Esa mañana era cálida y soleada cuando desperté, pero se torno gris y tormentosa con la llegada de tres huracanes. Cloe, Kate y Valery.
A eso de las 8am ya las tenía brincando sobre mi cama y metiéndome de cabeza al baño. Luego con los faciales exfoliantes, aceites y toda clase de cremas. Después los peinados, por las manos expertas de Lulú, cuyo sueño frustrado era ser estilista. A decir verdad tenía mucho talento. El maquillaje lo proporcionó Cloe. Toda clase de sombras y labiales estaban desperdigados por la cama. Nos arreglamos las uñas de las manos y pies.
La pasamos de lo mejor, cuando estas con tus mejores amigas, una joven adulta y un gato comelón, ¿Quién no se divierte? Además de hecho que todo el tiempo estuve esperando que llegara este día.
Al sentir la tela del vestido contra mi piel todo era más real. Aquella noche seria mi noche.
Sentía cierta reticencia a mirarme en el espejo, lo evite en varias ocasiones, por lo que no había visto como era mi maquillaje, solo hasta que me coloque el vestido.
Era otra persona la que me devolvía la mirada. La chica de la tez crema, enormes y ahumados ojos oscuros era realmente hermosa. El color violeta degradado de las sombra y el rosa pálido de sus mejillas hacían un contrastes extraordinario. Su cabello era de un rico color bronce. ¿Era yo? Pues hasta donde sabía sí. Había teñido mi cabello, pero nunca imagine que se viera tan bien. Estaba recogido y algunos bucles caían por mi cuello, donde reposaba una cadena de oro con la letra M.
Mi único pensamiento era Wuao!!
El vestido era sin duda lo que más resaltaba en mí, bueno en realidad TODO resaltaba en mí. El vestido era morado, con el escote en forma de corazón y sin tirantes. Tenía un armado elegante y detalles en lila oscuro, pequeñas flores a un costado y capas de tela que daban la sensación de que la tela estaba sobre expuesta.
Cuando por fin era hora de partir tenía los nervios a flor de piel. Tanto que cuando estaba a punto de bajar había olvidado mi bolso a juego y las llaves sobre la cama. Salí al pasillo pero ya las chicas habían bajado por lo que camine hasta las escaleras, sola.
Un gemido ahogado fue todo lo que escuche cuando empecé a bajar. Primero pensé: ¿tan mal me veo? Pero posé los ojos sobre Bastean que estaba totalmente sorprendido, sus ojos verdes brillaban con cierta intensidad y su sonrisa era cada vez más amplia a medida que iba acortando las distancias, por lo que pensé que no era un gemido de repugnancia sino de sorpresa.
-¿Mía?- Ty llamo mi atención interrumpiendo el contacto visual que estaba teniendo con Bastean.
-¿Si?- se tapo la boca el muy canalla.
-Oh por Dios, eres tú.
-¿Quién si no?-pregunte divertida.
-Pensé... es que... estas hermosa cariño- él me abrazo. Hasta los ojos de Ty brillaban de sorpresa. En todos los años que llevaba conociéndolo nunca me vio de esa manera, creo que se sentía orgulloso de mí. Lástima que la persona que debía sentir tales cosas nunca estaba presente. Y ahí me encontraba de nuevo pensando en mi padre, en mi padre invisible. Pero esta noche nada arruinaría mi momento.
-Gracias- su abrazo era fuerte, además de que él era alto, bueno, muchos eran altos para mí.
-Eh... Mía- voltee y miré a Bastean que reclamaba mi atención- esto es para ti. No lo escogí yo pero... -intercambio una mirada cómplice con Ty. Luego me tendió una caja de color blanca.-Ábrelo- tomé la caja y le quite la tapa. En su interior estaba la más hermosa de las pulseras florales que jamás había visto. Ty tenía un gusto increíble con... ciertas cosas.
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Entre Sapos y Diamantes
Teen FictionHabía una vez... Yo... Sí, yo... Está bien, no soy ninguna princesa. Pero en realidad conocí a un príncipe. ¡Y qué príncipe!.... creo que es como muchas chicas lo desean, rubio, de ojos verde como esmeraldas, un rostro que no tenía que envidiarle a...
