En este cap es la primera canción, ahh que emoción, no le pongan play a la música hasta que les diga.
━━━━━━━━━━━━ CAPÍTULO SEIS ¡I DON'T SING! ━━━━━━━━━━━━
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SE MIRABAN ENTRE los tres nerviosos hasta que por fin Chad sacó su hoja dejando a Nicholas con la que sobraba, ahora era el momento de la verdad. Cada uno de ellos abrió los puños dejando ver el tamaño de la hoja que cada uno escogió. Después de ver el resultado solo dos festejaron.
Mariela suspiro aliviada y Nicholas celebró lanzando puños al aire. Chad en cambio se lamentaba y gruñía maldiciones en voz baja.
Luego de que Nicholas y Chad se cambiarán a su respectivo uniforme de entrenamiento el trío de colores había llegado a la decisión de que solo uno de ellos fuera, pero gracias al hecho de que ninguno se ofrecía voluntariamente optaron por tomar la hoja de un árbol para partirla en diferentes trozos y sin ver sacarlos y el que tuviera el trozo más chico perdía, que es el caso del rubio encantador.
— Yo... de verdad no quiero ir.
— Tu perdiste, tu vas.
El de ojos azules miro indeciso sus piernas y luego a sus amigos, se mordió el labio para luego a paso apresurado dirigirse hacia el centro del campo, directo a Tarrant.
Al parecer el entrenador tuvo un retraso ya que no aparecía por ningún lado pero eso les daba tiempo de convencer al morocho.
Cada que se acercaba más iba bajando la velocidad poco a poco hasta que sin darse cuenta ya está detrás de él.
— E-Eh Tarrant — lo llamó pero el otro no le hizo ningún caso y siguió practicando sus tiros — ¡Oye! —lo empujó un poco con su mano acto que hizo que el castaño lo mirara sin importancia, apenas lo sintió como un rozón.
— ¿Qué quieres Chad?
— Bueno... nosotros, más bien — señaló a sus dos amigos que estaban varios metros detrás de ellos echando porras silenciosas al hijo de encantador— queríamos saber si... tú podrías...
— Al grano rubio — dijo impaciente el más alto.
— Querías formar parte del coro —habló rápidamente que casi ni se le entendió. Pero para su suerte -o tal vez no- Tarrant le entendió perfectamente.
El hijo de Tarzan se le quedó mirando mudo y con el ceño fruncido, creyendo que era una broma sin gracia. Pero al ver que Chad no se movía ni emitía si quiera una risita vio que iba en serio. Entonces río.