechazará, no deseo escucharlo decir que no puede corresponderme; sin embargo, por las circunstancias no tengo a donde ir, se presento en mi único escondite, en mi fuerte e intimidad.
Que chico...
—¿Kiba te trajo? —me apresure a preguntar, intentando acabar con la tensión... Con la tensión que intentaba crear mi cabeza—. Ese chico se mete donde no le importa. Esperó no te haya dicho nada raro —reí nerviosa.
El pasillo se inundo por mis carcajadas, y luego en silencio.
—Hinata. Lo que hiciste no estuvo bien: aprovecharte de la confusión y engañarme para llegar a mi. Pero... Hinata —tomo mis manos—, si no lo hubieras hecho probablemente nunca nos hubiésemos conocido...
—Porque nunca te hubieras fijado en mí —dije encogiendome de hombros.
—No, te equívocas. ¿Qué no lo ves? Hinata, eres hermosa. Y no sólo físicamente, eres tan divertida, interesante, inteligente... —levanto mi rostro tomandome del mentón y me dedico la más hermosa sonrisa que jamás haya visto. Sus ojos se iluminaban ante cada palabra y no pude evitar sonrojarme—. ¿No me digas que no te has dado cuenta?
Nos levantamos, y lo seguí en silencio entrando en mi habitación. Sonrió de nuevo, y me puso de pie frente al espejo. Mi rostro estaba rojo, mi cabello enmarañado y no podía dejar de temblar ante la conmoción. Trague mi risa, ¿cómo es posible que él lo vea y yo no?
—¿Lo ves?
—No.
—Mira más, pero esta vez con él corazón —se colocó junto a mi tomando mis hombros—. Yo te veía así —cerró los ojos—, siempre que hablábamos te veía con el corazón, es por eso que sé lo hermosa que eres. Y también sé que tú eres la chica de la que me enamore.
—Naruto, tú... —aparte la vista del espejo y lo mire a él, con los ojos aún cerrados. No creía lo que escuchaba.
Abrió los ojos. De nuevo nuestras caras estaban a unos cuantos centímetros de tocarse.
—Estoy enamorado de ti —repitió.
Sonreí.
—¿Enserio? pensaba que serias más romántico —jugué, puse las manos sobre la cintura y me voltee a él.
—¿Dices que no soy romántico? Tengo un valiente corcel esperando afuera. Podemos llegar a él si nos lanzamos por la ventana —me copió. Estábamos tan cerca que podría perder la razón y le robaría un beso.
Esta bien, él se lo buscó...
—Oh... Mejor callate y besame.
Nuestros labios se encontraron. Como aquella noche, sentí la sensación de necesidad y la dulzura de alguien que ama de verdad. Se separó para recuperar el aire.
—Esto... ¿Ya lo habíamos hecho?
Sonreí.
Y nos seguimos besando y necesitando.
Continuará...
PcS
27•Dic•18
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Perdedora Con Suerte
FanfictionEl mundo en que vivimos es un asco. Si no eres como el resto te repudian, te desprecian, te hacen sentir miserable; el humano es así, hace cualquier cosa para alimentar su estúpido ego. Pero lamento decirles que no soy más que otra perdedora más, ir...
