Capítulo Cinco

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Hola soy...

¿Alguna vez pensaron como sería su reacción si conociesen a su más grande ídolo? Desde desmayos repentinos, una ola de llanto o hasta el más escandaloso histerismo. Incluso decepción. Una infinidad de sentimientos combinados pero quizá ninguno, como el que mi organismo está sintiendo ahora mismo. Y es que, el sujeto parado a unos metros de mi no era la estrella pop del siglo. Tampoco era el actor televisivo mas renombrado del país ni el personaje más querido de Marvel. No era nadie. Es más, yo nunca lo había visto en mi vida. ¿Entonces porqué sentía como mi cuerpo emitía cierta empatía hacía él?

Aquel total desconocido me observaba con una mirada penetrante detenidamente desde lo lejos tras las ventanas. Su cabello negro azabache junto con sus ojos reflejando el cielo le otorgaban la belleza necesaria para cautivarte sin siquiera emitir una mísera palabra y definitivamente algo aún más sorprendente se escondía bajo esa camisa de seda negra que llevaba puesta esta mañana, junto a unos pantalones de mezclilla que hacían el juego perfecto a su vestuario.

No sé de donde había sacado aquel impulso pero antes de que pudiera pensarlo, ya estaba caminando hacia su dirección. Mis pies parecían haber cobrado vida propia y mi corazón emitía un extraño sonido que hacia un par de años, ya no lo hacía. Estaba nerviosa y ni siquiera podía entender porqué.

— Tranquilízate Ginebra — me dije a mi misma, intentando detener el sudor de mis manos y tomando pasos más ligeros, hasta que finalmente me adentré al museo. Pero él ya había desaparecido e ignorando aquella sensación amarga en mi pecho, opté por explorar el lugar.

Ante mis ojos, una estructura ósea gigante perfectamente ensamblada de una especie desconocida para mí, descansaba sobre una madera giratoria dándole un efecto más animado al fósil en cuestión. Cuadros antiguos, pinturas rústicas, un enorme pedazo de roca maciza y otros artefactos de época se encontraban exhibidos en este curioso salón que pese a sus interesantes muestras, parecía estar vacío.

O al menos, eso creí hasta escuchar su voz.

¡TÚ! Me estaba preguntando a qué hora llegarían con los nuevos artilugios para esta pocilga ya me estaba aburriendo de tanta espera me gustaría saber por qué rayos nos dijeron que llegarían aquí para las 7:30 si evidentemente no lo van a cumplir. He estado esperando aquí por más de ¡¡UNA HORA!! Definitivamente los despediré. Bueno, lo haría si pudiera.

Una alborotada pelirroja me observa con los ojos achinados y el semblante lleno de ira como si al verme el diablo se hubiese encarnado en ella, agitando su mano de un lugar a otro como si al hacerlo, el pequeño reloj que llevaba en su muñeca retrocedería el tiempo. La situación me parecía de lo más simpática pero tuve que reprimir la sonrisa que se asomaba en mis labios porque algo me decía que si lo hacía, esta pobre chica terminaría explotando.

Lo siento, no sé a qué te refieres. Yo no trabajo aquí contesté, intentando mantenerme lo más formal posible, pero se me dificultaba bastante, considerando que su semblante serio era bastante simpático.

¿No trabajas aquí? me preguntó de nuevo a lo que negué inmediatamente haciéndola soltar un largo suspiro y a la vez, cambiando su expresión aterradora por una cálida sonrisa.

Si me preguntan. Eso también fue aterrador.

Con todos los personales nuevos que últimamente han contratado ya me he confundido con todo, lo lamento. Soy Lori, un placer se presenta, extendiéndome la mano a lo cual termino devolviéndole el gesto.

-Mucho gusto, soy Ginebra.

¿La hija de Richard? ¡Por supuesto! Ha hablado de ti desde que llegó a trabajar aquí. Que tonta, como no pude darme cuenta del parecido- menciona golpeándose la frente con la palma de su mano.

Dejavú PAUSADAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora