Capítulo X

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- Selene es la diosa Lunar, por así decirlo – dijo Hermes mientras se acomodaba la voz – ella tenía un fuerte vínculo con los astros de la noche y su poder de combate no conocía rival entre sus semejantes, dejando de lado los dioses principales que todos conocemos, véase Zeus.

>> Ella era la hija de los titanes Hiperión y Tea, la hermana menor de Eos y Helios, quizá los conozcas más porque son la representación de la Aurora y el Sol. Ellos dos la protegieron y la educaron cuando los dos titanes sucumbieron al paso del tiempo. Helios y Selene no se llevaban especialmente bien, supongo que por la naturaleza de ambos, uno era el día y la otra era la noche, luz y oscuridad, por así decirlo. Eos, por su parte, la enseñó a combatir y a como debía comportarse, como manejar el don que había recibido como diosa y a jugar sus cartas de la forma más astuta para guardar siempre sus espaldas.

Antes de continuar, debo decir que Eos era un Dios sumamente poderoso, se decía que rivalizaba con los tres hermanos, Zeus, Hades y Poseidón. Sin embargo, nunca fue su ambición ser el más poderoso. Simplemente, ansiaba el conocimiento por encima de cualquier otra cosa, apenas mostraba sus poderes divinos, no solía juntarse con los grandes dioses a pesar de ser siempre un invitado de honor. Se dedicaba a instruir a su pequeña hermanita y a cultivar su cuerpo y mente a diario, escondiéndose y volviéndose con el paso del tiempo un dios astuto y silencioso, solo reía con sus hermanos. Un día, Zeus y Poseidón irrumpieron en una de las clases que estaba recibiendo Selene y se llevaron a Eos a la fuerza. El dios de la Aurora opuso mucha resistencia e hizo utilizar a los dos hermanos todo su poder para poder contenerlo. Desembocó en una disputa en la que el Olimpo se tiño de colores oscuros, generando dolor a quién trataba de mirar, el resto de Dioses, no quisieron hacer nada, pues temían la ira de Zeus. Se llevaron a Eos a un lugar desconocido y desde entonces no se le volvió a ver.

Selene, que presenció en directo el enfrentamiento, se escondió hasta que llegó Hera, la mujer de Zeus y la acogió entre sus brazos. La pequeña niña empezó a llorar al no entender nada, implorando que regresara a su hermano. Hera la miró con ternura y la aceptó en su casa, ignorando las prohibiciones de su marido y proyectando en Selene la imagen de la hija que nunca podría tener.

Todo esto pasó al principio de los tiempos, cuando Zeus, Hades y Poseidón acababan de llegar al poder y todavía se creían fieros e indestructibles. Con el paso de los siglos, Zeus empezó a coger cariño a Selene, que ya había crecido y se había convertido en una mujer brillante, tanto en inteligencia como en belleza, dando celos a la mismísima afrodita. El poderoso dios griego, nunca le contó a Selene porque ese día fueron a por su hermano, siempre lo mantuvo en secreto y no respondió jamás a las preguntas de Selene. Con el paso del tiempo, como con todo, la belleza griega fue olvidando todo lo ocurrido por los buenos tratos de sus padres adoptivos y las vivencias tan bonitas que había acumulado. Así, se volvió una de las consejeras y ayudantes más importantes de Zeus.

Por aquel entonces, Helios se había distanciado totalmente de Selene y brillaba más que nunca, siempre esquivando a su hermana. Sin embargo, Selene se encariñó con la hija de su hermano, Circe. Ambas mujeres bajaban a menudo con los mortales para jugar y a su vez entrenar. De esta forma, el padre de Circe no las presionaba para que no estuviesen juntas. Y al cabo de un tiempo, la sobrina de Selene desarrolló ciertos poderes con la naturaleza que la rodeaba y empezó a rivalizar con los poderes lunares de su tía. Ella, orgullosa, decidió hablarle de un templo que rendía culto a la noche y Selene de vez en cuando se personaba para instruirlos. La convenció así para que le ayudase.

Al cabo de unos meses trabajando juntas, Circe se enamoró de una mujer que visitaba el templo diariamente, era una de sus mejores aprendices y se hicieron muy cercanas. En ese tiempo, Selene se distanció del templo por asuntos relacionados con el pacto que se estaba creando con los dioses nórdicos para evitar un derramamiento de sangre innecesario por ambas partes.

La caída de los DiosesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora