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La cordura de la sociedad pende de un hilo, un hilo débil y delgado.
Todos saben eso, y aún así bailan sobre el como si fuera de hierro.
Todos saben que el hilo podría destruirnos, todos saben que es inevitable el momento en el que todo se derrumbe y se vaya a la mierda.
Todos saben eso, pero aun así siguen tirando del hilo como si este no fuera importante.
Todos lo saben.
Todos lo saben pero ven al hilo como si fuera una maldita broma.
A veces siento que soy yo la que camina sobre la fragilidad del hilo.
A veces siento que soy yo la que se burla de el.
A veces siento que soy yo la que tira del hilo, creyendo que este nunca se va a romper.
Pero todos se equivocan, y lo saben perfectamente; pero prefieren apartar la mirada y convencerse de que eso nunca va a ocurrir.
Prefieren atravesar el lago nadando, en vez de rodearlo, aun sabiendo que es el camino más peligroso.
Ellos sólo quieren llegar más rápido, y eso nos costará la cordura a todos.
A veces es un poco irritante ver como todos se sientan a ver el espectáculo del hilo; como todos se entretienen y sonríen aún si saben que detrás del telón hay un montón de odio, maldad y sacrificio.
Es irritante ver como todos se quedan mirando esperando que el hilo se rompa.
Aun si hay personas gritando, con los ojos bien abiertos hacia la audiencia, pero de sus propias bocas no saliera un sonido.
Como si les hubiéramos bajado el volumen porque eran irritantes.
Como si les hubiéramos cortados las cuerdas vocales.
Pero aun así ellos seguían con los ojos abiertos de horros y la boca abierta en gritos silenciosos. Queriendo advertir.
Pero nosotros seguíamos embelesando hacía el delgado hilo, esperando a que algo extraordinario suceda.
Algo extraordinario que nunca va a suceder si no escuchamos a aquellos que nos gritan palabras mudas.
Algo extraordinario que nunca sucederá si seguimos ignorantes.

Los confines del universo y de mi mente.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora