Capítulo Dos

106 12 0
                                        

Nuevos comienzos. Parte 2

Tras un largo recorrido desde el aeropuerto habíamos llegado por fin a lo que sería mi hogar por las próximas semanas.

Una amplia casa de dos pisos con blancas ventanillas y una tallada puerta de caoba se encontraba ante mis ojos adornada bajo una enorme gama de flores desde margaritas blancas y claveles amarillos hasta las más rosa de las petunias. Un enorme árbol de Roble acompañaba desde la esquina misma de la casa, proporcionando un ambiente agradable con la sombra que proyectaba alrededor. Unas coloridas orquídeas pegadas a sus ramas se movían con el viento simulando un saludo de bienvenida. La playa se encontraba un poco lejos pero aún así, había un olor a mar y una refrescante brisa que le daba un toque veraniego a la estancia, a pesar de que estábamos a unas semanas del otoño.

Todo se veía realmente acogedor y estaba segura que me acostumbraría muy pronto a este cambio repentino, sin embargo, había algo que me estaba resultando lo bastante curioso desde que llegué.

No sabía que te gustaba la jardinería- menciono, tras volver a deleitar mis ojos con aquel maravilloso jardín.

Nunca, en ningún tiempo mientras aún vivía con nosotras lo había visto involucrarse de esta manera con detalles así. - Debo decir que estoy bastante sorprendida- río, causando que el semblante de mi padre se vuelva serio y a la vez ganándome un bufido de su parte.

Justo en ese instante un chirrido proveniente de la puerta alerta mis sentidos y dirijo mi mirada hacia la figura que poco a poco se asoma hasta la salida. Una señora canosa de unos quizá, 60 años aparece ante mis ojos y a pasos lentos se nos aproxima.

¡¡Ginebra!! grita, como si me conociese de toda una vida y me envuelve en un abrazo. Su colonia se impregna en mis fosas nasales y extrañamente, me parece un olor que ya conocía.

Ginebra, te presento a la señora Julia. Mi ama de llaves- anuncia mi padre y la mujer se despega de mí dirigiendo una mirada mordaz al pobre hombre. Está claro que no le ha gustado la presentación que ha recibido.

¿¿Ama de llaves, Richard?? ¿¿Es así como llamas a la mujer que ha cuidado de ti tantos años?? Malagradecido exclama e instintivamente, golpea el hombro de mi padre quién, sin ninguna muestra de dolor alguno, se echa a reír a carcajadas.

Mi rostro debió haber sido un verdadero poema en ese instante puesto que la señora Julia se apresura a presentarse como ella consideraba debido.

Permíteme presentarme mejor, querida. Soy Julia Colligan. La tía de tu padre. Este hombre de aquí no hubiese existido sin mi ayuda. Le gusta decir que soy su sirvienta porque Norton, el jardinero no para de echarme ojitos y piensa que si no se entera que somos familia el pobre prójimo tendrá más libertad de hacer sus movimientos. Pues se equivoca porque de todas formas, no le daré una oportunidad.

Mi padre eleva los ojos al cielo y rechista. Está claro que no le da bien el tema de ser un Cupido. Sonrió. Es bueno saber que a pesar de los años, aún mantiene sus travesuras.

Julia también fue tu nana, Ginebra. Te ha cuidado más veces de la que puedo contar. Quizá no la recuerdes porque eras muy pequeña pero la primera mujer que te cambio los pañales no fue tu madre ni yo. Fue ella explica papá y ahora entiendo porque su aroma me parecía conocido.

¿Entonces Julia vivía con nosotros en América? pregunto. Empezando a captar la idea pero ambos mueven sus cabezas negativamente y vuelvo a perderme el hilo de la historia.

No. De hecho tu madre y yo vivíamos aquí por un tiempo, pero luego tuvimos que mudarnos por ciertos temas de trabajo – la verdad es que esa última afirmación papá no ha sonado lo bastantemente convencido pero como no veo otra razón por la cual ellos podrían abandonar este precioso paisaje, le creo.

Dejavú PAUSADAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora