Capítulo Diez

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Costumbres locales.

Daian aparece en mi campo de visión mandando mi plan de evitarlo a la mierda. Camina a paso lento y despreocupado. La chaqueta de mezclilla que lleva puesta combina a la perfección con aquel pantalón gris de gabardina. Aún no ha notado mi presencia. Se encuentra perdido en algún mensaje que lo tiene concentrado en el móvil, pero solo es cuestión de tiempo que levante la vista.

— Piensa rápido Ginebra, él se está acercando— observo su silueta más cerca de lo deseado y francamente no se qué hacer.

¿Debería saludarlo? Ciertamente no sé en qué punto está nuestra relación ¿Siquiera tenemos una? Apenas llevábamos dos encuentros y la primera ni siquiera ha terminado bien. Creo que considerarlo amigo aún no está dentro de mis posibilidades, pero luego recuerdo lo que sucedió en el callejón aquel sábado y no puedo negar que había una cierta confidencialidad con él que ya había experimentado antes.

Mi tiempo de pensar terminó. Daian me observa detenidamente y contengo la respiración, estoy a punto de levantar la mano para saludarlo pero él pasa de mí, me esquiva como si fuese un artefacto mal colocado en medio del pasillo y continúa su camino como si nada. No podía dar crédito a lo que estaba viendo. Podrían sentir mi decepción a cuadras de distancia. Podrían sentirla hasta Escocia.

Ginebra ¿Estás bien?

No me había dado cuenta que me convertí en una estatua hasta que la voz de la pelirroja me despertó. ¿Cuánto tiempo había estado paralizada que ni siquiera la vi llegar?

Asiento en señal de afirmación hacia Lori. No puedo contarle el sueño que tuve. Creerá que estoy loca, y ahora ya no sé si está bien contarle sobre lo que paso después de nuestro paseo.

Te estuve buscando toda la mañana. Tu padre me dijo que estarías con el señor Wells. ¿Y bien? ¿Ya somos compañeras de trabajo?

Decido comentarle acerca del contrato y de cómo terminé aceptando ayudar en la organización del festival del viernes y dejo lo demás para después. Por supuesto, eso fue suficiente para que mi amiga saltara de la emoción y decida que organizaremos todo juntas.

Caminamos hacia la cafetería mientras Lori no para de repetirme cientos de ideas a una velocidad impresionante y la verdad me resulta todo muy simpático. Es increíble cómo me ha transmitido su energía.

El festival de la princesa es el más esperado en Anglesey después de la gran fiesta de Samagin en Halloween, todo debe salir perfecto- me dice. Y supongo que por la cara de perdida que he puesto, empieza a explicarme a qué se refiere.

>> El Festival de la Princesa lo hacemos en conmemoración a una deidad druida que anteriormente vivía en esta isla. Cuenta la leyenda que su poder protegía a todo el pueblo de los males que amenazaban en la época, pero un día los romanos saquearon la región y se llevaron todo a su paso. Fue una masacre, algo bastante similar a la noche de los cristales rotos.

Algo se ilumina en mi memoria. Ya había escuchado esa historia antes.

Los romanos se apoderaron de toda Gales y extinguieron a la población Celta para siempre.

Así es. La cultura Romana no aceptaba la magia. Lo consideraba fuera de lugar. El cristianismo estaba empezando a crecer a pasos agigantados en toda Europa, cualquier creencia alejada a ella debía ser eliminada. ¿Conoces la historia?

Un aire de melancolía se apodera de mí y estoy segura que me hubiese echado a llorar si hubiese estado sola. Los recuerdos aparecen en mi cabeza como marquesina. La chimenea, las tazas de chocolate caliente, aquel sofá tan cómodo y su aroma. Noches en vela escuchando una historia tras otra con él. Minutos de mi vida irremplazables.

Dejavú PAUSADAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora