Narra Natalia
-Te espero en el bar, por cierto, te cogí ropa ;). Att: Alba. -Ponía en una nota pegada al armario
Mierda.
Me vestí lo más rápido que el cansancio de la noche anterior me permitía y salí de mi hogar para dirigirme a el 33/45.
Por el camino iba escuchando una lista reproducción con las canciones que cantaría en el bar.
El bar donde me esperaba Alba.
Una media sonrisa se formó en mi rostro al recordar a la rubia.
Entre pensamientos de la alicantina y unas 3 canciones llegué a mi destino.
Bajé del coche cerrando de un portazo y entré a las prisas en aquel bar en el que había estado ahí ya unas cuantas veces más.
No me pagaban mucho por cantar allí, pero ayudaba bastante con las facturas de Miki y mías.
-Joder Natalia a buenas horas llegas ¿Qué tal? ¿Bien? Me la suda, a cantar, suerte. -Se acercó a mi la camarera.
Su nombre era María.
Me llevó a una tarima con un taburete, un micrófono, una guitarra y un piano encima y se fue, dejándome sola enfrente de unas 10 personas que me observavan sentados desde sus mesas impacientes a descubrir mi voz.
Entre esa gente encontré a Alba.
Sonreí.
-Eh... Hola a todos gracias por venir, em... bueno eso. -Los nervios me carcomían por dentro a pesar de no ser la primera vez allí- Voy a cantar una canción llamada "she used to be mine", en una versión con el piano.
Comencé a tocar los primeros acordes del instrumento y a cantar.
La voz me temblaba y los dedos en cada tecla se podrían confundir con un terremoto, cualquiera diría que sería un cuadro de actuación.
Pero que cuadro más bonito.
Cada palabra, cada jodida letra, la cantaba mirando a una única persona; a Alba, que de vez en cuando me apartaba la mirada nerviosa.
La canción terminó y con ello aparecieron los típicos aplausos flojos de cortesía, pero que se agradecían. Solo unas palmas se oían mas que el resto, y como no, eran las de ella.
Aún desde la pequeña tarima, a unos 5 metros de ella, se podía ver casi a la perfección su brillo en los ojos que tanto le caracterizaba.
Canté unas cuantas canciones más y al terminar María me dio la paga: 400 euros, que por cantar un poco estaba genial.
Alba me estaba esperando ya en la salida del bar así que salí a por ella, cuando llegué estaba hablando por teléfono con el ceño fruncido y los ojos llorosos.
Me acerqué a ella y agarré sus mejillas para que me mirara.
Le pregunté con un gesto rápido que pasaba y colgó el teléfono para luego negar con la cabeza y sorber su nariz.
-N-nada... nada, está todo bien, tranquila.
-Alba, algo pasa, puedes confiar en mi, lo sabes ,¿no?
-Claro que si... Pero... N-no te lo puedo contar.
No se que le pasaba pero algo gordo sería para que no me lo contara.
-Vale, tranquila. -Dejé un sonoro beso en su frente- Vamos a comer a casa, que ya son las tres.
Asintió con la cabeza y andamos en silencio hasta el vehículo.
Al llegar encontramos pintado en la puerta de el un grafiti hecho con spray negro.
-Cuidado Natalia. -Leí en alto-¿Qué es esto?
Alba se acercó a la puerta pintada y pasó un dedo sobre ella.
-Es reciente. -Comentó la rubia al impregnarse el dedo con la pintura negra.
-Joder. -Puse las manos detrás de mi nuca y busqué a mi alrededor el posible culpable.
La calle estaba repleta de gente, pues la mayoría estaban ya saliendo de sus trabajos, era imposible encontrar a un sospechoso entre toda la gente.
-Natalia... Creo que fue mi padre.
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En este banco || Albalia
Teen FictionDonde Alba y Natalia se conocen en un banco a las 4 de la mañana.
